Rarezas VII: Persiguiendo una voz

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Una voz sorprendente, extrañamente acompañada, me dejó paralizada hace unos mil años, mientras estaba oyendo una radio pirata increíblemente buena (que, por supuesto, el ayuntamiento de Barcelona tuvo la gentileza de pulverizar, con la noble intención de que no nos dispersáramos más de la cuenta). Busqué una cinta de cassette y dejé que se grabara el disco entero. Sólo que no me enteré de quién era la cantante.

Estaba tan entusiasmada con aquella voz, que convoqué varios brainstormings entre mis amigos, a ver si alguno sacaba alguna pista. No había manera: nos despistaba muchísimo. Había a quien le sonaba como música japonesa, alguno sugería algún lugar de África que no sabía situar, había quien creía que podía tener su origen en los Urales, quien sugería que debía provenir de un lugar muy exótico, un lugar recóndito de Malasia, una remota isla de Indonesia, porque aquello “no era normal”.

Así pasaron los años hasta que un día, ¡eureka! Me regalaron un cd que era un compendio, y ahí estaba. Reconocí su voz, tan peculiar. Y se hizo la luz...



Se llamaba Aster Aweke, y provenía de Etiopía. No supe hasta mucho tiempo después que la música etíope tiene poco que ver con el resto de la música de África negra. Que tienen otras influencias y es usual que se acompañen por otros instrumentos.

De entre todas sus canciones, a mí me parece desgarradora ésta que conseguí finalmente subir. Espero que la hayáis disfrutado. Por un error técnico, se grabó sin nombre. El tema se llama Y’shebellu, y cuanto sé de él es que lleva el nombre de un río, y que es tremendamente fácil dejarse arrastrar por su impetuosa corriente. Ya me contaréis...
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12 comentarios:

María dijo...

Querida, me encantan tus rarezas. Sólo sigo los blogs que me enseñan cosas nuevas, querida, como tu cajón encantador (La lección de la pandemia no la entendí del todo, querida, no sé cómo una periodista puede todavía ser tan crédula, pero yo soy de las que se acojonan). Gracias por tus consejos etíopes, tan extraordinarios y delicados. Vengo a tu tierra catalana, cara, a pasar el fin de mes. Como me encanta el mogollón pienso volverme loquísima que lo necesito. Te cuento.

Susana dijo...

María, me alegro de que te haya gustado Aster Aweke. Sí, parece que vamos teniendo coincidencias musicales... Cualquier día de éstos me enseñas tú alguna rareza, eh?!

La "lección" sobre la pandemia, aunque en tono lúdico, no quiere decir que, llegado el momento, no me acojone, como cualquier periodista crédula, faltaría más! jiji. Sólo que siempre hay gente oscura detrás que sale ganando, y mucho, con nuestros miedos. Gente que, por otra parte, no va a dudar en dejar morir cuando esa gripe se traslade a África, por ejemplo, donde otra pandemia, el sida, ya ha debilitado los organismos de un gran porcentaje de la población. Pero nuestros gobiernos comprarán sus vacunas, sus antivíricos y los harán considerablemente más ricos; ¿a quién le importa el resto?

¿Vienes por nuestras tierras? Ármate con tapones para los oídos, que san juan es movido por aquí. Estoy preparando una entrada sobre el tema, porque a mí ya me tiene frita...jeje. Será que no estoy en fase "mogollón", como tú, pero de todo tiene que haber... ¡Espero que lo pases muy bien. No dejes de contarnos!

Un abrazo

Ramon dijo...

Susana, a mi también me encantan tus rarezas, ya sabes... Ya estoy tan acostumbrado a ellas que ya las veo normales y todo, fíjate. La chica, la cantante, desde luego tiene una voz tan personal. Es fantástica esa búsqueda de algo que te impacta. A mi me ha ocurrido también en ocasiones, aunque la mayoría de veces sin éxito. En Praga me fascinó un tema oido accidentalmente por la calle. Entré en la tienda y pude apuntar el nombre del autor (enorme mérito, imagina la escena). Lo busqué estando ya en BCN, pero no pude encontrarlo (todavía recuerdo como en el Castelló clásico me iban sacando anaqueles y tomos, y en ninguno aparecía...) En Amsterdam, en un bar de porros, una voz femenina me subyugó. Nos medio entendimos con la camarera, qué llevaba un buen ciego... La cantante se llamaba Cecile, o Cecil, o Sasil, o Sasile... en fin, que fue la fonética lo que falló, porque no me lo dio por escrito. Da igual, lo que asemeja los casos es esa música escuchada casi accidentalmente que de repente te fascina y entra a formar parte de ti. Un encuentro y una fascinación. Siempre son mejores cuando se comparten, claro... Para eso los blogs. Por cierto, la radio pirata, ¿no sería Radio Pica?

Susana dijo...

Ramon, no sabés cómo te entiendo. Odio que me pasen esas cosas... Sabes (para tu desgracia, de primera mano), que le voy cantando a todo medio entendido en ópera aquella pieza grabada, bastante antes que Aster en radio-pica (genial, ¿verdad?), y que tiene alguna similitud con Xerxès sin serlo. Canciones, voces... es desesperante no hallar la pista.

Pero en esta ocasión, ya ves, triunfé, casi por error. Es la primera vez que lo consigo, todo hay que decirlo, jiji.

Me alegro de que te gusten las rarezas que van saliendo por aquí, aunque lo veas ya tan "normal" (cómo eres, corazón!).

Un abrazo enorme

MARIEL MANRIQUE dijo...

Subí el volumen al máximo y cerré los ojos. El agua se arremolinaba, fluía, corría sin cesar, saltaba sobre las piedras ... cuando los abrí mis perros, que estaban durmiendo antes de que yo subiera el volumen, estaban sentaditos frente a mí, mirándome fijamente, petrificados. Se preguntaban, seguramente, como yo: ¿cómo pueden existir voces así? Y ese nombre ... Aster Aweke. Dan ganas de repetirlo todo el día.

Susana, me quedé pensando en una línea tuya en mi blog, que ciertamente no me merezco en absoluto, pero no me pude quitar de la mente desde que la leí, porque es casi en sí misma un poema: "Tu verbo delicado me ha condenado a seguirte", tirás un poquito más de la soga, un par de líneas más y parís un diamante ...

Aster Aweke, Aster Aweke, Aster Aweke ad infinitum ...

Kanela dijo...

Ya veo que no soy la unica encantada con tus rarezas. Creo que mis preferidas por el momento son esta, la del hang que me encanto, y otra mas antigua, creo que de una mejicana que le tenia un aire a Chavela. Esta tiene una voz increible, pero la cancion y como la canta... Un nuevo descubrimiento. Eres una maquina.

Susana dijo...

Mariel, leo encantada cómo has llegado a Aster Aweke. Y también cómo has salido de ella, con qué entusiasmo... Quizás tus perros entendieran sus palabras sobre el río, quizás notaron que te dejabas arrastrar. Espero no haber contribuido a inquietarlos, porque si no mi perro se enfadaría mucho conmigo ;o).

Mariel, cielo, lo que escrií en aquel comentario, justo antes de que me dieras permiso para incluir tu pájaro entre mis blogs recomendados, es profundamente merecido y, sobra decirlo, profundamente sentido. Cuanto te he leído está muy vivo, es de una audaz inteligencia, y tu verbo, por supuesto, profundamente delicado. ¿Por qué te crees si no que, aunque me encanta, se me suben los colores de que te pasees por el Cajón? Es un honor y una delicia que traigas parte de tu encanto a este rinconcito.

Un abrazo

Susana dijo...

Kanela, muchas gracias por tus elogios. Soy una gran amante de la música, sí. El mérito, naturalmente, no es mío, es de que exista gente como Aster o como Lhasa de Sela, a la que creo que te referías.

Pero gracias por tu comentario. Lo que te aseguro que es genial es que presentes algo que te gusta y que sabes a priori que es poco conocido, y todos vosotros lo agradezcáis de esta forma tan hermosa.

Un abrazo

MARIEL MANRIQUE dijo...

Susana: Hace casi dos horas que estoy paseando por tu casa y me estoy riendo y me estoy emocionando y me estoy enfureciendo junto a vos. Una mujer que escribe con sensibilidad, con rabia, con humor ... ¡al fin! Bendita seas. Yo también amo a Lhasa y soy la única en miles y miles de kilómetros a la redonda que la conoce y también detesto a Pilar Rahola, que viene a darnos clases de formación cívica y tolerancia. La prendería fuego. También me encantan Vila Matas (todo, todito) y los pañuelos en la cabeza y las frases cortas de una o dos líneas con humor que te dejan pensando ... son las siete de la mañana en Buenos Aires y todavía no me fui dormir (sí, ¡también soy insomne! - y tu cajón ya es cómplice del insomnio) y a estas horas quería agradecerte el remolino de sensaciones intensas que has provocado en mí. Besos de amanecer desde el sur.

Susana dijo...

Mariel, ¿acaso has salido del lado del espejo que mira al sur? Qué bonito cuanto dices, cuántas cosas parece que tenemos en común.

Tu paseo insomne es el reposo de mi camino, querida Mariel.

Hace unas horas caí en la cuenta de que cuando hablo contigo uso repetidamente la palabra "profundamente". En otra ocasión quizás me hubiera avergonzado el uso de tan pocos recursos lingüísticos, pero refiriéndose a ti, lo cierto es que me ha despertado una sonrisa: sin pretenderlo, mi reiteración te define.

Trae tus alas profundas, delicadísimas, siempre que quieras al Cajón...

Stalker dijo...

Pues a mí no me parecen rarezas en absoluto. Tan sólo belleza, belleza pura. Desconocida, tal vez, pero eso no significa que sea rara o extraña, palabras en las que se insiste en estos regalos.

Esta maravillosa canción no es una rareza; los raros somos nosotros que no la conocíamos hasta ahora.

¿Hay más? Ya el hambre se despertó y me quiero ir a África...

Susana dijo...

Hay muuuucho más, Stalker. Aster Aweke lleva muchos años editando discos, aunque de cuanto he oído, ésta es mi preferida.

Vamos a buscar un equilibrio: las raras son las discográficas y las distribuidoras, que parten de que alguien como ella es invendible en nuestro/s país/es, y encontrarla fue la inmensa suerte de un azar. Algo como encontrar una aguja en un ... azar también? ;o)

Ella pienso que sí es extraña, nos es extraña a nuestra cultura, a lo que nos venden por estos lares. Pero como nos es extraño todo lo nuevo... como nos sorprende y nos eleva. Ese tipo de extrañeza; el que amplía horizontes, el que renueva.