El día en que la vida cambió de color

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Supongamos que en pleno funeral, se abre la tapa del ataúd y el ex difunto dice algo parecido a “es que tengo un sueño muy pesado”. Supongamos que los asistentes estaban sinceramente afligidos antes de contar con una posible metamorfosis. Supongamos que el ex difunto está rodeado por las personas que más quiere (salvo causas mayores, que ya sabemos que nunca pueden estar todos), que son las mismas que van a despedirlo. Es fácil imaginar un ataque de alegría inesperado, y que asistentes y prota se sienten entonces tan felices que deciden hacer una fiesta improvisada. Sobre el ataúd ponen un mantel, y llaman a tele-jamón y a tele-vino-rosado, y el antiguo muerto nunca ha estado más contento de estar vivo. Un músico apañado improvisa el ritmo sobre la misma madera, que lo agradece infinitamente, porque siempre tuvo vocación de cajón flamenco, pero la convencieron para que se dedicara a los muertos, porque se les aporreaba menos y quedaba más fino. Supongamos que se le quita a tiempo el micro al cura, que insistía en que estuviera mucho más muerto, y en lugar de oírse sermones suena Brazil, delicioso, a dos voces. El ex muerto insiste: nunca se había sentido más contento de estar vivo.

O bien supongamos una boda multitudinaria. Una boda a la que no asisten compromisos paternos ni similares. Una boda también algo especial puesto que falta uno de los contrayentes. No es que se haya rajado a última hora ni que le haya entrado el pánico escénico, sino que no lo hay. Supongamos que el/la unicontrayente es de la opinión que pueden saltarse ese pica-pica interminable que deja a todo el mundo sin ni pizca de hambre, y que en lugar de dos platos de lujo, lo fundamental es que todo el mundo está allí porque es importante para él/ella, y que bien se pueden apañar con delicias más caseras, que aporta cada uno en la medida que puede. Supongamos que el/la unicontrayente ha dado órdenes estrictas para que nadie use corbata ni chal, y están prohibidos los tacones incómodos. Supongamos que el/la unicontrayente es de la opinión que por el hecho de no casarse convencionalmente, que lo del matrimonio cojo de personal aún no se ha incluido en ninguna ley, no merece perderse un día así de bonito, y que es genial porque no hay etiquetas en las sillas, y la gente va y viene y charla y el/la unicontrayente piensa que nunca se ha sentido tan contento/a de estar vivo/a.

Supongamos un alumbramiento en que el recién nacido lleva una etiqueta atada al cordón umbilical. Aunque el bebé tiene una conciencia de lo más clara y tiene una idea bastante acertada del guión de su futuro, resulta que tiene algún problemilla para hacerse entender, y cada vez que intenta mantener una conversación trascendente sobre el más allá resulta que le miran el pañal. Supongamos que la etiqueta en cuestión es una lista de algunas de las personas que más va a querer en su vida, y en lugar de un bautizo al uso, los padres convocan a todos los nombres de la lista, y se arma una buena fiesta porque todos se alegran muchísimo del reencuentro, y como hay varios bebés y niños pequeños, se entienden fantásticamente bien, y cuando hacen planes sobre el futuro se ignoran cortésmente los pañales mutuos, incluso aunque haya dejado de olerse a nenuco un rato antes. Es así cómo celebran con gran jolgorio la llegada de un cómplice de camino vital, y el recién llegado, aunque cabe dentro de lo posible que no tenga gran experiencia al respecto, piensa que nunca se ha sentido tan contento de estar vivo.

Finalmente, supongamos que hay personas especiales, de ésas que tienen una varita mágica que enarbolan alegremente para obrar milagros, uno detrás de otro, todos buenos. Imaginemos que deciden regalarle a una amiga un día de ésos en que una puede sentirse rodeada de gente que quiere, sin necesidad de resucitar, nacer con una lista atada al cuello o casarse con el aire. Y una sabe sobradamente que nunca ha estado tan contenta de estar viva. Supongamos que, además, le hacen a una un blog en que montones de personas a las que adora le dedican cosas hermosas: poemas, canciones, palabras sentidas. Recuperan grandísimas figuras del pasado de una para que la acompañen también ese día. Lo complementan, además, con pinturas que a una le gustan, citas perfectas, música especial… Esos magos organizan, además, y por si todo ello fuera poco, un regalo que trae escrito una promesa de viaje.

Una lleva 48 horas enteras sin palabras. Intenta una y otra vez explicar que nunca nadie soñó algo tan grande ni tan bonito. Pero a una se le quiebran los términos antes de que nazcan, va perdiendo sintagmas, fonemas, verbos y todas las tildes, una tropieza repetidamente con las sinapsis que debieran alimentar la mente que procesa las emociones y no acierta a decir nada tan grande, tan hermoso. Durante dos días sólo acierta a decir dos cosas: “no tengo palabras…” (que se entiende muy bien) y “que alguien me dé un clínex” (que se entiende al menos igual de bien).

A mis chicas Mireia, a mi Ramon, a ese Rúper… con los que he compartido tanto y tan intenso, por llevar esa varita mágica y dedicarle un milagro gigante, descomunal, desproporcionado a una, directamente venido desde el cielo, y a los que adoro mucho más allá de lo que se pudiera llegar a expresar. A Èlia, de tamaño minúsculo y corazón gigante. Pero también a todos los que estuvieron y que hicieron posible que mirara hacia donde mirara hubiera un ser amado. A pesar de tener que “arrastrar” consigo bebés (mi familia dos, con esa bebita a la que me pienso comer un día de éstos), o de tener que buscar con quién dejar a sus niños, de tener que recorrer la tira de kilómetros, de superar cansancios, malestares… Y también a los que no pudieron estar (para algunos y de importancia capital, qué grande es el Atlántico!) pero que conjuraron el espacio y el tiempo para estar presentes de una manera u otra, para que los sintiera tan cerca, para componer una pieza imprescindible del milagro. A todos y cada uno, no hay ningún gracias lo bastante grande para darles. Y no se me ocurre nada con qué decirles hasta qué punto significó, hasta qué punto su confabulación para construir un día de ensueño, en que cada mínimo detalle estaba pensado con un amor milimétrico para que brillara y calmara todos los dolores que el alma pueda llegar a sentir, hasta qué punto la felicidad no me cabe dentro, y pervivirá, desbordándose a cada tanto, para decirme lo que ya sé: que tengo los mejores amigos del mundo, y que éste ha sido el mejor regalo de la historia de los regalos, y el mejor milagro de la historia de los milagros.
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13 comentarios:

imaginari dijo...

Has dit tot el que creus no poder expressar d'un dia tant especial, t'han sortit les paraules de l'ànima i això ens fa feliç, també , als que vam participar a la gran festa.
un petó molt gran.

Anónimo dijo...

Ashhh
Que bonic.
Gràcies guapa per existir
Mireia

Anónimo dijo...

Mensaje especial: Nunca jamás nadie me había dado tanta faena. Antepasados familiarizados con empecinadas nadadoras me hablaron de jornadas intensivas, pero he sabido que esto era mucho peor. Mi abuela asistió a una fiesta de la espuma, mi hermano a una guerra de globos de agua, varios amigos a campeonatos de natación, pero nadie, jamás, había pasado esto… No quiero acusarte de abuso de menores (te recuerdo que tengo apenas añito y medio) ni de esclavización (nadie nunca me contó de una jornada en que tuviera que trabajar tantísimo), pero que sepas que esto es desmesurado, y a la próxima acudo a los sindicatos sin ningún remordimiento.

Firmado: tu rímel, el waterproof.

Susana dijo...

He hecho y deshecho varias veces comentarios de agradecimientos personalizados. Listas con nombres, con gestos, con mensajes, literales, que acababan en forma de flecha directa al alma. Es tremendo: realmente es inabarcable, inagotable, incontenible. No sé cuántos cientos de comentarios podrían hacer falta para hablarles…

Desde mi adorado barrio, desde los pasados aquellos que permanecen dentro de una, desde la otra punta del país o del mundo, desde tan cerca que están siempre en mí… vienen de todas partes, pero sólo pueden aterrizar en un sitio, en el “PARA SIEMPRE”.

Construyen, además de un mundo mucho mejor, un pedazo de cometa, que va y viene de mi corazón a la red y viceversa, y que me convierte en un trocito de la Maga. Y ahí es cuando consigo transmutarme para decirles aquello de “y uno está tan triste, Horacio, porque todo es tan hermoso…”.

Susana dijo...

No sé en qué momento me volví tan cursi, desde cuándo este tono almibarado, que acostumbra a cargarme tanto, se me instaló dentro, pero cuando a una le hacen pensar en términos todos de verdadera hermosura, no atina… de veras. Quisiera ser el gran Neruda para empezar un poema que dijera “Puedo escribir los versos más radiantes esta noche…”.

Ramon dijo...

Susana, prohibido emocionarse más... bueno, ¿qué digo? ¿Cómo que prohibido?, menuda palabra horrible traigo a colación aquí. Mejor borrar prohibido y sustituirla por gracias también para ti, por existir, como dice Mireia.
Por cierto, me ha encantado ese relato de supuestos basados en la antítesis. Para concluir en ese comentario, otra antítesis, el de la tristeza hermosa. Cómo te entiendo. Cómo me gustan también las antítesis. Como decir, por ejemplo, que felicidades por tener una peque tan grande, tan grande... (cómo sabe guardar los secretos, qué bien que escribe...). Contentos todos, pues, por tenernos.

Susana dijo...

Imaginari, què puc dir... gràcies per fer encara millor aquella magnífica trobada. Et ben juro que les paraules es queden totes coixes...

Susana dijo...

Mireia, bonica, torna'm a donar tu les gràcies per alguna cosa i et mato ;o) Diu que gràcies per existir, però és amb amics com vosaltres que un s'adona que realment val la pena l'existència... (diosss, qué cursi sigo!!)

Susana dijo...

Ramon, gracias a vosotros, de verdad, por existir, por hacer más amable la existencia, por urdir esa trama maravillosa, tan de ensueño... y, ejem, por disculpar este torrente de emociones que no quiere cerrar su grifo, y que me llena de cursiladas. Quién me ha visto y quién me ve! Mi transmutación en la Maga en que me habéis convertido me estropea los maquillajes y la cabeza. Pero aaay, amigo, el corazón... el corazón está confortable, calentito, arropado y sonriente como para años... (gracias).

María dijo...

Querida, no sé que ha pasado exactamente, pero esto es una fiesta y yo me apunto. Por una parte me ha encantado ese texto enternecedor que no sabría interpretar como hace nuestro intérprete personal, pero que me ha gustado horrores (me apunto a lo de casarme conmigo misma, cara, ¿tú crees que los socialistas podrían repuntar un poco si se ponen modernos y lo aprueban?). En cualquier caso, esta entrada y estos comentarios me remiten a una cosa. Por una lado me alegro, pero por otro tengo la sensación de haberme perdido la peli. Pero como soy muy lagarta y sé disimular muy bien, y soy de las que a veces finge que se ha leido libros que tiene por casa, pues hago el papel, carísima, y es como si supiese de lo que hablo. Porque me alegro que estés contenta, querida, y eso sí que no es un fingimiento, que me aportas lectura reconciliante antes de dormir un rato. Me apunto a la celebración, si es que hay otra.

Stalker dijo...

Me gusta ese anonadarse perdiendo sintagmas, sinapsis... Quedarse así, desnuda, en el puro tallo del alma, y vibrar, entonces, al unísono del otro (los otros)

abrazos

Susana dijo...

María, querida, yo encantada de aportarte una lectura reconciliante (fíjate, y yo sin saberlo, con lo que me acostumbra a gustar dar caña por allí y por allá!), pero que sepas que tú, cuando apareces, me aportas una lectura desternillante, jajajaja. Me encanta imaginarte como una lagarta "de las que a veces finge que se ha leido libros que tiene por casa, pues hago el papel, carísima, y es como si supiese de lo que hablo": genial.

Ya sabes que en el Cajón no hacen falta esas cosas, que otra cosa no, pero al pan pan y al vino vino, y cuando se tiene que admitir que no se tiene ni pajolera idea de algo, pues va y se admite. Pero yo te lo cuento, que de hecho estoy deseando encontrar una nueva víctima (tengo agotada a mi mami). El sábado había quedado con unos poquitos amigos íntimos por aquello que preguntabas sobre el "Cumplir" (hazte a la idea de que "poquitos" está escrito en rojo, así en mi línea), y resulta que entre los que vinieron y los que no pudieron pero estuvieron en un flamante blog, maquinado magistralmente para la ocasión, superaban el medio centenar. Había comida y bebida para todos, hubo música de amigos, blog, un regalo gigante (con cara de vacaciones a tu estilo, de "señora" y que no falte de ná), una sorpresa detrás de otra y yo que no daba más de mi fontaneria lagrimal... Uno de los cuatro mágicos hacedores, ese amigo maravilloso, quizás te suene levemente. Su nombre empieza como un radiante dios egipcio, y acaba por un posesivo de primera persona (en catalán y creo que también en francés), que no pienso ceder así como así. Ra mon, Mon Ra, Mi Ra, mi Ramon...

Lo de casarse con una misma es un campo lleno de posibilidades, María. No creo que el PSOE esté por la labor de contemplar ninguna ventaja, y menos aún una pensión de viudedad en aquellos casos, como el que me ha pasado a mí recientemente, en que a una se le muere su parte triste. Quizás un poquito más allá, con IU, pudiéramos desgravar como familia monoparental (o habrá una situación más adecuada al término?), pero no nos auguro ninguna otra mejora.

Pero ¿qué me dices de lo de morirse de mentirijillas? Un funeral con una misma como reina de la fiesta... Con todo el mundo feliz, a tu alrededor... Pues algo así es lo que he tenido yo. Encima, iba mucho más mona que con la cara que acostumbran a poner los muertos, que eso siempre anima bastante también. Bueno, cuando el rímel empezó a hacer de las suyas ya no sé si parecía una muerta o un código de barras, pero espero que alguna foto haya quedado decente.

Bueno bueno buenooo, como estoy de rollera. Que gracias por pasarte, María, y gracias por alegrarte por mi alegría. A la próxima estás invitada!

Susana dijo...

Stalker, describes a la perfección cómo andaba yo por dentro: sin ni un sintagma, desnuda frente a lo que no podía llegar a creerme... Y me hubiera gustado vibrar como describes, ser como una cuerda de guitarra que encuentra el armónico adecuado en los otros, pero lo cierto es que toda yo era un temblor, de puro no atinar y del frío que hace allá arriba, en las nubes...

Me alegro de que la pérdida de tantas cosas te haya gustado, porque no sé qué diablos voy a hacer con el Cajón, si estos chicos, estos grandísimos amigos todos, se me zamparon todos los pre-Textos y sólo pienso en clave monocorde...

Creo que acudiré a Marienbad a recoger miguitas de pan ;o))

Un abrazo (quedas formalmente convocado tú también a la próxima, aunque seas menos chafardero y muuucho menos lagartón que María!)