La virtud de volverse planta (II): el vecindario que aloja mi terraza

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Apenas tengo raíces. Mis colores son deslucidos. No me gusta tomar el sol. Jamás he tenido savia (y aún menos su homófona). Y, con estos calores, la cerveza fría supera en mucho a mi afición al agua (bebida, se entiende). Aun así, espero de mis tardes que me devuelvan algunos instantes de sentir clorofílico. En la entrada anterior me expliqué en buena parte; ahora sigo.

Cuando abandoné aquel raquítico estudio en el que vivía yo, a pesar de que aparentemente no daba para más que para los PinyPon, me alegró poder instalarme en un pisito donde cabían hasta plantas. Los antiguos habitantes de mi actual casa me dejaron tres cadavéricos hierbajos, y yo dispuse algunas plantas más. Sometí a los primeros a unos cuidados intensivos que ríete de la UVI, y todos se rehicieron, se fortalecieron, y mostraron las plantas radiantes que había en su interior. A estas alturas ya puedo decir que me sonreían sin parecer totalmente loca, ¿verdad? Tan contentas andábamos las plantas y yo (ellas metafóricamente, claro; que lo de “loca” era sólo broma) que cuando llegó diciembre, y por primera vez en la vida, decidí transvestir a mi ficus enano recién resucitado en un árbol de Navidad alternativo. De acuerdo que es un arbolito de exterior. De acuerdo que la calefacción de las casas no le sienta bien ni a los cactus del desierto, incluso aunque estuvieran resfriados. De acuerdo que en su ubicación ideal en el interior no le daba ni la luz de mi encendedor. Pero se le veía tan mono, con todas sus bolitas rojas, sus símiles de hielo dorado, su estrellita ladeada porque el maldito se empeñaba en no tener punta… Vale, sí, algo hortera también, pero una tiene derecho a ilusionarse con algunas tonterías mientras no haga daño a nadie, ¿verdad? Y ahí vino mi gran sorpresa. Sin electrodos ni mandangas: a pelo. En pleno diciembre, y con todos los factores en contra, mi ficus enano empezó a brotar.

Su fuerza al crecer era tal que, para que se me entienda, es como si estuviera lleno de fonemas BR. Brotó a lo bruto el bribón, sin brebajes. Con brío lleno de brácteas, vibrantes, brillantes, braceadoras, y me dejó bradicárdica, con brechas y en bragas.

Pensé muy seriamente que lo que le pasaba era que era muy presumido. Ahora ya lo llamaría metrosexual, que queda como más fashion, pero entonces sólo era presumido. Le molaba su traje, que lo trasteara durante horas y ser el centro de atención, aunque para ello debiera sufrir. Casi parecía una crueldad desnudarlo y devolverlo a su hogar, en un simpático rincón de la terracita.

Hasta que un día vi la luz. Andaba yo chafardeando un libro de plantas que tenía mi novio de entonces. Y digo chafardeando y no digo leyendo porque era enterito en francés, y si no me apaño muy bien con el idioma vecino a la que me sacas del café au lait (y porque me suena saleroso, que si no…), cuando nos metemos en el terreno de los sustratos, los hábitos de riego, la poda y los abonos, es para fermer la lumière et alle alle. Bueno, pues la última de las secciones de los cuidados que se dedicaba a cada una de las plantas era, palabra, con qué otras plantas se llevaba bien. Ahí me apliqué todo lo que pude y solicité varias veces la colaboración de mi políglota pareja. Por poner un ejemplo ficticio: no se te ocurra poner un geranio junto a un ciclamen, que se llevan a matar (a se asesiner). En cambio puedes buscarle una amiguita dalia, con la que sin duda hará muy buenas migas (des bones miettes de pain). Resumiendo, no sé cómo, un señor serio dedicado a la botánica había llegado a profundas conclusiones sobre las amistades entre las plantas. Vamos, que también se había ocupado de la psiquiatría vegetal. ¿A alguien más le parece increíble? “Creo que mi jazmín está algo deprimido: cada vez tiene menos ganas de oler”, “Cuénteme, ¿cómo es su vida social?”. “Verá, la bugambilia no le habla…”; “¡Ahá! Mi diagnóstico es que padece una fobia social de origen flor-fucsia; le recomiendo un cd de Bach tres veces al día, y que le explique el cuento de las judías gigantes todas las noches; vénganme a ver en dos semanas”. “¿Cree que hará falta ingresarlo?”. “Aún no podemos saberlo. Quizás debamos someterlo a una terapia intensiva con mustélidos, para provocar su reacción.” “Pero, ¿se curará?” “Por supuesto, señora. Hoy día la tecnología nos permite unos injertos muy sofisticados de ambientadores casi naturales”.

Aprendí tanto con el librito francés, más por intuición que por erudición, que fue llegar a casa y poner el ficus enano bien lejos de la palmerita. Aunque no sonríe tanto como cuando se disfraza de árbol de Navidad, se le ve mucho más feliz, entre plantitas de las que desconozco el nombre (bonitas todas), a excepción de una, que sé cómo se llama en función de sus hábitos alimenticios.

En efecto, mi novio de entonces, experto en franchute a la par que amante de las plantas, y que le tenía una tirria insufrible a los días conmemorativos que se inventan en los grandes almacenes, dio su brazo a torcer (sólo parcialmente: dejémoslo en antebrazo) un año en el día de los enamorados. Su regalo no consistió en un ramo de flores, unos bombones en caja con forma de corazón ni, por supuesto, en un anillo o convenciones similares. Aunque valoré en su justa medida el sacrificio de comprar un regalo precisamente ese día, mi rostro parece que no fue el reflejo de una gran alegría, aunque sí de una enorme sorpresa, tanto para bien como para mal. Porque a nadie más que a mi rarísimo novio se le ocurre regalar en el día de los enamorados… ¡una planta carnívora! No me lo tomé como nada personal, la verdad. Pero teniendo en cuenta que toda mi referencia al respecto era la peli de “La tienda de los horrores”, bien me puede agradecer a estas alturas seguir vivo.

Mi planta carnívora, a la que tuve la original idea de llamar “Carni”, no sólo no me ha arrancado para zampárselo ningún brazo (gesto que me hubiera motivado poquísimo para seguir regándola, francamente), sino que se hizo amiguísima de mi ficus enano. Quizás tenga que ver con que la Carni fabrica una especie de elementos ornamentales (que en el fondo son una trampa para bichitos incautos) con forma de condón con tapa. (Aviso para intrépidos: yo no intentaría usarlos para ese fin ni siquiera en casos desesperados). Mi presumido arbolito crece alegremente en dirección a la Carni, yo creo que para cubrir su flequillo de ‘condones’ de crecimiento a lo tirabuzón. Quizás incluso estén enamorados. Quizás un día encuentre un pequeñísimo árbol que todas las Navidades se cubra de adornos con formas anticonceptivas. Quizás encuentre un día una carni diminuta y traviesa que le pellizque el trasero a mi perro con sus tapas, mientras mira hacia otro lado (y que silbaría disimuladamente si dispusiera de labios). Mamá Carni elevaría uno de sus condones en forma de dedo amenazante, mientras que el viejo potus taparía con disimulo su risa de abuelo cómplice. La palmera, que tiene un carácter algo huraño y solitario, bajaría la mirada renegando de la terraza que le había tocado en suerte.

Por lo pronto, yo seguiré saliendo a leer todas las tardes un rato con ellas, esperando que me cuenten sus nuevos secretos. Sé que esos días en que esté jodida de veras, sus células mágicas les harán el boca a boca a mis neuronas, y sentiré algo parecido a la savia empezando a sonreír dentro de mí.
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18 comentarios:

MARIEL dijo...

Ya es repetirse decir que adoro cómo escribís, es decir su forma que es mucho más que forma. Líneas como ésta: "Con brío lleno de brácteas, vibrantes, brillantes, braceadoras, y me dejó bradicárdica, con brechas y en bragas". Oliverio Girondo te abrazaría. Hay que saber navegar el lenguaje para arrancarle con la mayor soltura juegos así y que el lenguaje los entregue, encantado. Sí que existe una psiquiatría vegetal. La azalea que más empuja en nuestro balcón invernal es la que está al amparo del arbolito de dos copas y perdimos un par de plantas de orquídeas en los momentos más tristes de esta casa. El ficus que mejor crece es el que está en el lugar del balcón preferido por nuestros perros. Pero solo Susú puede tener una Mamá Carni. Un novio que le regale una Mamá Carni. Y una Mamá Carni que ni se atreva tocar las manos de Susú. Yo creo, más bien, que las reverencia. Besos vegetales.

MARIEL dijo...

P.S.: Susú, la fotografía es exacta porque es altamente sexual y exuda vida. Dan ganas de meter las narices dentro de la foto para llenarse los pulmones. Además, es rara ... como el sexo y la vida (qué novedad, me dirás, esta madrugada pienso más en cámara lenta que de costumbre, pero miré la foto varias veces, es como un electroshock de savias subterráneas y colores para envolverse de la cabeza a los pies).

LUG dijo...

Me ha gustado la analítica. Me gusta cierta ironía vegetal que se desprende, como semillas, en algunas partes. Yo no tengo plantas y siempre las miro con desconfianza porque no sé sus nombres y sólo las puedo clasificar torpemente.

Saludos clorofílicos.

Susana dijo...

Mariel, eres un bicho! (sólo travieso). Hoy no tengo el día demasiado sonriente, pero siempre me estiras de las comisuras de los labios cuando te leo.

Tus azaleas pujantes, tus orquídeas envenenadas por el dolor, el ficus amigo de los sujetitos... Mi niña Mariel, lejos de pensar que estoy loca, me devuelve su vecindario abalconado propio. Ahh, cómo no voy a adorarte!?

Efectivamente, sólo tu Susú pudo tener un novio que le regalara una Carni para el día de los enamorados. Vale que no soy especialmente romántica, pero algo así me supera hasta a mí jajaja. Por suerte, nos hemos acabado haciendo amigas. Puede que yo también tenga algo de carnívora... De vez en cuando me levanto con ganas de morder.

Tienes razón: los "condones" de las carnis (los de la mía, qué quieres que te diga, no tienen esa buena planta, pero sí la misma forma) son muy sexuales. Y que haya quien se dedique a las pelis porno pudiendo aplicarse a la jardinería ;o) Es que no es una forma de hablar: mi ficus enano está completamente inclinado hacia uno de los tirabuzones Cárni-cos. Quieren enlazarse peligrosamente. Viva el amor! Viva la química sexual!

LUG, qué alegría encontrar tu bicefalia por aquí. Me he pasado por tu caparazón en varias ocasiones, aunque nunca escribí, glups. Las plantas, los animales que no conocemos, es habitual que nos impresionen. Hasta que, pata de cabra!, descubrimos nuestra parte planta o animal... Qué le voy a contar a una tortuga, verdad? Gracias por pasarte!!

Besos de semilla floreciente!!

Liquem Nuc dijo...

Vaya mixup de pulperóticoautoretratovegebiológico (dicho así todo junto en algún lugar gafapasta y te aseguro birras y licores de marcas cool by the face) Nice job anyway. Y Little shop of horrors tiene un romanticismo que ya quisiera Titanic.

Bashevis dijo...

La foto es genial, ya que al lado del carnívoro profiláctico de atrayente presencia, esta la decadencia eréctil de sus primos hermanos. Tu texto es un brebaje de vida savia-sabia… que carni nos coma a todos por el bien de la humanidad :)

Y ahora te comento algo que te ha de encantar. Una unión única. Recordaras que el otro día te comente que debiéramos apostar por dar rienda suelta a la unión entre criaturas, pues bien al hablar de “carni” me vino a la mente la Nepenthes bicalcarata. Una planta carnívora que colabora con una especie de hormiga muy especial. Buceadora ella, en el interior del receptáculo lleno de líquido. Alimentándose, en alianza, de los incautos que resbalan al interior de la planta.

He podido ver videos y impresiona. Son pequeñas Jonas. Geppetos. Planta y Animal, mano a mano, sobreviviendo. La especie de hormiga se llama Camponotus schmitzi, por si quieres investigar

Por cierto, ya casi seguro que el año que viene seremos vecinos de ciudad! Contento me hallo.

Kanela dijo...

El texto me gusta, tus plantas me encantan, tu novio no tanto.Joer que bruto.
Vaya fiesta en tu terraza!
Abrazos
PS: A este humor me referia yo, bieeen!!

Susana dijo...

Liquem, me apunto tu palabra-rascacielos para usarla para todo tipo de beneficios. Y, aviso, si con ella ya no ligo, me meto a monja ;o)

En cuanto al supuesto romanticismo de la Carni, sólo puedo decir una cosa: "¿Tu quoque, fili mi?". Pensaba poder 'presumir' de mi puntería y mi ojo clínico, pero ya veo que ni por ésas...

Zenkiuss4yourcomment. Bigkisses!

Susana dijo...

Bashevis, me has dejado tirando a inquieta. Es que, si no me equivoco, mi Carni es una especie de Nephentes... Y comprenderás que yo le haya cogido ya cariño, pero imaginar mi terraza como piscina de hormigas carnívoras tampoco me emociona gran cosa... Por si acaso, y para que no necesite ese tipo de "amiguitas", voy a aumentarle la dosis de fertilizante!

Así que Barcelona va a aumentar su cosmopolitismo con un trobriandés de pro, eh? Magnífica noticia (siempre que también lo sea para ti, claro)! Habrás de tenernos al corriente, si es que quieres conocer lo peor de lo peor de la city...

Besos vegetales!!!

Ramon dijo...

A nosotros nos pasa algo tremendo,y va en serio. Se mueren todas las plantas, y mira que nos tomamos en serio lo de cuidarlas, y mira que el ambiente en casa es pacifico, la verdad, sin broncas ni brechas ni bragas, jeje. Compre una vez un arbolito que fue perdiendo las hojitas hasta quedarse sin una. De ahi a la muerte, un paso. Las plantitas acaban tambien por morirse, en la tienda nos reconfortan diciendo que como son de temporada, normal que se mueran. El ayuntamiento repartio unos sobres con semillas que estas si, han crecido de forma descomunal pero sin flores, como cuatro hierbajos horribles. En fin...
Para quien sospeche que somos un desastre y que nuestro hogar es insalubre dire que tenemos una gata revieja que aunque con problemas reumaticos y de riñon, nuestros cuidados y las pastillas la mantienen como una eterna adolescente... Por cierto, lo que si aguanta, y mira que es ingrato, es la hierba gatera, no se muerre ni a la de tres... ni siquiera la gata la mira, que ahora me pregunto para que tendremos hierba gatera... Voy a consultarlo ya mismo.

Mme.G. Demot dijo...

Querida mía, la banda de sonido de tu texto y tu percepción es La vida secreta de las plantas, de S.Wonder.

Ponelo bien fuerte que es sanador como dalia al geranio!!!!

imaginari dijo...

Desprès de llegir aquesta entrada me quedat com intoxicat, com si m'hagués pres una infusió embriagadora de les teves plantes balconeres, m'ha deixat estabornit. Penso si t'has pres algun bolet al·lucinogen avans d'escriure aquest conte.
Com segurament esperaràs un comentari de l'imatge, et diré que veig un embolcall o la funda del sexe masculí, m'adono de l'absència muscular que li donaria vida. O bé podria ser una planta-bucal succionadora de penis, de la família felatius. Potser encara estic sota els efectes de la intoxicació vegetal.
Vaig a prendre'm una tisana relaxant.

Susana dijo...

Kanela, me abruma tu entusiasmo. Me encanta imaginarte sonriendo mientras lees. No sé si es una aspiración legítima para una aspirante a escritora, pero que te rías conmigo es un fantástico premio...

Gracias!

Susana dijo...

Ramon, vuestra casa es un remanso encantador, cualquier planta desearía tenerla como hogar. Para mí que es un truco de la gata, que les cede a las plantas sus males de la edad y les "roba" su vitalidad. Excepto a la planta gatera (y yo sin saber que existía!), que aunque tú creas que no la mira, le tiene un cariño personal y la salva de sus intercambios genéticos.

Conclusión: no sólo hay que aprender a ser planta, sino que, sobre todo, hay que aprender a ser como tu gato. De algo así deben ir las recomendaciones de abrazarse a un árbol cuando las cosas no marchan bien en el cuerpo de uno...

Besos maulladores y abrazos inocuos.

Susana dijo...

Mme. Demot, das en el clavo: la vida secreta de las plantas se basa en los experimentos a los que me refería en la entrada anterior. Desconocía la banda musical, pero ten por seguro que voy a seguir tu consejo a pies juntillas.

Gracias por compartir tus secretos... Un abrazo.

Susana dijo...

Imaginari, conscientemente no me he comido ninguna amanita muscarias. Pero unas cuantas horas de mi terraza y de presenciar las conversaciones y las filias de mis plantas puede que sean droga dura. Estoy a un paso de hablar de los duendecillos que viven con ellas ;o)

En cuanto a tu interpretación de la imagen, de pronto me siento de lo más inocente viendo en ella algún tipo de preservativos cuando tú ves un`posible instrumento de felación, que ríete de los inventos del sexshop. Ya me imagino a las carnis de este mundo como estrellas de la maletita del tupper sex.

Sigue embriagado, querido, que la imaginación cuando es sexual tiene la garantía de ser positiva.

Besos-jazmín.

Mme.G. Demot dijo...

Ha visto, señora, que sí que había comentado sobre este lindísimo post?
Ya me parecía. Si las plantas son mi debilidad!!!

Susana dijo...

Mme., recordaba el comentario de la banda sonora en esta entrada,pero yo hacía referencia a la entrada anterior:

http://elcajondelospretextos.blogspot.com/2009/07/la-virtud-de-volverse-planta-i.html

Mi admiración para esa madame encantadora que tiene debilidad por las plantas. No podía ser de otra forma...Un enorme beso!!