Cosas para las que no da mi coco (II)

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Que si humedades, que si bichos, que si bacterias… La comida de nuestras casas se expone a una infinidad variopinta de peligros. ¿Que quieres que algo se conserve en óptimo estado? Pues a ponerlo en la nevera. Aunque no necesite frío. Luego pasa que buscas las aceitunas y tienes que sacar botes, tuppers, cajitas, bolsas, latas y alguna que otra botella para dar con ellas. El brazo ‘tonto’ no da más de sí (porque el ‘listo’ está atareado cargando y descargando, que es lo que nos acostumbra a pasar a todos los que vamos de listos), en la boca te han cabido dos latas de anchoas y el tapón de la mostaza, con lo que eso da para la imaginación catastrofista, y sobre la rodilla en equilibrio has acomodado las sobras del domingo, mirándolas de reojo, sin ganas de replantearte su supervivencia. Pero aun así, las aceitunas siguen jugando al escondite. Te preguntas por qué no envasarán todos los alimentos en monodosis. Te preguntas incluso por qué no te las acabarías aquel otro día, con lo ricas que estaban. Y, sobre todo, te preguntas si es tan importante comer aceitunas en ese momento o con las sobras del domingo sobre unas rebanaditas no se harían las veces de aperitivo. Acabemos con los dramas: obliguemos a los fabricantes de cocinas a que todos los muebles incorporen cierres herméticos, como los de las neveras, y que no haya ni una sola hormiga a tres kilómetros que huela nuestro paquete de galletas a medias.
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15 comentarios:

Ramon dijo...

Susana, qué bueno. A mí suele pasarme algo añadido a todo lo que tú cuentas: siempre me cae algo (generalmente las sobras del domingo que, como imaginarás, no soy yo quien decidió guardarlas). Estas ráfagas del cajón, tan graciosas, nos provocan una sonrisa y nos reconcilian de paso con el domingo.

imaginari dijo...

Susana, cómo llego a comprenderte, aunque no es tan fiero el león como lo pintan; mi cocina tiene híbridos de cucaracha y ratón, imagínate la millonaria cucaracha (lo digo por la antigüedad del animal, pues que yo sepa no apuesta en loterías)con sus dientes y colita de ratón, que portento de la evolución. Ésas mutaciones tienen, a bien seguro, sus causas en la acumulación de platos en mi lavadero junto a los restos de comida casuales que durante la elaboración de mis cenas caen en el suelo, sean de huevo, tomate, lechuga o higos. Mi nevera al estar siempre llena de mis camisetas y calzoncillos pues en verano es un alivio ponérmelos antes de salir a la calle ya que el frescor que me proporciona es mucho mejor que cualquier desodorante de los que, dicen, consigues ligar tanto en los ascensores, así que la comida que sobra la dejo en la mesa para que al día siguiente ocupen el lugar de mi ropa interior, pero claro, en verano en pocas horas las sobras de la cena se convierten en carroña.
Y las bacterias, que encanto, hay a quien le gustan los cactus, seguramente porque no hay que regarlos a menudo, no es el caso de las bacterias, que florecen solas, las más espectaculares son las del pan Bimbo dentro de las bolsas de plástico, que maravilla de transmutación cromática. Pues bien, toda esa flora y fauna que decora mi cocina hay quien no sabe apreciarla, sin ir más lejos en una de esas cenas de vecinos, “sopar de germanor”, que reúne a la mayoría de colaboradores de las fiestas del barrio en mesas kilométricas cuyo único inconveniente es no permitir el paso al resto de paseantes por causa, como no, de la estrechez de sus calles, pero que compensamos generosamente con hacerles partícipes de la fiesta a ellos y a los que, por timidez seguramente, no han querido compartir un lugar a nuestro lado, digo pues que les hacemos partícipes de la música tan selectamente escogida por la comisión de fiestas a todo volumen, así que en sus casas tienen nuestro recuerdo a ellos dedicado sabiendo que amenizamos su silencio, pues suelen ser individuos que no nunca ven la tele.
Pues bien, en esa familiar cena conocí a una de las vecinas a quien, tras la confianza necesaria, invité a mostrarle las prácticas sexuales que mi actual novia practica conmigo.
Al llegar a casa le pregunté si quería beber algún refresco, soy muy detallista con mis ligues, me dijo que una coca-cola sería una buena idea, claro, como no, le dije, ves a la cocina en la nevera queda alguna fresquita, están bajo los calzoncillos verdes, se quedó un poco parada, quizás pensó que se la serviría yo, pero estaba muy entretenido desabrochándome los botones de mis tejanos Levi’s. Aaaagghhhh! fue su grito al entrar en mi ecológica cocina, de la cual no tardó ni un segundo en salir diciéndome que era un guarro y menuda pocilga de cocina tenía. Se marchó sin siquiera agradecer mis intenciones docentes. Esas personas tan ordenadas y limpias nunca podrán saborear los placeres más perversos de la sexualidad.
Así que, Susana querida, olvidémonos de la nevera, a no ser que refresquemos nuestras intimidades y reclamemos, como bien dices, un menú degustación en pequeñas píldoras cuyo fabricante sea nuestro mejor empresario de todos los tiempos, Donald Rumsfeld, directivo del laboratorio farmacéutico GILEAD SCIENCES que patentó el Tamiflu, medicamento contra varios tipos de gripe, mucho antes de la aparición de las gripes aviar i porcina, eso es ser visionario. Todo sea para el bien de nuestra salud, contra las infecciones de los restos alimenticios, Rumsfeld-Pill Food!.

Besos porcinos.

emeygriega dijo...

Ja, ja, qué loco. La semana pasada sentí lo mismo frente a mi heladera y me puse manos a la obra. Como no me gusta tirar comida, se recicló cada una de las podredumbres que almacenaba en mis prolijos plásticos, a excepción de una salsa golf que de hedionda no podía usarse ni para hacer cerámica.
Definitivamente, mi coco no da para estas cosas en este momento. (que buen nombre el de esta secuencia).
Ahora debo abocarme a la limpieza de mi placard y de solo pensarlo me descompenso.
Ah, el discreto encanto de la burguesía!

emeygriega dijo...

Algo más: hay unos pequeños bichitos en el motor de mi lavarropas, en tibio nido. Quiero pensar que son un insecto de zonas cálidas pues la sola idea de que se trate de cucarachas bebecitas no me deja dormir pensando ¿y dónde están los papis de estas cachorras? quizá salen a recorrer la casa de noche?
No puedo más.

luka dijo...

La situacion mas normal de mi nevera es: vacia.

Comprendo que no reponga, pero podria avisar. Despues de todo compartimos casa.

Tu peticion es cabal, pero en el fondo sabes que despues no adivinarias en cual de los cajones hermeticos has dejado las aceitunas.

Dudo entre pensar que es cierto lo que dices y tu coco no da, o (lo que yo creo) que el insomnio hace la noche muy larga y que medio dormida no encuentras las aceitunas ni, si te descuidas, la nevera.

LUG dijo...

El universo del frigorífico.

Me gusta abrir el frigo y contemplar su interior como si fuese una mandala. Me viene de familia. Siempre que acudimos a la casa de los otros, lo primero que hacemos es ir a su nevera. Si la nevera está "poco llena" - no te sucede a tí, por lo leído - entramos en trance melancólico. Mi hermano, caínita, dice a mis padres que sólo llenan la nevera cuando yo llego. Es injusto pero lo dice.

La nevera es mi confesionario. Estos dos últimos años he engordado un montón por culpa de las matemáticas y mi hijo. Es pavloviano - lo del perrito que saliva al oír campanas, ya saben -: yo intento que mi hijo se centre en el estudio y él me sale con todo tipo de impertinencias y otras obscinaciones adolescentes. No tengo paciencia y reniego el fruto de mi vientre. Me acuerdo del panteón hindú de deidades y voy a la nevera, busco en ella mi salvación, algo que pueda comer de un trago (salvajadas del tipo cucharada de mayonesa, "puñao" de fiambre, filete frío del día anterior... cualquier cosa suicida). En los últimos meses, sin embargo, adelgacé más de diez kilos. Abría la nevera y la miraba on ojitos tiernos sin tocarla, como si fuese una antigua novia que se nos ha casado, como una novicia que oculta sus senos entre hábitos blancos e inmaculados...

Susana, campeona de la cotidianianidad pretextada / pre- testada con las más exigentes herramientas de indagación y valoración.

¡Salud y neveras!

Susana dijo...

No son horas de ir contestando decentemente los comentarios (fabulosos!) que habéis ido dejando, especialmente después de una noche tan mal dormida como ésta.

Sólo quería aclarar que, además de para la organización neveril, mi coco no da para entender por qué no hacen todos los muebles de cocina con el mismo cierre que el de la nevera. Con lo tentadora que es la comida para tantos entes desagradables! Me parece de perogrullo dejar la comida a salvo. Tanto -con lo poco que yo entiendo de ciencia- que me da que debe de haber gato encerrado. Por ahora, lo único que soy capaz de ver es que se inventan cierres de seguridad para que los pequeños no se peguen un atracón de chocolate, y en cambio permiten que los bichitos (aunque sean tan tiernos como los de emeygriega), los mohos y las bacterias accedan a los armarios para hincharse a comer y procrear.

Pues no, que mi coco no da para eso...

Besos! Sigo en un momento mentalmente más decente (espero no quedarme así para siempre!).

sin reglas dijo...

evidentemente no hacen todos los muebles de cocina con cierre-lavadora porque (a) en la fabrica no tienen hormigas y no se percatan del problema. (b) tienen acciones en los polvos mata hormigas (c) son gente generosa y saben que necesitas en que entretenerte en tus insomnios.

para el problema de las hormigas hable con la asociacion de arañas a domicilio y adopte una, la tia se ha puesto tan grande que se ha adueñado de la cocina.
cierto que me he quedado sin cocina, nevera y tal...pero hormigas ya solo las encuentro en el salon.

aun asi estas a tiempo de crear una empresa para fabricar los muebles que describes, o te montas en el dolar o ya tienes de que preocuparte las noches de insomnio (de las facturas).

Susana dijo...

Ramon, lo veo claro: a ti "se te caen" las sobras porque tu inconsciente actúa con decisión "no pienso comerme esta masa informe recalentada"... ¿cómo me las maravillaría yo? Pues nada, a dejar actuar al inconsciente.

De todas formas, en la entrada hay que reconocer que yo he hecho constar sólo los equilibrismos que salen bien. Si te contara la de veces que acabo con el tupper por los suelos, la mostaza coloreando los azulejos, la coca-cola estampando anárquicamente la cocina... la próxima vez que vinieras a casa lo harías con chubasquero, por lo que pudiera pasar.

Esta "ráfaga", amigo, es tan real que sólo me atribuyo el dudoso mérito de permanecer insomne mientras siento el capricho de degustar unas olivitas. Y, naturalmente, no hay nada peor que liarse a fregar cuando ya estás de mal humor por no poder dormir... ¡Cierre de nevera en los armarios YA! Os enviaré una convocatoria para la próxima manifestación ;o)

Besos ya de lunes!!

Susana dijo...

Imaginari, tu problema creo que es mucho más grave que el mío, y dudo mucho que se solucionara con un simple cierre en los armarios. Por supuesto, también complica las cosas que la nevera sirva como armario de ropa interior (visto lo visto, igual te convendría en algunas ocasiones nocturnas guardar los calzoncillos directamente en el congelador!). Sólo puedo aconsejarte que te refieras a tus platos como plantas, y a tus cucarachas mutantes con cara de ratón como hámsters amaestrados. Y si encuentras un rincón adecuado en la cocina, igual no te iría mal del todo hacer hueco para unas pastillitas monísimas, de las que recetan los psiquiatras. Puede incluso que en el cajón de las verduras te quepa una camisa de fuerza.

Para tu consuelo, te diré también que no te perdiste nada: la que no aguanta una coliflor en la nevera que un día fue un plato de macarrones, estará buena, pero es de las que echa polvos con guantes. Y si hubiera verdadero amor, ya se sabe, hubiera recolocado tu pseudo-invernadero-heladero adornando el barrio: concretamente, los contenedores, que son muy feotes.

Cómo me he reído con tu comentario, Imaginari. Hay que ver lo que da de sí tener problemas nevereros! También sufres de insomnio?? jiji. Gracias por amenizar lo que Lug llama "notas al pie" de una entrada.

Un beso grande como un frigorífico!

Susana dijo...

Emeygriega, cómo me he reído con tu salsa apta para hacer cerámica, jajaja. Eso sí es reciclaje, y lo demás son tonterías!

En la próxima "cosas para las que no da mi coco" verás mi propuesta para que esas cosas no pasen...

Ay, el nidito de cucarachitas! Eso sí me parece un problemón, pero de alguna forma te aconsejaría que no permitieras que se hicieran "papis" a su vez. Lo que me pregunto yo es cómo rayos has descubierto la sala de neonatos que se alojaba en.... ¡un motor de lavadora! Como dijo aquel músico sabio, "ni más ni menos" (ya sabes: llega el viento y las marchita, y luego, ni se sabe cómo, van a parar a nuestras neveras!). El mundo es injusto.

Gracias por volver a pasarte por aquí, Emeygriega!! Un beso incorrompible y grandísimo!

Susana dijo...

Luka, no creas: parezco tremendamente desorganizada, lo sé, pero en el fondo tengo algún tipo de lógica interna en mis armarios: aquí las cosas pequeñas y redondas; aquí las cosas larguiruchas; en este otro armario, las amorfas... Por el momento, ese mismo problema de almacenaje extraño de mi nevera no lo tengo en mis armarios de cocina. Si no,para lo que no daría mi coco es para entender por qué no se hacen armarios-ascensor o algo similar.

Tú, claro, con la nevera vacía... así cualquiera! Por eso no entiendes mis gravísimos problemas a la hora de tener que guardarlo todo en la nevera y encontrarlo después.

Eso sí, doy fe de que en mis insomnios, y por más zombie que ande, acostumbro a encontrar sin ningún problema la nevera. Vamos, a encontrarla y asaltarla o, lo que es lo mismo, instaurar métodos para contribuir a su vaciamiento. Llámale inteligencia o instinto, si quieres. En eso, confía en mí, soy un fenómeno.

Besos a neveras llenas!

Susana dijo...

Lug, querido gurú, tu acercamiento neveril, apto para entrar en melancolía o en respeto virginal, me ha impresionado sobremanera.

Creo que para mí no tendría mucho efecto contemplar a mi frigorífico (ya lo digo en masculino, a ver si cambia algo la cosa) como novio virgen y no 'atacable'. Imagino que eso me sitúa en una franja de perversión que no estoy segura de merecer. Y desde luego, me sitúa en una situación poco propicia a la de ir perdiendo kilos alegremente, por mera contemplación. Es lo que tiene ser así de terrenal para la cuestión de los placeres.

Ante mi nevera, para decirlo de forma ilustre, "no cogito", ergo, supongo que "no sum". Y que le den a Descartes!

Espero seguir aprendiendo de tus métodos, apreciado Lug. De momento, disfrutando con tus textos, puede que esté en el camino...

Besos aprendices!

Susana dijo...

Sin reglas, por fin entiendo por qué ningún fabricante ha pensado aún en el cierre de los armarios. Suerte que estás tú ahí a lo wikipedia personalizada para explicarme...

Lo que es yo, una gran inversión no estoy en condiciones de hacer para montar empresas, pero si tú pones el capital, yo estoy dispuesta a patentar la idea y a llevarme un modesto beneficio del 50%... Cualquier cosa será mejor que adoptar una araña tamaño nevera que acabe con las tiernas hormiguitas. Me he vuelto ecologista de golpe!

Jiji, qué cabeza la tuya, no hay maldad que no se te ocurra!!

Besos enormes como tarántulas nevereras.

MARIEL dijo...

Cómo me han hecho reír, dios santo. ¿Te das cuenta, Susú, como tus reflexiones insomnes nos destapan el inconsciente y hacen de los comentarios un auténtico confesionario personal? La sala de neonatos de Emy y la contemplación mística de Lug (la heladera como una novicia) no tienen desperdicio, como tantos que se acumulan en la heladera. Acá funciona como una cámara de hibernación, digna de Walt Disney: todo va a la heladera, para no pudrirse, para durar. Un día nos meteremos todos adentro, los perros incluidos, y alcanzaremos la inmortalidad. Y cuando descubramos que es insoportablemente aburrida, no podremos salir. Toda ella será un gran sector de congelados y no habrá nadie que nos abra la puerta. Ves, que tu escritura hace desvariar para bien, que no es lo mismo que desvariar para mal.

Un abrazo enorme, a salvo de las trampas y los fríos polares de las heladeras.