Gabbeh

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Si yo tejiera una gabbeh, como lo hacen los nómadas Qashqa'i, y pudiera entrelazar los colores para contar mi historia y la de mi familia, esta vez hubiera compuesto un vestido blanco. Mínimo. A través de los bordados se transparentarían las caras sonrientes de Pedro y María. De todos los Pedros y sobre todo de todas las Marías. El sueño de Manuel. La sorpresa de Èlia.

Si, además, pudiera hacer magia como el viejo profesor, cogería un personaje oscuro de gabbeh, y le haría una mirada con iluminación intermitente. No para dejar pasar, como la de los automóviles, porque pensaba permanecer en el mismo sitio, durante siglos. Ese personaje tendría a un tiempo la conciencia de estar unida como pocas veces a su entorno, y la de estar sola como nunca.

Si pudiera tejer una gabbeh, hubiera hecho y deshecho varias veces algunos personajes. Que siento y aproximo, o creo distanciar. En ocasiones con entrega de entraña. A veces, creo, la propia entraña, de tamaño desbocado, taparía la vista. Del personaje yo hacia afuera, para así dejar de ver. A veces, del afuera hacia el personaje, para que no desvalijaran la soledad de cuanto podía sentir.

. . . . . . . Y el forastero que construye paisajes tras de sí, que arrastra colores con los que alguien construirá magia en algún lugar, no me alcanza.
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9 comentarios:

MARIEL MANRIQUE dijo...

Susana querida, me levanté y lo primero que hice fue acariciar a los perros, salir a ver mis plantas y meterme en tu cajón. Y acá estaba este entrañable profesor que puede atrapar los pájaros y los colores con la mano y el tejido del gabbeh y tus palabras, transmutando esas imágenes en palabras anudadas con tu jornada de bodas de ayer por la noche, porque mezclaste estas escenas con las que experimentaste ayer,¿no?. Bueno, eso es lo que yo amo de tu escritura, que puedas mezclarla tan naturalmente con la vida. Si la escritura o la filosofía o la sociología o lo que fuera no puede enredarse con la vida misma, en el mejor de los casos para transformarla, no sirve para nada, es pura masturbación intelectual. Vi las escenas que elegiste (elegir fragmentos de películas es un arte, no solo filmarlas) y me emocioné y me hicieron eco, mucho eco ... recordé Kandahar (y la imagen de una lluvia de piernas ortopédicas que caen desde el aire sobre el desierto y para los minusválidos desharrapados son como maná) y no me sorprendió que Gabbeh (película que no vi) hubiera salido de la misma mano y después busqué en la web y me enteré de que los Makhmalbaf son un familia iraní entregada al cine y te imaginé ayer a la noche rodeada de tu familia ... en fin, todo bello y raro y muy mezclado. Ayer traje más plantas para el balcón de casa y tu mágico profesor señala colores y recoge esos colores hechos ramilletes ... Me pregunto si a estas horas estarás leyendo El País, como yo aquí sobre la mesa de la cocina, y su collage de españoles en crisis, que me recuerda mucho un libro de Bourdieu, "La miseria del mundo", en el que Bourdieu se hizo invisible y dejó que la gente hablara. Por nexos profundos que nos unen a España, en casa estamos suscriptos a El País (táctil, de papel para oler y desplegar) los sábados y domingos, además del argentino Página 12. Los sábados me gusta leer a Antonio Muñoz Molina en Babelia y, los domingos, a Almudena Grandes, a veces a Cercas, y a Millás. Hoy es día de elecciones legislativas en Argentina. Hernán, mi compañero de ruta, fue a votar. Por primera vez, yo no. Nos provoca náuseas el avance de la derecha. Hijos de una dictadura como somos, Hernán todavía experimenta el cuarto oscuro como un ritual necesario. Yo ya estoy harta de votar a una izquierda que siento que no termina de representarme, quizá porque le pido demasiado, no lo sé. Así que mientras quizá debiera estar votando, preferí leer tu elección de un vestido blanco mínimo y ojos de luces intermitentes, como los faros de un automóvil, para abrirlos y ver todo lo que está "afuera" y cerrarlos y quedarse a solas con el "adentro". Y el hacer y deshacer un gabbeh para cada persona, según la circunstancia. Todo esto para decirte que tu cajón ya se me ha vuelto necesario. Besos y movidas de cola y agitación de ficus holandeses (verdes y blancos, tan extraños y seductores) en el viento invernal de este balcón.

Ramon dijo...

No sé qué has tocado pero ya puedo pasearme por el cajón con desparpajo, en el utilitario del explorer, y dejarme teñir (qué bonito) por el color que le imprimes. El cajón podría haberse llamado Gabbeh, seguro. El Gabbeh de los pretextos.

Stalker dijo...

Qué sorpresa, Makhmalbaf... confieso que me gusta más la hija, Samira, desde aquella maravillosa película con los maestros ambulantes, pizarra a cuestas, atravesando las montañas y buscando alumnos entre el fuego cruzado. Pero el padre también es maravilloso...

Me embadurno con esta entrada, como si fuera barro, y me voy la mar de contento...

Kanela dijo...

Me han gustado mucho las escenas de la pelicula. No habia oido hablar de ella pero parece muy poetica. El texto me ha parecido muy sensible y con ese toque melancolico que a veces tienes, sin entrar mucho en ello pero ahi esta. El resultado es tan bonito...

Susana dijo...

Mariel, querida, cómo has mezclado nuestras dos realidades, qué habilidad para unir lo que sabes de la mía, lo que imaginas de ella, lo que sucede en la tuya... Era como si fuéramos vecinas próximas y nos viéramos por la ventana.

Que hayas elegido el Cajón ante las posibilidades electorales te honra: seguro que soy muchísimo más de izquierdas que cualquier otra opción. Pero no consigo ni arreglar mi casa, como para intentar arreglar tu país (o el mío)!

Ha sido una delicia leerte. Gracias, una vez más...

Susana dijo...

Ramon, cómo me alegro de que puedas visitarme con el Explorer. Me costó, pero al fin triunfé ;o)

Tu Gabbeh de los pre-Textos me ha encantado! Te cogería del día este color amanecer para regalártelo! Si un día hago un blog paralelo llevará ese nombre. Seguro...

Gracias, Ramon. Un abrazo.

Susana dijo...

No he visto nada de la hija, Stalker. Pero tomo nota, a ver si encuentro alguna cosa. La película que describes (por la filmografía que encuentro en Wikipedia, suena a que podría corresponder a 'Blackboard') suena genial, especialmente si viene de alguien que ha aprendido de la forma de hacer cine del padre.

Gabbeh yo la descubrí por casualidad, en una sesión golfa, creo, y salí fascinada por la poesía de toda la película. Ha sido una sorpresa encontrar pellizquitos suyos en youtube y, desde luego, que tú te hayas querido embadurnar en ellos, como barro o como pintura de colores con que adornar hoy el Cajón.

Gracias, Stalker.

Susana dijo...

Kanela, me alegro de que te haya gustado la entrada de Gabbeh. La película es realmente muy poética y sorprendente. Me encantó cuando la vi, aunque hace ya un millón de años.

gracias por tu comentario.

Stalker dijo...

Lo bueno de Samira es que combina el lirismo del padre con un realismo más crudo... cine de impacto, inteligente y conmovedor. Creo que están por estrenar su cuarta película...

abrazos