Dame tu mano sin temor a equivocarte

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Que cuando llegue tu mano, sea sin ningún temor. Temor de errar en el camino, de confundir miradas ajenas, temor de despertar más de lo que puedas soportar sintiéndote libre. Dame tu mano y no temas. Deja que el pájaro salvaje que somos cuando nos unimos no se enjaule en un nosotros pensado, que somos todavía tan de verdad. Porque habrá de batallar con la tradición, y con la huida de la tradición. Y lo sabemos: no hay raigambre que lo ate. Ni ruptura que lo libere. Permite sólo que vele tu sueño si duerme tu vida. Permite sólo que mi mirada se encienda cuando tu mano, en ágil arrebato, niegue por fin mis paseos de paloma herida…
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Que cuando llegue tu mano, sea en silencio. Que eche de sí las palabras que guarda. Las que nunca sirvieron. Que sea su entrega para recoger mis silencios. Porque nuestra torre de babel no habrá quién la aprese. Quién la fosilice en un diccionario. Quién corrija sus faltas grandes como revelaciones. Y sólo pueden entenderse las manos y sus epidermis contando secretos en confidencia aún recóndita. Tu verbo lo absorbo con mi entraña. Canta la voz ininteligible de mi último aliento, y tu caricia, sutil intérprete, compone arreglos, acompaña con una sucesión de lamentos lo que le faltó y ahora recibe. “Calla”, dice Cernuda. Y tu piel desabrigada lo dice mejor. Y mi piel descarnada lo dice más alto.
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Si tu mano llega a mí, vacía como un árbol seco junto al camino, venceré voces e hilos de marioneta para ser tu pájaro, de nuevo, a la sombra de tus ramas solitarias. Alteraré mi escucha de dioses y de madres protectoras, pervertiré todos los fríos que quieran cernirse sobre mí. Porque tu mano y yo sabemos que cuando cantamos a dos voces, cuando unimos los vacíos que nos dejaron, cuando nuestras cicatrices deciden traspasar sus retiros yermos y unirse… entonces… la eternidad nos asiste…
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… y persiste el abrazo, desprovisto de su destierro.
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Si llega tu mano, sin miedo, cargada de silencios, ofreciendo sombras para mis cicatrices de viejo pájaro, nada será “tan dulce como una habitación/ para dos, si es tuya y mía”. Y lo que fui, que es que “nunca pude escapar/ de sentirme tan encerrado/ ni de la sordidez de la vida,/ de la futilidad de todo” que dijo Ginsberg, será nada, y mi pasado de espera cenicienta sucumbirá ante el pasado oscuro de tu capa, y entonces todo cobrará de nuevo sentido.

"Los hombres un día sintieron frío.

Y quisieron compartirlo.

Entonces inventaron el amor."


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17 comentarios:

Ramon dijo...

Aish, que texto más bonito, qué final más verdadero (y que grande Mayte Martín)

Roberto dijo...

pues yo te tiendo mi mano...por que me has deslumbrado. Me encantó lo que leí...

gracias por militar en mis versos, en leerme, de verdad mil gracias

un beso

Susana dijo...

Ramon, el final-final, que no me he acordado de ponerlo, pertenece a un poema de Luis Cernuda. Uno que me fascina y del que me hubiera encantado poder ofrecer las dos voces que hicieron de él Sílvia Comes, la gran voz, y Lídia Pujol, la voz estilizada. No pude encontrarlo en los cauces habituales. Cernuda lo dice muy "verdadero", como tú dices. Y los hombres-erizo, que acomodan sus espinas para no agredir, inventan el antídoto del frío del alma. Y, muy "verdaderamente", nosotros, con púas y hasta aguijones hendidos en lo más hondo, disponemos nuestra superficie dérmica para incluso asirnos a sus armas con tal de permanecer arrimados.

Y Mayte, Ramon, amigo, es enorme, es desgarro, es entrega, aunque también a veces es radiografía de flor. Cierro los ojos y veo los huecos que le hicieron las espinas...

Gracias.

Susana dijo...

Roberto, bienvenido a este pequeño Cajón. Probablemente no sea yo quien te deslumbre, sino todos ellos, los grandes. Cernuda, Ginsberg, pero también las voces que se prestan a los versos para que ahonden aún más. Entonces, hay erizos que se creen lobos, y aúllan en la noche, pero no es de fiereza sino de dolor. Aunque no lo saben.

Me afilio a tus versos, clandestinos, para que el día que muera pueda llevar las botas algo más puestas. Militaré bajo tus metáforas para que horaden mis carnes, y así se atarán los cordones a mi médula, y su reverberación compondrá una melodía de acorde menor pero de intensidad forte y descarada.

Gracias por tu comentario.

Ramon dijo...

Susana, no me refería al poema de Cernuda cuando hablaba del final... Sí, sí, Cernuda es cañero, el poema precioso, pero yo me refería a tu poema en prosa, al "sucumbirá ante el pasado oscuro de tu capa, y entonces todo cobrará de nuevo sentido". Ese voluntarismo final, en consonancia con el del resto del texto, es un marco perfecto para el poema que efectivamente cantaban con enorme sensibilidad Lidia y Silvia (decir Comes y Pujol suena a marca de aguardiente cubano). Molts petons...

Susana dijo...

Ramon, me intimida leerme de tu mano. Lo sitúas a una altura que no me pertenece pero voy a dejarme soñar que, por un momento, sí te lo pareció a ti, que llevas en tu lóbulo frontal más poesía que la mayoría de nosotros en nuestros anaqueles. Voy a dejarme sonreír agradecida. Voy a mirar al suelo en actitud, pero el alicatado reflejará el cielo de gratitud.

Un abrazo

rubén m. dijo...

"Tu verbo lo absorbo con mi entraña"... es precioso el texto, y ese diálogo con Cernuda -quién mejor para hablar del amor y del deseo- hace que se adentre más todavía.

besos

Kanela dijo...

Ya me ha pasado otras veces que quiero decirte algo pero tal como hablais me da vergüenza. Hoy es otro dia de esos que digo. Pero tengo que decirte que esa mano que pides me ha impresionado. Tus visitantes lo dicen mejor asi que no dire gran cosa pero si que es un texto precioso y que si yo fuera el dueño de esa mano me habria derretido como la mantequilla. Impresionante.

Anónimo dijo...

Un gran viaje vertical de la mano a su entrega. Cuando te pones, escribes muy bonito. Xavi

Susana dijo...

Rubén, es un honor que hayas pasado por aquí y, aún más, que le hayas dedicado esas palabras a mi texto. Cernuda ahonda cuanto toca, no hay duda, y parece que hoy fue una muleta-taladro inmejorable para alcanzar tus cálidas palabras. Gracias!

Susana dijo...

Kanela, tu forma de referirte a este refugio te eleva, pero que no me entere yo de que nunca sientes vergüenza por pararte a comentar lo que sientes. Nunca, ¿me oyes? Si el Cajón tiene un interlocutor ideal es el que, como tú, tropieza con las emociones y "se derrite" cuando las palabras le rozan... Gracias, Kanela, por ese comentario tan sentido.

Susana dijo...

Xavi, tu verticalidad me toca. Das en el clavo en el "cuando me pongo", porque es cierto que en tantas ocasiones persigo ideas y no bellezas. Y das en el alma en el "escribes bonito". Gracias, de veras, por tus palabras.

Un abrazo

MARIEL MANRIQUE dijo...

Me encantó este texto, Susana, por la selección de sus palabras, las ideas que destilan y el hecho de ser, en definitiva, un reclamo y una reivindicación del encuentro y de la alegría. Que hables de atreverse a soportar la libertad (o sea, de saber ser felices), de las manos silenciosas que se liberan del peso de las palabras inútiles, de vencer a los dioses, la tradición y las madres protectoras (esas voces e hilos de marionetas que hablan por nuestras bocas y dirigen nuestros movimientos) para poder unirse a otro sin culpas y temores ... qué tarea. Me encantó el texto leído en solitario y leído después con la música que lo acompaña, que le da otro color y otra temperatura. Esas mujeres beligerantes y tiernas como Susana, con gargantas de volcán y de seda, sanan las cicatrices y ayudan a andar. ¿Cuántas veces esa música nos asiste, nos acompaña, nos ilumina el día? Adoro tus experimentos.

Javi dijo...

"Nuestras faltas grandes como revelaciones": precioso.
"Y tu piel desabrigada lo dice mejor. Y mi piel descarnada lo dice más alto.": intenso.
El pasado de espera cenicienta: con todo el peso de las verdades que nos recuerdan quienes somos.

Me ha encantado. Y me da fuerza que sea a un tiempo un canto a la esperanza, a la alegría.

Susana dijo...

Mariel, leído desde tu visión, el texto cobra otra trascendencia.

La entrega comporta una libertad, la del espíritu encorsetado y solo que de pronto decide compartir; pero también una renuncia a la libertad, la de los actos, el exterior, que se pierden cuando cuentas y cuentan con uno. Como dices, qué tarea tan complicada y cuánto fracaso a su alrededor. Aceptar y no dejar de aprender, ése es el castigo y la recompensa a un tiempo. De ahí que las dos voces elegidas en todos los casos sean de seda y volcán. Qué bien visto. Qué bonito visto.

Mariel, una vez más, gracias por estar ahí, y leer los textos con tu luz...

Susana dijo...

Javi, me alegro de que hayas vuelto a pasarte por el Cajón para hablar de su alegría, que no siempre le late dentro.

Escoges pedazos con precisión de cirujano para mostrarlo con una vehemencia que lo renueva.

Gracias, Javi.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Susana, la luz es tuya y tuya la elección de la música que la acompaña; una solo pone el ojo y los oídos.