Elogio del chucho (el valor de la diferencia)

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Uno de mis primeros trabajos como correctora y redactora fue en una revista de perros. Como soy una gran amante de los animales, en un primer momento estaba contentísima. En mi disculpa insistiré en lo evidente: era joven e inocente.

Pronto me di cuenta de que la práctica totalidad
del contenido consistía en descripciones sumamente estrictas de cómo debían ser las diferentes razas de perros (medidas, colores, largo de pelo…) y en relatos de concursos en que se valoraban esos rasgos. Leía estupefacta que habían descalificado a un perro porque su altura hasta lo que llaman la ‘cruz’ (entiéndase en los dos sentidos) era un centímetro menor de lo aceptable, o porque era levemente más chato que su estándar, o incluso porque al posar no estaba suficientemente erguido o su cola con una rectitud impecable.


Seguramente, si se diera el poco probable caso de que me leyera algún obsesivo de las marcas que esté pendiente de tonterías del tipo “es que Loewe remata los bolsillos con hilo beige”, justificara estos patrones inflexibles, y defendiera a ultranza el principio del rigor a la hora de valorar cada una de las razas. Y, naturalmente, y que nadie se me ofenda, si me leyera un nazi también hablaría de la importancia de la perfección de las razas.

De la misma forma que las personas nos resultan más o menos atractivas en función de un millón de parámetros subjetivos que, desde luego, no tienen que ver con fachas impecables y huecas, defiendo con vehemencia al perro no estándar, al chucho, al ‘mil-leches’. Casi diría que cuanto más imperfecto mejor. Con los 2.000 euros que cuestan algunos de estos individuos “puros”, se podría alimentar durante un año a buena parte de los chuchos de una perrera. Reconozco que me cuesta entender el concepto: ¿quién y por qué prefiere que un compañero del alma provenga de unos progenitores que parecen fabricados en serie, o con un pie de rey que garantice que no haya ninguna desviación de una norma que algún aburrido se inventó? Y reconozco también que me cuesta respetar ese tipo de criterios.


Es por eso que tuve una muy agradable sorpresa cuando recibí el correo electrónico de la protectora de Jaca. Es la primera vez que tengo noticia de algo así: Hada (2009), que se celebrará el próximo domingo, 16 de agosto, en la plaza de San Pedro de Jaca a las 19 h, es un concurso para chuchos, y la única condición indispensable para inscribir a nuestro animal es que no sea de ninguna raza. Uno de los puntos más valorados es la simpatía de nuestro amigo, y les trae al pairo la altura hasta la cruz, si el marroncito claro tiene toques fuego, o si posa como Rintintín o como la Esfinge de Gizé. Con los cinco euros que cuesta la inscripción se conseguirán fondos para seguir dando segundas oportunidades a más animales, para promover la adopción de esos desheredados con mala fortuna, frente a la compra de grandes razas.
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Cada uno de esos chuchos sin suerte provendrá de una mixtura única, será una miscelánea especial, una afortunada promiscuidad genética, porque eso es lo que son: únicos y excepcionales.

Bienvenida la belleza alternativa, la de los chuchos sin pedigrí, la de las narices grandes y los cuerpos imperfectos. Bienvenido el flechazo por la fuerza de una mirada, por una sonrisa abierta o, si me apuras, por un bolso sin remates. Bienvenidos todos aquellos que se desmarcan. Aplaudamos la diferencia.
Amemos la imperfección. Aprendamos de la disparidad.
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(Nota: si sabéis de alguien que quiera compartir su vida y su afecto con un perro o un gato, recordadle que hay miles de animales a los que les urge ser adoptados. )
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24 comentarios:

MARIEL dijo...

Ahora lo leo, ahora lo leo, pero ¡estoy que me salgo de mí misma!. Amo esa foto. La miro cada día. Cada día paso delante de esa foto y rozo la imagen con la punta de los dedos. La tengo sobre una mesita en el living, al lado de mis piedras mágicas y las tacitas de té. ¿Cómo puede ser que elijas esa foto? Esa foto ...

Susana dijo...

¿Que cómo puede ser, hermana? Recupero a Bécquer, con sus cosas buenas y sus cosas tremendas, y te digo "¿Y tú me lo preguntas?". ;o)

Sorpresa tras sorpresa...

Besos gigantes y simétricos.

MARIEL dijo...

Ya mismo te envío la prueba fotográfica vía mail, hermanita. Que acabo de sacar las fotos. Ahora van.

LUG dijo...

Ayer en la radio, dando vueltas al calor y dejando hacer al lexatin, escuché un programa sobre la señora Bergman, sus relaciones con su hija Pia, los problemas que conllevó sus amores con Rossellini... ¿Se sintió ella perrito sin pedigrí, la más perdida de las perras traidoras al sistema estelar por aquel suceso después de ser durante años la gran perra de la virtud, la reina de las libertades y la serenidad? ¿O logró mantener la dignidad? La foto es ambigua. Dejo a las mujeres la hermenéutica de esos labios.


No me gustan los perros ni quisiera animales en casa ( me basto).No soporto la obsesión por los perros clónicos - sobre todo esos perros macarras que tanto abundan. Me molesta la gente que se acerca con su perro suelto y dice "tranquilo, que no muerde" y que es incapaz de entender tus miedos. Pero lo que me resulta realmente insoportable es esa gente que maltrata a los perros caprichosamente, para que aprendan no sé que álgebras, que les patea o les mata. Una de las imágenes del horror es, par mi, la visión de un perro ahorcado. Es materia prima de todas mis pesadillas.

Respecto a los obsesionados con el estandar perruno, soy indiferente. Me parece una costumbre un poco idiota pero muchas de mis costumbres son también idiotas. En todo caso, la iniciativa de Jaca me resulta divertida. Como yo me siento un poco perro ratonero, y como me gusta sentirme orgulloso, me parece genial (¿genial?) la iniciativa de congregar perros simpáticos.

Pero no quiero un perro, Susana, de verdad. Mis padres ya tienen uno. Engorda y cada vez se parece más a una tortuga (Digo: esto no es metáfora, no soy yo el perro de mis padres). No quiero. Pero me gusta tu texto y por eso escribo.
Que lo pases bien

imaginari dijo...

Així com la foto de la entrada anterior, les dues mans, semblava la baralla de dos galls, (les dues marionetes?), amb els dits encrestats, i a punt de picotejar-se, la foto d'avui si assembla a un quadre de Munch, "Dones en un pont". En el quadre tres noies miran el riu recolzades a la barana d'un pont. Aquí les noies ja han envellit i el que observa'n és un altre món molt allunyat al seu, però, gràcies a la naturalitat de la Ingrid, és un món complementàri. M'agrada tant aquesta actriu, podria ser un dels meus "chuchos" preferits, tot i que el pedigrí de les tres dones és entranyable.

Respecte als animals, als que m'agradaria veure en llibertat, els utilitzem a "nuestra imagen y semejanza".
Jo no defendria cap concurs de gossos, ni en el cas que s'anomenes aquest concurs com el de la chchería, animals de poca importància però delicats.
Fellini va portar al cinema una gran paròdia sobre les passarel·les de la moda i l'habit de tota la jerarquia catòlica. Els concursos sempre m'han semblat esperpèntics.

unas carantoñas para la defensora de los animales.

MARIEL dijo...

Mi querida Susú, mis tres peques no son chuchos, pero los tres están falladitos y por eso fueron elegidos. A uno lo rescatamos del fondo de un canil y a fuerza de aprender a reconocer el "aura" y espantarla con caricias sospecho que también le espantamos la epilepsia; el otro no daba para concursar, porque es demasiado dulce y tímido y para todo pide permiso (le faltaba "actitud"). Y el tercero venía con los maxilares un poquito desequilibrados, lo que lo descalificaba de plano para la pista. Mi hermano, que es veterinario porque desde que tuvo uso de razón quiso "curar" perros, sabe (como tantos sabemos) que a los chuchos los ha curtido el dolor y el abandono y el amor les hace temblar las patas de la alegría. Que la melancolía de sus ojos es realmente insondable. Uno de nuestros chuchos "conocidos" se cruzó la ciudad durante dos días para volver al umbral de la casa donde quería que lo recogieran. En el cementerio más grande de Buenos Aires duermen y se tienden al sol y soportan la lluvia una banda de chuchos que no pueden vivir sin su amo (aunque su amo esté bajo tierra desde hace años). Hace poco los vi y presentí, como tantas veces, la existencia de una fuerza trascendente que solo nos es dado conocer contemplando a los animales. Esa revelación se la pierden quienes no los miran a los ojos. Y esa es la verdadera cruz. Besos chuchos, chuchos.

Stalker dijo...

Elogio de chucho, del mestizo. ¿Es que no somos todos mestizos?

Los mecanismos de exclusión, siempre presentes, siempre ridículos. Un amigo catalán me dice que ha tenido bronca con su padre porque, al presentarle a su novia, el padre puso el grito en el cielo porque era charnega (para Mariel, el charnego vendría a ser un inmigrante, se aplica al inmigrante andaluz en Catalunya; yo mismo, sin ir más lejos). Increíble, pero cierto.

El nacionalismo central nos tiene acostumbrados a la barbarie sistemática, pero a veces el nacionalismo periférico nos ofrece una tristísima y dolorosa imagen especular del primero.

Parece un ejemplo ajeno pero no lo es porque en ambos casos se trata de salvaguardar, supongo, cierta pureza ilusoria, sin entender que en el mestizaje está la mayor riqueza.

No sé si Obama habrá comprado ya el perro para sus hijas, pero me gustó que dijera que quería a un chucho, "un mestizo, como yo". No sé si esa respuesta estaba programada dentro de la gigantesca operación de márketing que rodea a un presidente o aspirante a la Casa Blanca, pero sentí una gran simpatía por Obama en ese momento (o por sus asesores).

Siempre tuve chuchos y son maravillosos. Me los comería. Deliciosos.

abrazos

Stalker dijo...

El mundo se divide entre los que aman a los animales y los que no. Lamento ser tan drástico y dogmático, pero creo que nunca se podrán entender unos a otros en ese y otros muchos aspectos.

Yo he sido de esos imbéciles incapaces de entender los miedos ajenos, de esos que se acercan con un perrito de aspecto inofensivo y dicen que no muerde. Ya ves, Lug, yo no entiendo tus miedos, aquí me tienes.

Sólo diré que cuando todos los discursos caigan y las palabras nos muerdan como pirañas y descubran sus entrañas huecas y asesinas y los juegos intelectuales demuestren ser poco más que nefasta pirotecnia, aún será posible salvarse en la mirada y el tibio aliento de un perro o un gato. No es metáfora: una amiga con esquizofrenia ha sobrevivido gracias a sus perros, que no se despegan ni un segundo de ella y duermen en su cama.

Ya que no puedo aspirar a convertirme en árbol, me gustaría ser perro de mayor. O mejor, ser toda una jauría de perros.

Salud y anarquía

sin reglas dijo...

intentar meternos en estandares que les permiten entender mejor el mundo.

decidir que es lo correcto geneticamente y que no.

elegir por unos estrictos codigos.

... y luego una mirada, una sonrisa, un saber hacer reir y todo se desmonta.

prefiero todo lo que me trasmite algo que cualquier pureza genetica fria.

original lo de jaca, el unico concurso al que podria presentarme con alguna posibilidad.

Ramon dijo...

Com m'agrada aquesta entrada i que d'acord que hi estic. Un premi pels de la protectora de Jaca.
En la meva vida hi ha dos gossos més o menys propis, molt especials. D'una banda la Teti, amb nom de faraó/faraona egipci. El gos de la meva infantesa a Cubells. I de l'altra la Cleta, la gosseta militar de quan el meu germà feia la mili al Port. Huelga decir que las dos eran mil-leches. I després d'altres gossets tan estimats, inoblidables: la Liu, la petitona Liuín, amb nom d'esclava operística, imparable, nerviosa. El Joss, l'altre nervi de la foto, el desenredador de nudos más ágil que he conocido. Mil-leches ambos. I d'altres, sense raça la majoria (salvo honrosas excepciones que tú mejor que nadie recordará con afecto).

M'ha encantat l'entrada. No podré entendre mai com algú, després d'una mirada d'afecte d'un gos, la única cosa que se li ocorre és agafar la cinta mètrica i posar-se a mesurar les potes... Bé, en realitat són els mateixos que en veure un paissatge meravellós la única cosa en què pensen es en parcelar-lo i en quantes cases adossades hi poden sortir.

MARIEL dijo...

Ay, la persecución y negación de la diferencia y la entronización de la pureza ideal. Y eso que vivimos en la era global de los mestizajes, las culturas híbridas, la world music y maridajes afines. Qué gran mentira.

Es el video "We are the world" que fustiga Daney.

Bicéfala, yo creo que Ingrid podría sentirse una perra, pero con esa cara inolvidable, chucha jamás. Perra con estilo, que no es lo mismo, sino lo contrario.

La imagen del perro ahorcado supera en el reservorio de nuestras pesadillas materializadas a la cámara de gas.

Y coincido con imaginari, todo concurso es esperpéntico, es el hijo bobo y cruel de la sociedad del examen.

Stalker, me parece que Obama terminó consiguiendo para las nenas un perro de aguas portugués. Qué gran oportunidad perdida de marcar una diferencia, después de los prolíjisimos scottish terriers de Mr. Bush, que parecían más avispados que su amo y sus hijas mellizas. Sí, ¡los chuchos son para comérselos! A mis pseudo-cuchos a veces los estrujo tanto y los mordisqueo con tanta devoción que siento que les arrancaría una oreja (del amour four a Hannibal Lecter ... un corto trecho).

Stalker, vos ya sos búfalo, pero también caben en tu corazón otras bestias sensibles. Ojos de gato. Lealtad de perro.

Sin reglas yo lo está diciendo todo con su nombre.

Y estaba claro que Ramón cruzaría de calle ante los que intentan parcelar y clasificar el paisaje.

Me quedé pensando en la definición de Stalker: quien ama a los animales y quien no. Porque quien no ama a un perro, a un insecto o a un pájaro, no puede amar a un prójimo, ¿no? y me cuesta creer que pueda amarse a sí mismo. Hay una avaricia sentimental allí, como la de quien acumula dinero. Una incapacidad de entregar y de entregarse.

Mirá que has disparado ideas, Susú.

Susana dijo...

Mariel, mil cosas que decirte, pero urge comentar la foto de Ingrid en tu casa, con marco y todo, y que ensalza, no sé si la diferencia, pero seguro que sí la excelencia. Esa foto, Mariel, te define, y cuenta tu valentía ante el mundo.

En mi caso, guardé esa foto hace bastante tiempo porque explicaba un montón de cosas que yo quería decir, y me gustó poderla compartir con esta entrada.

Una nueva "casualidad" que ya no debería sorprenderme... Besos provisionales.

Susana dijo...

Lug, no sé en qué condiciones se hizo la foto, pero yo creo que sí, que ahí se sentía chucha sin pedigrí, perra sin cadena que la atara, pero lo fundamental es que en ese momento le resbalara, y tal como la atacaban las miradas de la uniformidad fueran cayéndose al suelo sin alcanzarla.

A mí tampoco me gustan los perros "macarras", como tú los llamas, porque son un invento humano (nazi, creo) para que pudieran atacar con las mayores habilidades y tuvieran pocas vulnerabilidades, y todo ello lo ha convertido en un animal desequilibrado. No tengo ni claro que pueda llamársele perro. Pero sobre todo detesto a sus amos, que se visten ese engendro para ir por el mundo imponiendo.

Yo, como es lógico a estas alturas, adoro a los perros, pero aún me gusta más otro animal con el que convivir: el pato. Ese animal, siempre sonriente, es lo más tierno, fiel y cariñoso que yo he podido conocer nunca en la vida. No es adecuado tenerlo en un piso, claro, pero el día que me retire de la city, buscadme como "la chica de los patos".

La imagen del perro ahorcado, espeluznante, responde a la de alguien que ha utilizado el animal como herramienta, y le ha dejado de servir. Detesto a los cazadores y a los que crían galgos para que ganen carreras. Que ahorquen a sus compañeros de trabajo, por muy animales que sean, les retrata como los voraces criminales que son. Deberían vivir alejados de toda civilización y de todo ser vivo, salvo, quizás, algún que otro buitre, por si se deciden a ahorcarse con la cuerda que se les habría dejado casualmente al lado.

Pero hay otro hecho que también forma parte de esas pesadillas inhumanas en mi cabeza: la imagen de los patos con cemento en las patas para que no se puedan mover y engorden, y con un embudo hasta el cuello para que no puedan dejar de comer. Así es como se obtienen los patés. ¿Por qué nadie toca una legislación que tortura de esa forma? La humanidad ha perdido el norte...

Respeto que no quieras perro. Yo he pasado muchos años sin volver a querer uno. La reina entregando sus ahorros (unos tres euros con diecisiete céntimos, aprox) para poder rescatar a uno de la perrera hizo claudicar todas mis resistencias.

Gracias por pasarte, por escribir y por mantener tu tortuga tan encantadora.

Un abrazo

Susana dijo...

Imaginari, tú te refieres a este cuadro:
http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/jpg/MUM12118.jpg
Pero mira éste:
http://www.theartwolf.com/news/images/munch-girls-bridge.jpg
y este otro:
http://bp3.blogger.com/_oLxAw7PJfU0/Rv4U3VreSLI/AAAAAAAAAgQ/gnHFG5r8c7k/s1600-h/munch-+mujeres+sobre+el+puente.JPG

Los he encontrado buscando la imagen a que te referías, y parecen diferentes instantáneas de las mismas chicas en el mismo puente y hasta quizás el mismo día. Si fueran las mismas mujeres que años más tarde se visten de negro para mirar a Ingrid, entonces es como si la foto reflejara su verdadero rostro.

Muy bueno lo de "el concurso de la chuchería", jajaja. La mayor parte de los concursos son estúpidos, como tú insinúas, y valoran criterios detestables entre los que no es el menor el de la ambición de los participantes. Además, como dice Mariel, son un canto a la competitividad. Entre los peores, obviamente, están los de belleza, que incluyen la valoración de las proporciones, ya sea en humanos o en animales, y que en el fondo son una forma de premiar la gilipollez.

En este caso, yo lo veo como si fuera un anti-concurso. No importa ninguno de los parámetros habituales, mientras que se recogen fondos para la protectora y se hace promoción de la adopción de algunos de los cientos de perros que refugian. ¿No cabe considerarlo una bonita excepción? ;o)

Recojo tus carantoñas y muevo alegremente el rabo. Gracias por tus aportaciones! Me ha gustado ver a Munch con tus ojos (aunque las manos "atrapadas" sigo sin verlas como gallos en actitud de lucha). Un beso.

Susana dijo...

Mariel, qué bonito todo lo que cuentas sobre tus perros y los chuchos conocidos e incluso los presentidos. Tus perros son igualmente chuchos, porque por una causa o por otra eran "defectuosos". No ganarían ninguna medalla al mejor ejemplar canino. Salvo la tuya, a su amistad ejemplar.

Los perros a los pies de las tumbas de sus amos es una historia conmovedora. Un buen ejemplo de hasta qué punto llega su nobleza y su entrega. Compartir la vida con un animal nos puede transportar a ese mundo trascendente del que hablas y del que sus miradas son un balcón elocuente.

Un comentario precioso. Gracias por traérnoslo. Besos a los cuatro.

Susana dijo...

Stalker, qué bien visto: claro, yo también soy "chucha" (charnega). Muchos padres ponen el grito en el cielo porque una de las primeras cosas que preguntan es si los novios son "de buena familia". Prácticamente ningún charnego lo es. Como creo que pasa con los racistas, intuyo que hay un criterio económico por debajo de todo ello. Los "moros" que vienen con una mano delante y otra detrás son mal vistos, pero al jeque de Marbella todo el mundo le hace reverencias. Los inmigrantes llegaron a Catalunya como hoy llegan los magrebíes: con poca o ninguna formación, dispuestos a ser peones. Son la clase social más baja. Los catalanes tenían la industria o los comercios, y los chuchos les servían. La generación siguiente, nosotros, aún sufrimos a veces ese sentido de clase. Ni gota de pedigrí, chuchos que quieren tener los mismos derechos.

Tienes toda la razón: cómo enriquece el mestizaje! Cuánta aportación chuchil se pierde la gente que es como el padre de tu amigo. ¡Y qué fantástico tener un chucho como presidente de EE.UU.!

Espero que la novia de tu amigo se mezcle y 'despedigridee' a los nietos de ese intolerante.

Gracias, Stalker. Un abrazo fuerte de charnega a charnego.

Susana dijo...

"Sólo diré que cuando todos los discursos caigan y las palabras nos muerdan como pirañas y descubran sus entrañas huecas y asesinas y los juegos intelectuales demuestren ser poco más que nefasta pirotecnia, aún será posible salvarse en la mirada y el tibio aliento de un perro o un gato."

Stalker: maravilloso. Sólo puedo sacarme el sombrero. Hablar así sólo le es dado a quien ya fue perro antes. Aunque fuera metiéndose en la piel de su chucho cuando lo miraba a los ojos.

Gracias admirativas!!

Susana dijo...

Sin reglas, bienvenido al Cajón.

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Las miradas o las sonrisas que desmontan los códigos estrictos. Es exactamente eso. La pureza genética es un absurdo. Los estándares que marcan lo que vale y lo que no, otro absurdo.

Por supuesto, en el concurso de Jaca debería ganar el más "sin reglas"!
(me he paseado levemente por tu blog y me ha encantado... iré a verte próximamente!).

Gracias por venir y por tu aportación. Un abrazo impuro.

Susana dijo...

Ramon, por supuesto: no podías faltar, otro gran amante del mundo animal. No sólo podemos hablar de chuchos. Tú y tus gatos. Ese Dan con el que podías mantener conversaciones. Detectabas lo que te estaba diciendo con sólo mirarlo. O tu gata, ahora. Que viene a ser tu 'reina', la señora de la casa.

Totalmente de acuerdo contigo: ante una mirada afectuosa animal, es perverso contar centímetros. Seguro que sí son los mismos que sueñan con parcelar, urbanizar y construir los paisajes. Son los que nos roban montañas enteras o costas salvajes. Impresentables ellos y la ley que se lo permite.

Un beso muy fuerte con nudos para deshacer con alegría.

Susana dijo...

Mariel, qué bien dicho, una vez más. Quien es incapaz de apreciar al animal no puede amar al prójimo. La "avaricia sentimental" es por lo menos igual de mezquina que la que acumula riquezas.

Cuando cambiemos el mundo, debemos facilitar la convivencia animal en todos los órdenes. Que las ovejas que vagan a su aire se coman los céspedes de todos los recintos de golf. Que los patos se bañen en las piscinas. Que los gatos jueguen con las plumas Montblanc en todos los despachos ejecutivos. Que los perros se adueñen de los spa. Y que el amor ya nunca más deba tener en cuenta el código genético de su pareja.

Gracias, Mariel, mi niña. Renuevas el aire del Cajón cada vez que entras... Besos y chucherías.

Blanca Andreu dijo...

LOS MOTIVOS DEL LOBO: Fuí a una tienda de animales para comprar un canario, lo único que me veía capaz de cuidar en aquel momento (marido muerto, ruina, ciudad nueva, soledad total). Y allí estaba, temblando en una jaula de cristal, el perrito más amoroso del planeta. Lo cogí. Pregunté el precio. Lo solté. Llegué a casa y me puse a llorar. Llamó mi madre: "¿Tienes el dinero?¡Pues cómpralo!"
Se llama Kim de la India. Ha ganado un concurso de mascotas en el que se presentaban hasta caballos "por ser el perrito más flamenco". José Hierro, el poeta, le dedicó un soneto que publicó en libro. Todo el mundo se enamora de él. Me dijeron en la tienda que si hubiera permanecido dos semanas más encerrado se habría vuelto loco: es lo que les pasa a los cachorritos que no se venden. Así está la cosa.

Susana dijo...

Por supuesto, Blanca, que tire la primera piedra quien no haya sido lobo alguna vez. Y una vez les ves los ojos tristes y su entrega inmediata, es imposible dar media vuelta. De eso está hecho el flechazo animal.

Yo misma, cuando tenía unos 20 años, no pude negarme a aquel cachorro de West Highland (de 150.000 ptas. de entonces) que me regaló mi familia cuando estrené casa independiente, una vez lo tuve en los brazos y ambos nos deshicimos (como la nieve al sol, of course; además, él sí era todo blanquito).

Amo a casi todos los animales. Tampoco no se trata de hacer discriminación inversa. Sólo que creo que hay que valorarlos en igual medida si tu canario de cuatro patas o mi Westie hubieran sido 'mil leches'. Que ganara un premio al perrito más flamenco, y no al de las medidas más perfectas o al del pedigrí más completo, es casi una prueba irrefutable de que iba por el mundo de 'chucho'.

Tu historia me recuerda a que en una tienda de animales, cuando le fui a comprar comida a mi perro, me impactaron tremendamente los ojos tristísimos de un mono, que a duras penas cabía en su jaula... Han pasado siglos, pero ahí están aún sus ojos, clavados... De haber podido, lo hubiera liberado (en mi maternal compañía) de inmediato.

Los lobos (por ahí corre una entrada sobre la actualización de Caperucita) casi siempre son nuevas víctimas. Por eso me parece estupendo que ya no puedan tener a los animales en jaulas para hacernos caer. Ellos no se vuelven locos si no les compran, y nosotros no acabamos con jaurías de perros de raza...

Gracias por contarnos esa bella historia de amor de 'chuchería', como decía Imaginari.

Un abrazo.

MARIEL dijo...

Ay, Susú, mi perro mayor, el que me deshace, mi asistente terapéutico de cabecera ... es un West Highland (el tímido, el que pide permiso).

Besos en sincro.

Bashevis dijo...

Stalker, ya eres un perro. Ya sabes de qué te hablo. Diógenes también lo sabe.

“Yo he sido de esos imbéciles incapaces de entender los miedos ajenos, de esos que se acercan con un perrito de aspecto inofensivo y dicen que no muerde. Ya ves, Lug, yo no entiendo tus miedos, aquí me tienes”…

Si, a mí también me cuesta. Entenderles les entiendo, pero no dejo de preguntarme el porqué. Por eso discuto a menudo sobre palomas, gatos, perros… siempre digo que ellos se pierden algo, algo muy importante (que ya de por sí hemos perdido mucho al vivir en la ciudad). Muchos se me ríen… ¿Qué me pierdo? Se preguntan…

Te pierdes el reflejo de un ojo hermano. El jadeo de un hijo, igual que el de un niño humano.

De igual modo no entiendo que se pague un solo centavo por un animal, ya puede ser su padre el campeón del mundo en perrerías acrobáticas más relindo del jodido planeta.

SaLuz camada.