Cumplir

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Hoy cumplo. No ilusiones, ni sueños, ni mandangas. Cumplo más edad. Es media mañana de ese día, de mi entera propiedad, que es mi cumpleaños. Los humanos nos dividimos entre los que consideramos que nuestro aniversario es el día más importante del calendario, y entre los que no, que lo ignoran, no le dan la mayor importancia o incluso le tienen manía.

Es curioso cómo no me hace una especial ilusión añadirle una cifra a mi edad, y en cambio este día es de ésos que van descontando desde semanas atrás: 8 días para el día D; 5 días; 3 horitas!... Y así. Como los niños en Reyes.

Puede que tenga que ver con que ese día recibes montones de llamadas queridas (bueno, para mí es un montón, pero digamos que no tengo la oreja al borde la gangrena por pasarme el día al teléfono). Mensajes amables. Mails que no esperas. Y, oh surprise, hasta misivas en el muro de Facebook. Y te sientes rodeada por la gente más importante para ti. Como en un funeral, pero sin morirse, que es mucho más práctico e infinitamente más simpático. Un día, pues, en que esa parte del mundo subjectivamente más importante va a pensar en algún momento en una, quizás me dedique una sonrisa, una porción de energía positiva o incluso puede que me bese en directo. Así que ese día, el más mío, es una inyección para seguir sintiéndose apreciada el resto del año.

Pero hay otro motivo que le da una gran importancia a mi celebración. Yo me lo creo todo, sin preguntar, todo todo. El horóscopo, los números, el karma, las supersticiones, las señales del destino… Y no pocas veces le atribuyo fácilmente la causa de que tal o cual cosa haya salido de forma diferente a lo que cabía esperar. Así soy yo de práctica. Pues bien, según la numerología, hoy empieza el resto de algo que habrá de ser diferente.



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Esto lo escribía hace unas horas. Ahora está por acabar el día. Le queda alguna horita. Da sus últimos coletazos. Aún tengo algún sms por contestar. Hace rato ya que no tengo ganas de recibir llamadas. Y tengo la tristeza aquella de cuando se supone que todo ha de ser perfecto. No sé, como en Noche Vieja, por ejemplo, y llegas a casa mucho más pobre, con dolor de aguantar los tacones y habiendo vaciado muchas risas para nada.

Iba diciendo que a partir de hoy todo iba a ser diferente. Pero algo se le adivina a este día que sigue oliendo a rancio. Lo mismo que cuando se acerca el fin de año, y el aire se respira más espeso. Un nudo en la garganta sigue haciendo de las suyas, y recuerdo lo que significa esta humedad en el rostro… Sí, casi seguro que sigue siendo como ayer. Falta poco para que apague esta luz y amanezca en mañana. Todo seguirá igual. Probablemente…


Un beso a todos los que contribuyeron a hacer especial este día...

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4 comentarios:

Stalker dijo...

Feliz cumpleaños, te dejo un rastro de miguitas de pan hacia el bosque...

Kanela dijo...

Bon anniversaire! Los fines de fiesta siempre tienen algo triste. Dona temps al temps y esa kañera que vemos por aqui reaparezca.
De pronto pienso que si no fuera biografico y meto la pata! Igualmente mis mejores deseos.

Ramon dijo...

Lo que te dan los años, ciertamente, no es un cambio radical de tu realidad en el plazo de 24 horas. Te dan un poso que a tu/nuestra edad compensa, ya verás.
Y sin embargo, aunque esto sea cierto, también lo es que hay edades que son como una frontera. Nada vuelve a ser exactamente igual. Es como pasar de la edad moderna a la edad contemporánea: ya sé que es una convención, que nada cambia de la noche a la mañana. Pero también es cierto que existe un cambio sutil que nadie puede negar. Entre esto y los buenos deseos de tanta gente que te quiere... ¡Mis mejores deseos!

Susana dijo...

Día D+1. Gracias por vuestros buenos deseos, por conducirme a un bosque de alta poesía, por reconciliarme con lo que hay detrás de la frontera de la que habla mi querido Ramon. Día siguiente (o "día después", como dicen por ahí), y todo es ya diferente. Of course!! Besos!