Domingo 'tranquilo'

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Domingo. Cuando abro los ojos, a horas intempestivas, ya intuyo que mi fantasía de pasar un domingo relajado, sin más tareas que las de hacer un vermut o similares, se iba a ir al traste. Tenía pensado contestar algunos mails, responder algunas llamadas, y poco más. Vida tranquila de domingo tranquilo.

Después de hacer unas mínimas labores de intendencia, abro la web de mi diario favorito, y me dispongo a tomar un segundo café, en situación de paz. El ruido atronador me distrae: a la reina se le había caído el bote nuevo de mayonesa en unos ciento cincuenta mil pedacitos. Quería gritar. Pero en lugar de eso, of course, me puse por la labor de ir recogiendo delicadamente cristalitos y una pasta que, una vez mezclada con el polvo de los rincones más insólitos del suelo de la cocina, era de un descorazonador gris perla. Todo eso a buena velocidad, porque para eso hay un rey de la casa, el perro, que merodea siempre cerca de cuanto se cae en esta casa, particularmente cuando es en la cocina o en la mesa del comedor. Con la lengua fuera y mirando con deseo la mezcla infecta, la reina no podría retenerlo por mucho tiempo. Una vez he dado por finalizada esa tarea (lo que no quiere decir que lo estuviera, porque a esas alturas del domingo no tenía ni la más mínima intención de escudriñar por aquellos rincones que la mayonesa había descubierto), me vuelvo a sentar. El café frío. Las noticias tibias. No importa, ooommmmm. Pero en lugar de eso: Piiip piiip. Cielos, visita de mamá. No me da tiempo (ni muchas ganas) de reaccionar, porque el estado de la casa y de mi camisón la iban a alarmar, no la conoceré yo… Finalmente, todo ha quedado en una suave mirada al cielo con suspiro incluido, y un repaso a la indumentaria: “Nena, ¿qué haces aún sin vestir?”. Me he contenido. Estoy hecha una campeona. Al final aprenderé.

Hora de la comida: la reina no quiere la mitad de las cosas previstas. Ommmm. “Es que sin mayonesa no me gusta”. Re-ooommmm. Hora de mi siesta. Todo el que me conoce sabe que me es imprescindible, y más después de un día que va pintando al revés de cómo lo había previsto. Como ya he comentado alguna vez, necesito un buen rato de tele para irme relajando hasta conciliar el sueño. Pero la reina tiene sus propias opiniones sobre la peli que nos ha tocado hoy: “Qué tonto es este tío. Aaaay, perdonaaaa”. Sobresalto y vuelta a empezar. Algo que la reina llama música suena estridentemente: un mensaje para ella. “Puedo quedar un rato, ¿verdad?”. Ommmgggrrrrr. He decidido sabiamente dejar la siesta para cuando se hubieran ido reina y perro. Es entonces cuando le echo una ojeada al mail: mi amiga M, que si estaba enfadada con ella, que no le había contestado al mensaje. Uf, caigo en la cuenta que hace horas que no miro el móvil: dos llamadas perdidas de dos buenos amigos. Otro mail que querría contestar. Le digo a M que no, enfadada con ella no, más bien con la vida, pero que todo bien porque Ommmmm. Por fin, sí, por fin duermo.

Despierto sobresaltada cuando el perro vuelve de su salida, y considera una prioridad saltarme encima para saludarme. Se empeña en jugar conmigo, para lo cual me ladra repetidamente moviendo la cola, me insinúa que me quiere arrancar el brazo, saca dos veces el mismo libro de la estantería, vete tú a saber buscando qué cachivache (si es o fue una cosa viva, prefiero no saberlo). Le hago un par de lanzamientos de bolitas por el pasillo, pero le parecen poca cosa, y vuelve saltando sobre el sofá, revolcándose sobre mi barriga y con esa cara de sonrisa que hace cuando tiene calor y te mira fijamente. “Que no quiero jugar. Que aún no estoy del todo despierta”. Le importa un pimiento. Eso sí, con tanto movimiento, quién lo iba a decir, ha sacado un bonito estropicio de su estómago. Una parte ha ido a parar sobre un bolso de la princesa. A vueltas con la limpieza. Ommmmm. Los chorretones de sudor (el calor de hoy... qué asfixia) cuando ha quedado todo limpio ya eran como el Niágara. Por suerte, no había delante ninguno de aquellos listos que en esas ocasiones te hacen saber lo que te está pasando “Estás sudando”, pues vaya, has tenido que estudiar muchos años para darte cuenta, ¿verdad? Sí, yo estoy sudando, y tu te estás herniando las meninges de tanto pensar, so gili.

Pero mientras estoy recogiendo esa gran compañera de hoy, la fregona, me fijo y le hago saber a la reina que cuatro bolsos a su alrededor son un exceso y que debe guardarlos. Y es entonces cuando me suelta: “Te has puesto de mal humor porque tienes la regla, ¿verdad?”. ¿Eeiinnnn???? Me pregunto de dónde habrá sacado algo así. Es más, me pregunto si incluso no puede tener algo de razón, y esto de hoy es mi normalidad. Finalmente, me pregunto si no es un clásico del machismo para cuando las mujeres ponemos un límite a las cosas, que ella habrá oído por ahí, y que ya ha aprendido a utilizar con sus mismas fórmulas. Que es lo que tienen, que se van filtrando y al final nadie las distingue. De una forma o de otra, Ommmm.

Y así ha sido cómo esta semana me han arrebatado el domingo. Aquí me gustaría a mí ver batallando a los monjes tibetanos. Con regla o sin ella, que todo eso que salen ganando. Si alguien sabe de un monasterio budista por aquí cerca, que avise.



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6 comentarios:

imaginari dijo...

Me has dejado agotado, pero la sonrisa permanente que me produces compensa.
Me imagino una fregona gigante recogiendo los metros cúbicos de tu hogar, dulce hogar, objetos, reinas, perro, restos varios, bloguera incluida, para estrujarlos en el cubo que contiene esa salsa gris perla del domingo.
oommmmmmmmonday

MARIEL MANRIQUE dijo...

Contenerse, contenerse siempre ante la visita materna. Haber aprendido eso ¡ya merece el Oscar, Susana! Seis de la tarde, suena el timbre en casa ... "ey, ¿todavía con el pijama? Y siempre el mismo ..." dice mamá. Y yo, tras unos años de yoga y de terapia ... ommmmmmmmm. El resto es periférico. La mayonesa, los bolsos de la reina, los estropicios del perro ... Hacer un hueco al menos para escribir, aunque sea para escribir sobre cómo se nos fue el domingo, eso hace que de algún modo el domingo haya valido la pena. Besos en posición de buda, aroma a sahumerio, Deva Premal cantando mantras y ommmmmmms de repuesto, por si acaso.

El estúpido indolente dijo...

Fantástico.
Conozco un templo budista... ya te daré la dirección en otro momento.

Ramon dijo...

jajajajaaj, pues mira, aquí al ladito, en la Rambla de la Muntanya hay uno, en el corazón de nuestro Guinardó que por cierto anteriormente se llamaba "barri de la muntanya", dirigido dicho sea de paso por UNA lama, que he pensado más de una vez, llamas a Susana y os vais a meditar un rato, que el mundo está fatal... No sabía por cierto que tan fatal. Pero bueno, todos tenemos algún domingo atroz, con o sin perro (con o sin gata). Un beso enorme y esos ánimos!!!!

Stalker dijo...

Sensacional crónica, Susana. Me gusta mucho esa mirada irónica que despliegas sobre las erosiones de lo cotidiano....

abrazos

Anónimo dijo...

Pues yo no ase si reir o llorar!!!
Bueno mas vale llorar que reir, no al revés!!!! jajaja
La mayonesa tiene su que, pero se reocoge fácil!!!, lo peor es la cocalola que queda todo un pringue que no se va ni con el supermoxo de mi amiga Susana!!!!,
También pense ir a un centro budista, pero tanta tranquilidad a mi en lugar de tranquilizarme, valga la redundancia, me stressaba mas....nadie decia mama, mami i diferentes variaciones....a sigui que vaig arribar a la conclusió que el millor és fer cara de no passa res....
Petonets