Un san juan para Adelita

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San juan es el día del alter ego de mi madre. Por aquello del nombre de los familiares muertos, en su día mi abuelo la inscribió con el nombre de Juana, con gran decepción de sus hermanas, bastante mayores, que decidieron llamarla Adela, como acompañante a veces (parroquia de un registro microscópico de la montaña granadina) o protagonista casi siempre. Desde que le empezó a hacer poca gracia celebrar su cumpleaños, que venimos celebrando su “otro” día. No sé si fue en previsión de que se la fueran a olvidar, o si santa adela le pareció un día sin la menor gracia. Pero decidió que su día iba a ser el de san juan.

En eso hay que decir que no he tenido mucha suerte, porque mi padre se llamaba Manuel, así que su onomástica se celebraba el día 1 de enero. Dos celebraciones, y ambas en un día típico de resaca y pensado para hacer poco más que nada todo el día. Quizás es por eso que les tengo una cierta manía a los santos. Por eso o porque los Papas de la historia se han empecinado en premiar con la orla dorada a muchos matones del pasado.

El caso es que san juan me llega como muy ajeno. Sólo Hacienda y los curas la llaman Juana. Y a Manuel, hijo mayor de Miguel, hijo a su vez de Carmelita la Ramos, nadie más que la Administración le llamaba así; los demás, todos decían de él que era Miguel, por “hijo de Miguel”. A mi tía, la mayor de las mujeres, la llamaban Ramitos. Tan lindo y tan fuerte, que no sospeché hasta hace relativamente poco que lo de mi madrina no era un nombre.

Si nunca hubieran huido ellos de allí, y de la hambruna con que les contestaba la tierra trabajada a cachos y medios demasiado pequeños, los animales ajenos guardados, la postura distante sobre los terratenientes, si no hubiera sido por eso, igual hoy llevaría algún nombre supuestamente santo de la historia común, o se me llamaría la de la ramitos. La pequeña de las ramos. La niña del miguel que nunca fue miguel. La chica de la falsa juana.

Y viviendo en un cortijo, el Bajo Holgado “grande”, cerca de Montefrío, donde sólo la abuela Ascensión sabía leer, y los demás la rodeaban a la lumbre del fuego para oírla, no hubiera tenido derecho a estudiar en la capital porque, como adela, el niño no pudo estudiar, así que ella menos aún. Adelita, salida de aquellos lares, y acompañada por el falso miguel y la abuela Ascensión, que nunca supieron verlo realmente útil, y por dos niños demandantes, acudió a una escuela para adultos del barrio para sacarse el graduado escolar. Allí conoció a Machado, que cantaba a campos como el suyo; a Alberti, que tomaba su voz. Y, por primera vez, tomó el lápiz para escribir sobre sí misma. Se peleó con octosílabos para que se ajustaran a su grito, o a endecasílabos consonantes para que cantaran su olvido. Y allí, Adelita, la pequeña del cortijo, se hizo más suya, más propia.

Y por eso, año tras año, aunque en realidad no le pertenezca, aunque durante siglos me haya costado un infierno salir del aturdimiento post-verbena, sigo celebrando el día del “alter ego” de Adela. Porque, al fin y al cabo, qué mejor día para celebrar que el que uno elige.
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7 comentarios:

MARIEL MANRIQUE dijo...

Me emocionó mucho, mucho. Uno elige cómo llamarse, uno se pone su nombre, se bautiza a sí mismo. Se funda. También, uno elige su día, sin permitir que los demás lo impongan. Vi a tu madre peleando con los octosílabos y los endecasílabos, para hacerse mujer y escribirse a sí misma. Es muy bello lo que has escrito, Susana. Y siempre están esa rabia y ese amor mezclados, esa capacidad de "bajar" espléndidamente los grandes temas a la vida de todos los días, que es para lo único que pueden servir los "grandes" temas. Adela / Juana floreciendo detrás de, y a pesar de, los muros de piedra, reconociendo en el aprendizaje su liberación, como ese cielo azul-azul que se ve en la foto. Ahora veo de dónde vienen tamaña determinación y furia y sensibilidad ante las experiencias cotidianas.

Besos invernales que te hagan más llevaderas las inclemencias del verano.

Susana dijo...

Mariel, como niña llevé mal el "abandono" de mi madre por ponerse a estudiar; y como "mayor", viví con mucha rabia que tirara la toalla tras obtener ese primer graduado, esos estudios que le arrebataron la dictadura y el hambre (que, como dice Silvio, "no es lo mismo pero es igual"). De todo ello me queda amor y rabia, es cierto.

El cielo es azul, pero visto desde un cortijo derrotado, es imposible alcanzarlo...

Gracias por regalarme (en este caso, /nos) tus palabras, por dejarte llevar por esta tarde floja, dedicada a Adelita, que carga con su nombre falso desde siempre. Y gracias, por supuesto, por traer ese halo invernal. Parece una tarde, entre unas cosas y otras, cargada de sur...

MARIEL MANRIQUE dijo...

Posiblemente el cielo no se alcanza nunca, es como la utopía según Galeano, una línea que siempre se corre un poco más para que nosotros sigamos persiguiéndola. Si lo alcanzáramos quizá nos moriríamos de aburrimiento. Se detendría la civilización. Posiblemente se trate de seguir el color azul como una guía para no desviarse y perderse en el desierto y de arrebatarle pedacitos y destellos para que alumbren nuestra casa.

Susana, te envío con un beso los preciosos 5° C de esta noche al sur.

Kanela dijo...

Me ha parecido muy entrañable este retrato. Tambien el de ayer. Se complementan. Mis padres tampoco pudieron estudiar asi que en parte era como si leyera un trozo de mi vida y estoy de acuerdo contigo en que se merecen un dia, el que quieran.

Susana dijo...

Mariel, fantástica observación: el azul-cielo tiene sentido porque no es alcanzable. Lo importante es el camino, como decía Kavafis. Y, como tú dices, su misión es permanecer para que no perdamos el norte. Como el lucero del alba para los navegantes.

Qué frescos llegan tus destellos azules en esta mañana de 25 grados a las 8... Gracias por envolverlos con tanto cuidado para que lleguen inalterados.

Un abrazo

Marian dijo...

Me encanta!!!. El relato de la vida es eso...

Susana dijo...

Marian, bienvenida al Cajón. Me alegro de que hayas disfrutado el texto, de nulas ambiciones, pero arrancado desde las entrañas.

Gracias por tu amable comentario!
Un abrazo