Claudio Magris: 'Así que Usted comprenderá'

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Aterrizo en la obra de Magris después de leer que era “un texto magistral”, que abordaba “la laceración objetiva de nuestro corazón” o “allí donde la vida se traduce en literatura y la literatura se impregna de vida”. Vuelvo a mirarme de reojo el grosor del volumen. ¿Todo eso en tan poco? Tenía que ser un genio. En fin…

El texto es todo él la explicación en forma de monólogo de una mujer que reside en una misteriosa “Casa de Reposo”, en la que no le está permitido recibir visitas, que hace un repaso sobre su vida anterior al ingreso, para ir a parar al último párrafo de la obra, el que da título a la obra, y que justifica su negación final a salir de la Casa y regresar con su marido, a pesar de la desesperación de éste.

Pronto se intuye que esa “Casa” no es más que el reino de los muertos. Al que describe con poco atractivo: oscuro, brumoso, silencioso y, por lo demás, tremendamente parecido al mundo “de fuera”. Está comandado por un “Presidente”, que es el único que lo sabe todo, y que es el interlocutor directo de la mujer.

Todo el texto, sin mucha gracia, se dedica a hablar sobre la desesperación del que fuera su compañero después de que ella debiera abandonar el mundo, tras ser atacada mortalmente por una serpiente. Es, pues, la revisión del mito de Orfeo y Eurídice.

El Orfeo de Magris es poeta, y se dice de él que hace “preciosas canciones”. Dice la mujer que su mayor mérito poético reside precisamente en el dolor que le ocasiona su ausencia. Muchos de sus versos se los dicta ella, aunque él los toma y los modifica y desarrolla.

Qué importa que no fueran tuyos, eran tuyos, decías; el canto habla por todos, incluso por mí, que nunca sabría crear esos versos. Sabías que la poesía no es jamás sólo tuya, como el amor, sino de todos; no es el poeta el que crea las palabras, decías y declamabas, es la palabra que se le echa encima y le hace poeta. (…) ¿Qué importa de quién es ese canto si habla por ti, por nosotros?”.

Describe al escritor como caótico, dejado, olvidadizo, despistado. Encarnaría ese Orfeo un buen número de debilidades. Por lo que Eurídice se refiere a él con aprecio pero también con condescencia. Por el contrario, se refiere a un pasado del hombre como soldado en que exalta su capacidad organizativa y de resolución. Puede que no sea más que un prejuicio mío sobre esa clase de uniformados, pero me carga esta parte. Me carga que se le ocurra una sola reivindicación sobre la disciplina militar y me carga casi más que oponga esa dualidad tan simplona en boca de la mujer. Queda ella como una burda compañera materna, inspiradora de versos, sí, pero incapaz de entender el fenómeno creativo; secretamente deseosa de encontrar en su marido los antiguos caracteres del militar, que son los que, en definitiva, encarnaría ella.

De esta oposición entre el hombre creador y la mujer disciplinada surge lo que se va perfilando como una relación amorosa perfecta y complementaria. Ella le devuelve la claridad, le organiza la vida y le hace de guía. Incluso sexualmente: “tu mano era insegura bajo las mantas, fue la mía la que la guió y empujó adentro. Entrando en mí sentí que remontabas desde el fondo de tu miedo”. Es ese amor, que se describe como poderoso, el que lleva al Orfeo de la obra a las puertas del Hades. No obstante, me parece superficial cifrarlo en forma de comunión física:

“Sin aquella vez bajo las mantas (…) no hubieras tenido el valor de entrar aquí adentro, de bajar a buscarme aquí abajo, a la Casa, a este otro antro de tinieblas.”

Mientras que se le concede esa importancia máxima al encuentro sexual, la mujer en su monólogo le quita fuego a las infidelidades de él. Parece que apenas tiene importancia moral, ni para ella ni para él. ¿Por qué será que me suena a subterfugio?

Los motivos que mueven realmente al hombre tampoco parecen especialmente elevados: “solo allí fuera, había tenido miedo a buen seguro; tal vez por eso había venido a por mí. (…) No, no había venido para salvarme, sino para que le salvaran.”

Poca gente, además de ella, podía comprender lo que albergaba secretamente el poeta. Ella se ve casi en la obligación de justificarlo, hay una permanente condescendencia. Mientras que ese Presidente de la Casa de Reposo sí puede alcanzar a entender su alma: “Así que si ha dejado que viniera a buscarme es que tiene que haber leído su corazón mejor que yo, porque a veces hasta yo misma…”


Tenemos, pues, la relación con rasgos materno-filiales que justifica la petición del hombre; tenemos un ‘presidente’ del Hades que se apiada de él y le concede excepcionalmente que ella pueda regresar al mundo de los vivos. Pero el verdadero hallazgo, desde mi punto de vista, es situar en la mujer el desenlace frustrado de la concesión. En efecto, y por motivos que no desvelaré para el que quiera leer el libro (y que tampoco es que sean tan asombrosos), es la mujer la que, en el último momento se retiene, y decide que no es adecuado salir de nuevo. Para ello, antes de cruzar la última puerta, “le llamé con voz fuerte y segura, y él −yo sabía que no resistiría− se dio la vuelta.”

Sería éste un acto de generosidad. Una forma de amor entendida como renuncia. La vuelta al mundo de los vivos (al que ella querría salir desde el inframundo para volver al sol, al mar…) haría desgraciado a su órfico hombre. Por ello interrumpe su salida. Pues vade retro. La heroína sacrifica sus propios deseos por no perjudicar a Orfeo. Bonita muestra de amor ésa de fastidiarse a una misma y, en segundo término, al amado, porque se supone que sabe mejor que él lo que le conviene. De seguir los propios deseos, peligra incluso hasta el propio amor. Pues vaya. Si un novio mío me soltara una justificación así para no seguirme, pensaría de inmediato que era una excusa de aquéllas de cobarde. Pero si encima sospechara que se lo cree, pensaría que, muy bonito, sí, pero que menuda estupidez. El amor lleva en sí la renuncia, la requiere; la entrega amorosa supone concesiones. Pero cuando a lo que se propone renunciar es a vivir el propio amor… miau. Tiene algo de apostólico y romano ese sacrificio que de una primera intención que se supone altruista acaba por causarme bascas. No lo quiero cerca de mí, ese amor marisabidillo y de fines tan glorificados que es como una guinda en un pastel. Yo quiero revolcarme en el chocolate, y que otro se coma la guinda, que, aunque es muy bonita, nunca me gustó. La guinda engaña: parece perfecta, dulce y que hubiera de deshacerse en la boca. Pero cuando la masticas por primera vez con grandes expectativas, descubres el sabor acre que esconde, su verdadera naturaleza de hiel. No es amor, sino razonamiento encorsetado. Corona los pasteles de este mundo porque halló una escalera y el chocolate, inocente por naturaleza, se creyó sus mandamientos.

En definitiva, y sin meterme en aspectos ideológicos que a mí me han molestado un poco durante la lectura, es un texto sencillo, en que se abordan las cuestiones pasionales (el flashback del que se supone que era un gran amor; la desesperación del hombre tras la muerte de la protagonista) sin demasiada fuerza. La revisión del mito de Orfeo se hace sin apenas modificaciones. La leve descripción del Hades responde globalmente al concepto clásico, y hasta la mujer muere también por la picadura de una serpiente. Su potencia reside en leerlo en clave biográfica, puesto que Magris perdió a su mujer años antes. Pero la literatura no tiene que justificarse mediante las vidas, sino en todo caso al revés. Y si encima descubrimos que la mujer de Magris no era una matrona italiana de la vieja escuela, sino la escritora Marisa Madieri (de la que no he leído nada, por cierto), me resulta de una prepotencia encubierta que me cae como un tiro. Es cierto que hay una cierta reprensión sobre el personaje órfico, álter ego de Magris, pero muy relativa, como la que se le haría a la creativa cigarra frente a la laboriosidad de la hormiga.

Quizás sea objetivamente magistral este texto, pero a mí me parece pobre, autocomplaciente y, desde luego, no me parece excepcionalmente bello, como se dice por ahí. Tampoco Magris me parece uno de los grandes escritores europeos de la actualidad. Si no hubiera sido por llevarles la contraria a todos esos que defienden el librito a capa y espada, como una obra grandísima y profunda, no se me hubiera ocurrido hacer una reseña sobre ella. Pero como me ha tocado las narices gastarme 9 preciosos euros por creérmelos, aquí estoy, defendiendo a ultranza el chocolate frente a los mascadores de guindas.
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12 comentarios:

imaginari dijo...

Jo crec que els 9 euros han valgut la pena, fas un anàlisi del llibre complert i molt interessant, no se t'escapa res i poses les coses al seu lloc. Em refio més de la teva opinió que de la crítica oficial.

El que m'ha interessat és la necessitat complementària, l'estimul i la creació, la xispa i la matèria on comença la flama, la química catalitzadora de dos components, quan dues energies humanes es troben perque són sensibilitats afins i d'aquest encontre neix una expressió artística.

Però dura el que dura, mentre no apareixin Aristeu i les Bacants, que precipiten el camí als inferns dels enamorats. No hay dos sin tres ni cuatro. Els que ho sabem, preferim la individualitat (inassolible), tot i trobar-nos amb Caronte al final del camí.

Susana dijo...

Imaginari, interesante tu lectura del amor: ¿te quedas con la individualidad? ¿Quiere eso decir que no crees en el amor, que no te interesa? Siendo así, el barquero del Hades poco más podrá hacer por ti que dejarte pasar... Yo interpreto que el Orfeo de Magris sí se deja seducir por las bacantes, a pesar de que no parece darle demasiada importancia. Pero Eurídice huye de las insinuaciones de Aristeo.

Yo sí creo en el amor en clave de dos (donde los tres y los cuatro estén de más). Y si no nace de ese encuentro una expresión artística, sí creo que la combinación puede superar a la suma de 1 + 1. ¿Será por eso que así me va? ;o)

Menudo dominio de la mitología griega, corazón!! Gracias por tu comentario. Un beso (castísimo, que me has asustado).

Ramon dijo...

Tendremos que leer atentamente la crítica, pero me ha gustado leerte desde el norte, también caluroso. Confieso que Magris siempre me dio pereza, ahora más, claro. Te contesto con tiempo y sin contador que vaya dando las campanadas al revés: 15, 14, 13, 12... Besos

Susana dijo...

Ramon, qué sorpresa! Voy rápidamente a enmarcar esa entrada que debe haberme llegado desde Bélgica ;o)

Pero estoy muy enfadada contigo!: ¿Cómo no me avisaste de que Magris daba tantísima pereza? Deberían poder devolverse los libros que fracasaron en uno... (vale, les haría un descuento por los subrayados, que a pesar de todo algo he marcado). Especialmente aquellos que dejan un mal sabor de boca sobre cosas tan fundamentales como el amor...

Quiero mis 9 euros de ilusión perdida durante... ¿tres días?

Gracias por pasarte desde tan lejísimos y con tan poco tiempo. Me ha hecho muuuucha ilusión!!
Un besazo!

imaginari dijo...

Jo interpreto a Orfeo com a un símbol del do creatiu. Viure un infern pot generar expressions artístiques sublims. L'amor, en quant a entrega de les emocions a un altre, pot provocar un estat d'entusiasme tal que l'artista transmet allò que està més enllà de la seva comprensió.
Orfeo canta l'entusiasme i també el sofriment. Emociona a Caronte, i aquest el passa amb la seva barca al Hades.


En el segon parràgraf, queda clar a que em refereixo; no a l'amor si no a la creació artística. I en aquest aspecte és que parlo de la individualització. Un altre cosa son els estímuls, els catalitzadors. En el cas d'Orfeo és l'amor, però ell ja te el do de la expressió musical.

Per altre banda, les Bacants (segons la mitologia) acaben arrancant el cap d'Orfeo que es resisteix a les seves seduccions, tal és l'amor i la fidelitat que sent per Eurídice, catalitzadora de les seves creacions més intenses.

A qui no li interessa l'amor? si parlem del passional tothom voldria en algun moment de la seva vida passar per aquest tràngol. Subsistir ja és un altre cosa.

Algú va dir que el matrimoni és cosa de tres ;) Però no farem matemàtica de l'amor, tot i que Pitàgores estaria d'acord, al cap i la fi la doctrina òrfica és el complement de la dionisíaca.

Un peto cibernètic ha de ser forçosament cast, a no ser que viatgi amb la barca de Caronte.

MARIEL dijo...

No puedo dejar de avisar: Ya el primer párrafo es glorioso (Susú-esco). Ahora sigo leyendo.

MARIEL dijo...

Susú, alguien tenía, sí, que pegarle a Magris. A mí me gustó "Danubio" pero no la percibí como una "novela" sino como una crónica de impresiones sobre la "vieja" y la "nueva" Europa. Leí algunos ensayos sobre literatura alemana, que me parecieron bien y punto (no soy experta en el tema). Y un par de novelas que no recuerdo, por lo que mucho no debieron impresionarme. Una, particularmente, me resultó extraordinariamente pesada. Recuerdo que avancé en ella nada más que para entrenar el italiano. Y te comento que, en persona y en mi escasa experiencia como asistente a una charla que dio en la Feria del Libro de Buenos Aires, es ... un bostezo. ¿No podés borrar las marcas del libro y cambiarlo por otro, diciendo que lo compraste para hacer un regalo de cumpleaños y que el agasajado ya lo tenía?

Tu tesis sobre la guinda es extraordinaria.

Yo creo que la Eurídice en cuestión, dada la clave sexual de la relación, no quería volver a salir porque a esa altura a Orfeo ya no se le paraba. Perdón por el exabrupto, pero Juana de Arco hubo una sola.

O sea que la novela es una variante literaria del tristemente célebre "Nos sos vos, soy yo. No puedo estar con vos porque no quiero herirte". A mí me dicen eso y les parto la cara.

¿No dice en algún momento: "Necesito tiempo, Orfeo. Estoy confundida" (que ya todos aprendimos a traducir como el "estoy a punto de patearte pero estoy pensando la manera")?.

Ya la imagen de tapa hacía presagiar lo peor. Y las alabanzas críticas. Pero ha sido coronado Magris-Rey, es verdad.

Como el título de la peli, entonces, "quémese después de leerse".

Lástima que es verano y por allí hace tanto calor. Esperá que llegue el invierno para quemarlo, así sirve al menos para calentarte las manos y gozar del morboso placer de reducir a Magris a cenizas.

Besos de otra que se revuelca en el chocolate.

sin reglas dijo...

no se que me hizo perder el interes por magris, pero surtio efecto.

tu excelente critica, negativa pero engancha y se lee de un tiron hasta el final, me convence que algunos de mis instintos literarios estan fundamentados.

cada vez creo mas en el amor con espacios personales.
estar con tu pareja sabiendo que tiene unos espacios suyos, un tiempo personal.

me gusta la idea de dos personas compartiendo la vida, pero siendo protagonistas cada uno de la suya.

teorizo, claro, porque la practica la tengo un poco dejada de lado.

pd: tengo que tomarme un poco de tiempo para comentar una por una los excelentes gustos de la columna de la izquierda.

Susana dijo...

Imaginari, qué desastre! No me lo tengas en cuenta: este calor acelera la siesta neuronal. Cuando hablas del encuentro de las dos energías humanas (que juntas hacen algo más elevado, eso sí) y dices "Però dura el que dura, mentre no apareixin Aristeu i les Bacants, que precipiten el camí als inferns dels enamorats", entendí que te estabas refiriendo a ese encuentro emocional. Llamémosle amor o de otra forma.

Tienes razón en que ese producto de sublimación del encuentro también "dura lo que dura". Sea en forma de arte, de sentimiento de tal elevación que nos acercaría a los dioses, o de comunión con la otredad que, aunque nos regrese al individuo que somos, nos devuelve ya modificados. Creo que es una suerte inmensa haber disfrutado sensaciones tan mágicas como ésas, y creo que hay una dificultad añadida para uno mismo, en cuanto a desencanto, y para la pareja, en cuanto a una evidencia de ganar distancia, para proseguir el camino juntos habiendo descendido de las más altas cúspides.

Pero una cosa es el mito, y otra, desde mi punto de vista mucho más banal, la recreación de Magris. Donde no se le presta ni pizca de atención a ninguno de esos estadios. Tu comentario es mucho más interesante que su libro, digan lo que quieran los críticos y los editores. ¡Apa! Ya me he despachado!

Gracias por este segundo comentario a una misma entrada. Ha sido enriquecedor seguir leyéndote. Un besazo (que, por cierto, no siempre tienen el mismo grado de castidad... creo que debo tener un grado tal de perversión que a veces mis mails han llevado una carga erótico-festiva que ríete de los "aquí-te-pillo..." que escandalizan a los pepeístas. Que para algo una utiliza la imaginación muy libremente).

Susana dijo...

Mariel, me he empezado a partir de la risa desde el principio. Y eso que siento una cierta vergüenza por opinar de Magris después de un solo libro y algunas críticas, cuando tú (como Stalker, casi siempre también)lo has leído casi todo! Menos mal que te pareció bostezante, sino ahora estaría muerta de la vergüenza por opinar por esas 50 y tantas paginitas tan pobremente trabajadas desde mi punto de vista.

¿¿¿Así que a Orfeo ya no se le levantaba??? Jajajajjaa. Tanto canturreo sobre la exaltación de una sargento de esa calaña acaba por provocar en él una necesidad casi de celibato, ¿no? jajajaja. Eres aún más tremenda que yo. Y cómo me gusta tu capacidad de malicia ante un rey (sea borbón o ma(l)-gris).

Soy tan poco organizada que nunca tengo a mano lápices cuando se trata de marcar un libro. ¡¡Por no hablar de regla, maquineta o goma!! En este caso, además, sentí unas ganads tremendas de anotar en el margen cosas del tipo interlocutora del de "no sos vos, soy yo" pero en plan bruto. Podría incluso haber tachado páginas enteras, de ésas que me iban hinchando las narices a medida que acompasaban la defensa de una forma de amor que me despertaba las mayores tirrias.

Chocolateémonos, Mariel. Ensuciémonos mientras gozamos. Que para esos pseudo-amores pulcros ya están los insatisfechos orgullosos.

Besos con bigotes marrones y sonrisas de oreja a oreja.

Susana dijo...

Sin reglas, ¡qué amable eres conmigo! Dices que se lee del tirón, pero sospecho que el descenso radical de comentarios para esta entrada (teniendo en cuenta los dobles de Imaginari y Mariel) se deba a que es un tanto pesada (ejem). Y te diré que para criticar yo también me baso en mis instintos. Hay que decir que me sale mucho más fácil el enojo en cuanto se endiosa a alguien que considero más o menos mediocre, ´lo que no es más que otra forma de instinto.

E instintos son también mis gustos de la columna izquierda. ¡Qué bien que te hayas fijado en ellos, y que te hayan gustado! Probablemente digan mucho más de mí que veinte entradas juntas...

Recuerdo uno de los primeros días que entró la amiga Mariel en el Cajón y me dijo entusiasmada que a ella también le encantaban los turbantes! Fue una primera toma de sintonía, digamos. Yo considero esa columna como mi forma de situarme en el mundo. Luego ya viene lo que siento, lo que pienso y todo lo demás, pero es como si no quisiera engañar a nadie, y sintiera la necesidad de decir: esto soy incluso aunque no esté pensando ni sintiendo. Antes de levantarme siquiera ya soy así.

Pues nada, Sin reglas, no puedo menos que darte las gracias, por tu comentario y por tu forma encantadora de aterrizar en este Cajón, que es también el tuyo...

Un beso agradecido y sonriente!

sin reglas dijo...

acabo de leer los comentarios y no he parado de "escojonarme" con el de mariel.

el "no se le para" y el "no sos vos, soy yo" me han parecido geniales.

a mi me dicen lo segundo y tambien le pateo en algun sitio que le duela.

susana, soy amable para mayor alegria mia.
pero contigo no es amabilidad, es justicia.

pd: el personal no entra a comentar porque no lee a magris y no sabe que poner.