Los 'piratas' y su diablo

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Veo una de esas maravillosas películas clásicas. Mujeres hermosas, embebidas en su naturalidad. Un hombre, nacido bueno, con ese adorable maniqueísmo de la industria de esos años en que se veía la vida en blanco y negro, a cambio de algunos reales le ha vendido su alma al diablo. Dice un abogado cargado de buenas intenciones que el maligno, por ser extranjero, no puede llevarse a un ciudadano americano. Aquél se ríe: nadie con mayor derecho, pues estaba en las batallas con los primeros indios, y cuando zarpó el primer negrero él estaba ya en cubierta. Fantástico.

Esa venta del alma a cambio de unos cuartos me recuerda a tantas necedades, nacidas casi limpias… Pero ahora, más que a ninguna otra cosa, me recuerda a la SGAE.

¿Qué demonio se le habrá metido en el alma a esa sociedad como para querer ahogar la causa de Juanma? Seguro que todos hemos oído hablar del caso del niño enfermo, que consigue que David Bisbal cante gratis, mientras que ese ente con ánimo de lucro exige un pago previo, cercano al millón de las antiguas pesetas, para que pueda celebrarse el concierto benéfico. La presión mediática, que a veces sirve para más que para asustarnos y hacernos bajar la cabeza, consiguió finalmente que la SGAE devolviera el importe sonsacado.

Ian Mckaye, con su grupo Evens, actuó en España. Evens no tiene ninguna de sus canciones registrada porque “porque considero que nadie tiene derecho a llevarse ningún porcentaje de un trabajo que hago yo, edito yo y toco yo en directo”. Con ello mantiene una política de accesibilidad a bajos precios a sus trabajos, tanto discos como conciertos. Recorre el mundo sin problemas. Pero llega a España y es brutalmente atacado por la SGAE que, no se sabe a (sin)razón de qué, exige el pago de un porcentaje para la actuación. ¿Para pagárselo a su no-asociado Evens? Aunque tengo la dudosa suerte de no entender ni jota de negocios, me parece absurdo que se incrementen los precios de los discos o de las entradas para poder pagarles a los creadores musicales cuando son ellos mismos. Pero cuando se han valorado todas las opciones posibles, y se ha optado por la muy legítima determinación de liberar tu obra de cualquier sujeción empresarial −aunque ello suponga perder dinero cuando, por ejemplo, se emita una sola de tus canciones en una radio−, ¿a santo de qué deciden que ellos sí van a cobrar aunque no tengan a quién pagarle?


Al final de la película, el discurso de los ‘buenos’ le asesta una patada en pleno trasero al demonio, y a sus desmesuradas ansias de poder. Quién viviera aún en ese mundo del blanco y del negro… Mientras tanto, nos dicen que somos nosotros los ‘piratas’.
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Añado: he tenido un descuido imperdonable. Tratar esta cuestión debería implicar un enorme agradecimiento a los amigos que me han pasado películas increíblemente buenas que, por no ser en absoluto comerciales, no se encuentran en los estantes de El Corte Inglés. La razón de no poder ser algo más pirata es vergonzante, pero es lo que hay: soy de las que todavía no tiene adsl. La sgae no debe preocuparse por mí, ni por mis poco comerciales gustos. Hoy sí dormiré tranquila!

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí somos piratas, y a mucha honra. Por eso estoy a favor de una ordenación del sistema, para que se siga creando con unas mínimas garantías y siga existiendo la industria. Luego ya, casos particulares, pues habrán injusticias, no digo yo que todo sea perfecto.

Susana dijo...

Estoy de acuerdo, Anónimo, en que el apoyo a los creadores es positivo y debería ser imprescindible. Otra cosa muy distinta es que cómo funciona aquí esa industria, qué se hacen con los cobros de creadores extranjeros y cómo, por la avaricia de todos, el autor acaba cobrando un importe cercano al euro pelao, la fabricación les cuesta unos 50 céntimos, y en cambio un cd los curritos lo pagamos a 20 euros. Estoy convencida de que si el cd se vendiera a 15 euros, las multinacionales y la SGAE se quedaran con un par de euros y el resto fuera para el autor, se venderían muchísimos más cd originales, los autores estarían más apoyados y todos contentos.

Hay que reconocer también que a la SGAE le hace un flaco favor quedar en evidencia en todas esas ocasiones en que se sabe qué hace y con qué. Tú piensas que es mera casualidad. Creo que somos unos cuantos que tenemos nuestras dudas...

En todo caso, gracias por tu opinión. Estamos todos de acuerdo en que los autores necesitan de todo el apoyo posible. A ver si hay suerte y se gestiona decentemente...