Biorresonancia cuántica: mis máquinas 'amigas'

.




Elisenda tiene unas máquinas tremendamente listas, tan listas como el ‘azar’ que me condujo a ellas. Mi cuerpo, que a mí sólo me habla a los gritos, les susurra a ellas mil cosas que no estoy segura de saber. A veces dicen las máquinas que mejor me limpian de algunos enfados. Yo me río recordando tal o cual acontecimiento, o determinada escena creciente de insomnio, y le pido a mis… células (¿) que sí, que tengan a bien expulsar de sí los tormentos para que puedan entrarles las cosas hermosas. Sale, como rasgo positivo, un apoyo en un orgullo, lo que Elisenda traduce en una forma de no amedrentarse. Y yo estoy encantada, porque interpreto que los aparatos me dan la razón, me confirman que debo perseverar y no adaptarme porque ellos sean mayoría o porque tengan un camino más sencillo. Dicen las máquinas que mi cuerpo les cuenta de mi pobre espalda. A medio camino entre la bipedestación inconveniente y la resignación intolerable, se lamenta mi espalda, y entonces llegan las máquinas y limpian de rojos colores chillones una a una las vértebras, sus músculos, los nervios que acceden a todo ello, y en su lenguaje secreto les cuentan que están desaprendiendo a sufrir.

Me gusta ver los dibujos que me enseñan las máquinas de mis toxinas físicas y de mis cataclismos emocionales; veo entusiasmada cómo ellas los expulsan, y les cuentan que no se puede ir molestando así, a tontas y a locas, ni a nadie que, como yo, sea las dos cosas. Cabizbajos, los venenos se llevan consigo sus castigos y sus ganas de hacer daño. Dicen las máquinas que así yo me voy quedando más limpia.

Algunas veces, como en ésta última, se ve que mi cuerpo les pide la transmisión de una sesión de acupuntura, una llamarada de energía o que me equilibre mis enormes chackras. Y yo, que al principio las veía como quien asiste a un akelarre mágico o similar, les sonrío por dentro para darles las gracias a su manera por servirme con tanta diligencia.

Mientras esta locura de ciencia ficción tiene lugar, Elisenda y yo hablamos. A veces de cosas que nos han pasado. De ilusiones próximas (¡qué entusiasmada está por su próxima visita a la Capadocia!). De pasados de corazones rotos. Cuando hablamos de las máquinas, a veces entre los dibujos del movimiento de mi corazón sacan los del suyo, y nos saludan amablemente.

Esta vez Elisenda me contó algo que aumentó mi fascinación por esas máquinas de desempeño tan asombroso. Una madre acudió a la consulta, por primera vez con su hijo de cinco años. El chiquito, observando con normalidad desde su asiento en el suelo, empezó a decir que ese tratamiento le iría muy bien, que él ya lo conocía. Describió, sin más, alguna de las pantallas que, efectivamente, iba a mostrarles el programa. Dijo también que a él las máquinas le habían curado una fractura en la pierna, pero que a él ya se lo habían hecho sin conectores, sin esas correas que engarzaban las máquinas a su mamá. Que ya verían que en un futuro se aplicaría ya de esa otra forma. Bocas abiertas enormes, platos desmesurados por ojos, y el niño hablando con toda la normalidad del mundo de ese pasado que parecía conocer tan bien y que pertenecía, de hecho, al futuro de su presente. Y a ver cómo conjugan los gramáticos tanto tiempo distinto, porque la mayoría no sabemos ni atinar a pensarlo.

Yo, que ya no me extraño de nada, confirmé mi intuición de que el tratamiento me iba a ir muy bien y que, en un futuro, puede que más cercano de lo que pensaba, la medicina sólo iba a tratar con máquinas como esas tan listas, como mis amigas. La ciencia ficción ya está entre nosotros, y que cada uno piense lo que buenamente pueda…
.
Nota: Yo, ya se sabe, no entiendo de ciencia ni apenas de medicina, así que después de un primer contacto, desisto de intentar entender cómo funciona, aunque me llama la atención que Elisenda diga que es similar a cómo va el móvil. Pero si alguien tiene curiosidad, puede leer, por ejemplo, esto o esto.
.

13 comentarios:

imaginari dijo...

Susana, espero que et funcionin aquestes tecnologies de la informàtica, jo sóc més simple en interpretar els dolors d'esquena, la majoria són deguts a les males postures davant la tele, mal acomodar-se en un sofà inadequat, manca de disciplina (paraula molt desprestigiada)física i hàbits poc saludables, de tot aquest conjunt agressiu les cel·lules criden de dolor. I la part més important, el ressentiment i la queixa constant que un fa dels altres, la mala sang que genera l'auto marginació social.
Fet el diagnostic, aquest és el tractament a seguir: no veure la tele, actituds posturals al caminar i al seure's adequades, exercici físic regular, fumar molt poc, veure moderadament i no donar massa importància a les actituds i comportaments humans que no coincideixin amb els nostres.
Ara bé, que vol dir mo ro, si a tu et funciona la Elisenda-Machine, endavant, t'estalviaràs tot lo que t'he dit, què és difícil d'aconseguir als quaranta.
Tot ho dic amb simpatia i per donar peu a una de les teves rèpliques tant agudes a les que ens tens acostumats.
Un petó molt gran

Susana dijo...

Doncs, mira, Imaginari, és evident que cadascú sap més del seu cos que cap dels metges o les màquines més preparades del món. No tinc res a replicar sobre el que et mani el teu cos. Tot això que t'estalvies en machines, que intueixo que deus ser bastant contrari a tot el que dugui la tecnologia.

Jo no pretenc fer proselitisme ni convéncer ningú, i confio cegament que tu no vulguis vendre-li a ningú la teva teoria que a tu et funciona tan bé. Todos contentos y dios en la de todos... o algo así.

Ramon dijo...

Susana, qué interesante entrada. Bueno, ya sabía un poco de todo esto, pero tanto no. Al menos, no sabía esa parte humana, Elisenda, el niño, la madre estupefacta... Lo del niño es un apunte especial en todo ese contexto. Sí, seguramente será así en un futuro (lástima de no poder poner en rojo yo también aquí ese sintagma "un futuro"). No me extraña que vaya a ser así, ni me extraña que un niño ya lo sepa. Las máquinas se lo chivaron al niño, de la misma forma que a ti te chivaron que te iban a ser útiles, o que a mi me chivan también cosas. Como que no todo depende de un sofá inadecuado, que el mundo es más amplio de lo que algunos nos atrevemos a suponer o imaginar, y que llegaremos sólo hasta donde estemos dispuestos a llegar. Y tú, sigue adelante. Sigue llegando muy lejos, com fins ara...

María dijo...

Querida, leer esta entrada me genera un montón de preguntas indiscretas que por supuesto no haré. Sólo diré que espero que estés bien y que, aunque sea con retraso, felicidades si es cierto lo de la entrada Cumplir (es que hija, una nunca sabe con los blogs, son como novelas que de repente se convierten en autobiografias o autobiografías que son novelescas). Que te deseo lo mejor, caramba, querida. Y que por otra parte me has convencido, no tenía ni idea de la medicina energética, pero como yo soy mucho de ir probando novedades (aplicado desde lo más sofisticado hasta el nuevo dosificador del detergente habitual) creo que me animaré si no es muy caro, que tengo un viaje en mente. Besos, querida.

imaginari dijo...

No tinc cap dubte que puguin funcionar aquestes tecnologies, no estarien en circulació pública si no fos així. El que volia dir és què el seus resultats han d'anar acompanyats del que desprès fem en la nostra vida diària. Però m'explico molt malament, jo no tinc la facilitat que teniu els escriptors. No volia saber més que els que hi entenen en aquests temes.
A part de la meva opinió sobre el tema, m'agrada molt com escrius i expliques la teva experiència terapèutica.
un petó

Susana dijo...

Ramon, qué bonito comentario... Tu espíritu abierto, tu apoyo cerrado e irreductible, pues sí, me hará de muleta para caminar otro rato, en aquellos momentos en que las fuerzas amenazan con desistir. Gracias, amigo.

Susana dijo...

María, me alegro de volver a verte por aquí! Y, además, sin pinchos! Saca la patita por debajo de la puerta para que sepa que eres de verdad tú! ;o)

Pues te doy la razón en lo de los blogs, que una nunca sabe qué parte es ficción, y qué otra se apoya en la realidad. Pero lo del cumple es, lamentablemente, cierto. Antes de que te vuelvan a picar las ganas de indiscreción, por lo menos en este apartado, te diré que me he hecho el propósito de empezar a mentir vilmente sobre mi edad.

Si te impresionan las novedades, María, sí te recomiendo que algún día pruebes las maquinitas. En este caso igual es mejor que no, porque es una terapia francamente cara. Aunque es muy probable que lo que para mí son precios desproporcionados, para ti sean pequeñas inversiones. A mí también se me ocurre alguna traviesa indiscreción, como qué tipo de viaje estarás preparando, a qué tipo de destino, con qué compañía... A ver si al menos a tu vuelta nos cuentas alguna cosa que te haya impresionado.

Un abrazo

Susana dijo...

Gràcies pel teu aclariment, Imaginari.

Creo que tienes razón en que nuestra vida diaria nos complica mucho tener una buena salud, especialmente la psíquica. Por decir sólo una tontería, muere mucha más gente de la contaminación atmosférica que de accidentes de tráfico. Pero incluso en la gente que no muere, enfermamos lentamente de millones de partículas de metales pesados, que se cuelan en nuestro árbol respiratorio, en nuestra sangre, en nuestras conexiones sinápticas. Eso, junto a los ritmos antinaturales que nos presionan continuamente, junto a la incomunicación, el secuestro de nuestras mentes y tantas otras cosas... Claro que mirar la tele en mala postura es malo para la espalda, pero comparado con mirar los ordenadores 8 horas al día, con esperar autobuses o metros inundados de humos urbanos o de someternos a las radiaciones de móviles, wifis, teles, radios y demás, de las que no sabemos apenas nada, qué quieres que te diga... Si intentas hacer bien las cosas, pero con cada lechuga accedes a montones de plaguicidas, a moléculas transgénicas, a conservantes, a días de cámara que la desnaturaliza... Cuéntame qué le queda de la preciada vitamina U.
Pero globalmente pienso que tienes razón, que a todos nos convendría una vida más natural, pero desde todos los planos de la existencia.

Gracias por tu aportación. Un abrazo

imaginari dijo...

Toda la razón del mundo.
Hacemos lo que podemos y lo que nos dejan hacer, hay personas más sensible que otras a los efectos negativos que nos invaden, seguramente eres de ésta especie, pero también tienes mucha sensibilidad para apreciar y nutrirte de lo bueno, especialmente en lo que se refiere a la música, las artes, la literatura, así que tienes la mejor medicina para contrarestar la estupidez humana.
un abrazo

Stalker dijo...

Me asombran estas máquinas, cuyo funcionamiento es para mí un enigma sin fondo. Pero no sé hasta qué punto intentamos curar los síntomas cuando habría que ir a la raíz de la enfermedad: tal vez si abandonamos las ciudades, el estrés cotidiano, recuperemos cierto fuego que nunca debió apagarse y que las medicinas alternativas intentan, con más o menos acierto, reactivar.

Ha sido una delicia la descripción de esa sesión. La anécdota del niño es inenarrable...

Abrazos

Susana dijo...

Gracias, Imaginari. Sí tienes razón en que soy hipersensible. Para lo bueno, para lo malo y par alo regular. Què farem. Se hace lo que se puede... Lo que no se pierden son las ganas de protestar, jiji.

Un abrazo

Susana dijo...

En otras ocasiones me permito introducir elementos de ficción, pero aquí, Stalker, te aseguro que todo es cierto. El niño describiendo el futuro es impresionante: por lo menos da qué pensar, no? Es un primer paso, pequeño y tímido, hacia el retiro.

En último término, y para acabar de protestar, aportaría la noción de que no seríamos nosotros los que deberíamos huir, sino la ciudad la que debería cambiar para humanizarse. Es una creación humana, que se adapte ella a sus creadores, no? ¿Por qué ha de conseguir ensuciar cuanto toca? ¿Por qué los legisladores permiten este foco de enfermedad y demencia? ¿Por qué tiene que parecernos tan normal que la comunicación humana arrastre consigo tanta agresividad? ¿Tanta competitividad? No hay que conformarse. No es que tengamos que volver al trueque ni a la agricultura de subsistencia, sino que tenemos que conseguir que los avances de la sociedad no sean un empeoramiento tan definitivo de la humanidad.

Gracias por tu comentario, Stalker...

Anónimo dijo...

Posats a dir "coses de futur", potser es podria integrar aquesta màquina en un cotxe, de manera que cada vegada que viatgis tindries la teva dosi "cuántica", o en un avió o en el cine o .... se m'en va l'olla, però el futur es crea amb nens com el que comentes
XaviG