Julio Cortázar: "Toco tu boca", de Rayuela

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Yo, ya se sabe, ahora no estoy para cosas tristes, apenas leo noticias, llego al mundo y sólo tomo de él lo que pueda preservarme algo más mi nube, la de colores. Es por eso que estos últimos días únicamente opto por cosas hermosas y las subo para contagiar, sobre todo para contagiarme a mí misma, para que nada consiga contaminarme, la suavidad que elijo, como él, de entre todas las otras para que me acompañen, para que no interrumpan este tono amable con que se ve la vida desde aquí...

Y de entre las cosas que "me matan suavemente", como en la canción, está el capítulo número siete. Os traigo al dios Cortázar recitando su número siete de Rayuela. Os traigo el texto, para que lo saboreemos mejor, con todos los sentidos a ser posible.









“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura.
Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.
Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”





6 comentarios:

Ramon dijo...

Es tan bonito, no hay palabras. Mira, una de las múltiples percepciones de mi última lectura de la novela es que se trata, en algunos momentos, de una recopilación de cuentos, de textos independientes, autónomos, que acaban por unirse y aportarse nuevo sentido mutuo. El capítulo 7 sería uno de esos cuentos, un poema incluso. Claro, de una Rayuela se trata. ¿Sabes cómo pretendía titular la novela en un principio? Mandala (lo recoge en el capítulo 82) o Mándala.
Dicen que Rayuela te gusta sobre todo a los 20 años. Bueno, no es verdad. Si te gusta a los 20 te sigue gustando luego, porque descubres una cosa: que no es un texto adolescente carente de sentido, sino que su sentido es tan total que a los 20 años lo captas plenamente, y luego, si la vida no te vuelve en exceso descreido, sigues captándolo también.
Brindemos por ello, para que la vida no nos insensibilice y podamos continuar emocionándonos con los capítulos siete que merecen la pena.

Susana dijo...

Yo no sé qué parte de mí tiene entonces veinte años, Ramon. Hay críticos que porque cuando dicen, dicen con pompa, se creen dioses que crean verdades. Veinte son los años que se tiene cuando probablemente se aprecia su texto completo, y al menos veinte cada vez que se consigue disfrutar con su capítulo siete (hay tantos otros...). Si pierden neuronas por el camino, si hay de esos 'cuentos' que no les emocionan ya, que no culpen a Cortázar de su niñez vieja... No es 'Rayuela' como uno de esos experimentos con las formas, con el lenguaje, con el proceso del escribidor. No llegas al texto unos años después y lo das todo por sabido. No es sólo eso.

Quizás releer los capítulos siete sea la mejor garantía para no perderse en insensibilidades o frases fatuas.

Gracias por compartir tu emoción, Ramon. Me ha encantado tu visión de suma de "cuentos" que hacen otra cosa al unirse... Un abrazo

Stalker dijo...

Brindo también por los capítulos siete, los de la novela y los de la vida, claro...

No había oído leer al propio autor, cosa que me gusta mucho; palpar la respiración que ha fraguado el texto es el más inequívoco signos de sinceridad y entrega. Nada puede engaña en una voz al que sabe oír.

Abrazos

Kanela dijo...

No he leido Rayuela pero este capitulo que has puesto me ha encantado. Parece un poema de amor. Es un estilo muy diferente del de los cuentos, verdad? Me parece una tonteria enorme decir que algo como lo que acabo de leer gusta más a los 20 años. O a los 70 da igual. Como si para los textos de amor hubiera edad o para el propio amor.
Buena entrada

Susana dijo...

Ay las voces... No es mi forma de pensar, Stalker, ya lo sabes. Creo que tienes razón en que no engañan, pero hay tantos autores que recitan como si leyeran una guía telefónica... Y en cambio hay grandes declamadores, que tienen que ser, naturalmente, amantes de la poesía. El caso de Julio Cortázar no es el de un autómata, por supuesto. Tiene, además, una voz profunda, muy adecuada para la lectura.
De todas formas, y para ser sincera, los textos suelo preferir leerlos yo, a mi ritmo. Hay poemas que cobran una fuerza extraordinaria cuando se leen muy lentamente... Pero un buen siete bien vale un cambio de costumbres, no? ;o)

Gracias por tu aportación, Stalker. Por supuesto, salud por nuestros mejores sietes!

Susana dijo...

Kanela, estoy de acuerdo contigo en que el amor, o los textos de amor, los grandes, no tienen edades. Pienso que dicen eso de los 20 años porque es una novela muy redonda, que se va completando a medida que los "cuentos", como dice Ramon, se integran en el todo; una novela que abarca la existencia, la emoción, el conocimiento... no es una historia de amor, o una de desencanto, o una de soledad...
En mi opinión, no tiene nada que ver con la mayor parte de los libros de cuentos de Cortázar, salvo en el dominio del lenguaje.

Un abrazo