Amor desahuciado por la palabra

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Muerdes las cicatrices que permitió
Ya entonces el verso
Adocenada entre sus muslos
No atinas a romper con su silencio
Escapas a su estrofa corrompida
Y fluye como río de sangre
Venturoso y retorcido
Amanece entre las sombras
de sus propias palabras.

El vientre ha de escarbar
Lo que rece el olvido
Soñar, golpear, nutrir
Una tras otra
todas las palabras
Y su regocijo.
Recuperar para la simiente
De la vida
Lo que olvidó la entraña
Lo que escupió
Lentamente su voz descarnada
Casi sin saberlo
Y mansamente retozó
Y clara
Bajo el manto que danza solitario
En la mirada amenazada.

Si hoy avanzas
Con tu claridad
de centro del ombligo
Si clamas la supremacía
(O su hermosidad su clarivisión
Su malditidez)
Es porque se te ha roto algo
Para siempre
Y estás
Dañada sin remedio.




Te conduce
La palabra
Y lanzas las gramáticas
En dirección al viento.
Por siempre
Permanecerá lenta
e intensa
el habla
Y la algaraza
Que habita en su verso.
Y lo legitima.

El tormento que albergo
Desde entonces
Muere a diario
En el núcleo del sintagma,
Desolada tras el hallazgo
Sempiterno de su lustre,
Oropel esquilmado
En mi vientre
Sólo siento cómo
Se aniquilan perezosamente
Las gradas
Mucho antes
de alcanzar el verso.

El amor a la palabra
Me configura
Me golpea
Me disuelve,
Permaneceré ya herida
Hasta que se extingan
Los fonemas de mi discernimiento,
Hasta que sucumban
Uno a uno
Los discursos de los versos.

Y aun entonces,
Como a quien se le ausenta
El esqueleto con que avanzar,
Permaneceré,
Con la nostalgia
de la trabécula de los huesos,
con los poros abiertos de par en par,
con las palabras sin sus acentos,
herida incurable de este amor desahuciado.
Saciada de todos los huecos
Tratando de escuchar
En la memoria
En sus poros
En un charco con rostro de porvenir.




Drogada ya definitiva
Enferma extrema
Sin remedio
Después de haber muerto
Por un hallazgo verbal
Recorre la lírica la oscuridad de mis arterias
La cura es lo que la enferma
Condenada a los grandes versos.

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7 comentarios:

imaginari dijo...

Me has dejado hecho polvo. Y sin palabras, o casi, las que lees.

Susana dijo...

Vaya, no era la intención, Imaginari!
Queda demostrado que el márketing no es lo mío: hago promoción del amor por las palabras y resulta que a ti te dejo sin ellas.

Intentaré recuperarte de ese estado próximamente...

Un abrazo

imaginari dijo...

Pues yo lo veo cómo un lamento, y las palabras, por supuesto, cómo refugio.
De todas formas, expresar lo que se siente al leerte no es fácil con palabras, tampoco me hace falta, sólo que quería compartirlo y no sabía describirlo.
Ésta réplica es una excepción a tus respuestas. No es mi costumbre.
gracias por el abrazo.

Ramon dijo...

Susana, me desgarra sobre todo el final. Cuando el poema adquiere una nueva lectura, cuando descubres que resulta que se ha estado hablando no sólo de dos, sino de más cosas. Así es la vida, nosotros empeñándonos en poner siempre carteles y la vida superándolo todo y mezclándolo. Quizá mejor así. Para eso están las correspondencias, si uno sabe verlas (me lo chivó Baudelaire, a quien por cierto he estado leyendo). Y uno sale reforzado, aunque cueste creerlo.

Stalker dijo...

Intensa letanía donde la palabra se despeña. Fecundo, el desasosiego, cuando nos ilumina a quemaverso. La poesía logra una transparencia no siempre la alcance de la prosa, que tiende a uniformizar y anegar de sombra la expresión.

¡Gracias, Susana!

Susana dijo...

Ramon, soy de las que defiende a capa y espada que en muchas ocasiones el gesto artístico de la lectura supera al de la escritura. Me temo que es lo que ha sucedido en este caso.
Mi escrito sólo pretendía referirse al amor por las letras, desgarrado, puede que sí, con sus determinaciones en tantas facetas de la vida, interrelacionándose con el mundo. Pero yo encantada de que tu visión sagaz y los chivatazos de Baudelaire hayan completado algunos de mis vacíos. Ése es parte del encanto de las letras, ¿no?
Gracias por todo ello. Un abrazo!

Susana dijo...

Stalker, siempre me ha llamado la atención (a veces incluso te lo he comentado) tu inaudita capacidad para explicar intensamente lo que estás leyendo. En muchas ocasiones, permíteme, superando al original poético.
Que en esta ocasión tus imágenes (con sus sombras, sus despeños, sus transparencias...) se refieran a un escrito mío es un auténtico premio.
Gracias por tu intensidad, y gracias también por tus azotes a fuerza de palabras desde Marienbad, que hacen posible y la confirman a una en el camino de lo escrito. Un abrazo