Cosas sencillas: paseo por el Parc del Guinardó con mi perro

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Lo confieso. En muchas ocasiones sacar a pasear al perro me da una pereza monumental. Querría darle las llaves para que saliera él y, a ser posible, de vuelta se detuviera a hacer la compra. Con esa energía inagotable que siempre derrocha y que a mí me deja derrotada con sólo verlo.

Pero hay que decir que de vez en cuando disfruto de la “obligación” de tener que acercarme al parque de casa. De no ser por el cuatro-patas, lo esquivaría con cierta frecuencia. Pero él me sumerge.

Muchas veces entramos al parque por la Fuente del Cuento. Allí había una de las fuentes naturales de la montaña, aunque como acostumbraba a tener un caño algo chico, mientras las gentes esperaban que se llenaran sus recipientes, contaban “cuentos”. Debía de ser una de las tareas gratas de aquel mundo rural.

Desde ahí seguimos ascendiendo por el parque histórico: diseñado por el arquitecto paisajista francés J.C Nicolas Forastier, dibuja caminos frondosos que siguen el curso de un pequeño torrente, que salva el desnivel de la montaña con pequeñas cascadas. Por las escaleras de piedra que hay algo más arriba, busco algarrobas, bolas de eucalipto, pequeños palos. El bicho ya menea la cola. Si le tiro el tesoro encontrado escaleras abajo, él se lanza como loco y yo mantengo intacta la esperanza de llegar a cansarlo. Las escaleras se hacen más entretenidas viéndolo trepar con alegría con su presa.


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Siempre nos detenemos un rato en la placita que han formado los eucaliptos centenarios. Conserva un antiguo lavadero, y domina gran parte de la ciudad. La sombra, excepcionalmente frondosa, se recibe como agua de mayo en los atardeceres de verano. Yo me siento en un banco mientras el perro husmea.


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Y desde ahí ya parten los caminos que se cruzan por el bosque. Cada cara de la montaña tiene su propia vegetación.



Un pedazo del camino te enseña desde las plantas cactáceas acostumbradas a que les dé de lleno el sol, hasta los abetos, hechos a las tierras sombrías y frescas.
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Cuando se llega a un recodo de la montaña se puede ver todo el Maresme; pero caminamos unos metros y con la vista llegamos hasta el macizo del Garraf. Un balcón al Mediterráneo inigualable.


Si seguimos recorriendo los caminos, llega un momento en que tenemos que elegir entre tres opciones. Por un lado podemos acceder a un antiguo búnker, que cumple perfectamente la función de vigilar Barcelona y los alrededores. Por otro lado, un puente de madera sortea la caída brusca de la montaña y nos deja casi delante de una de las entradas del Park Güell. La tercera opción, que rodea la colina por su cara este, nos lleva a otra zona del barrio, La Font d’en Fargues, poblada de las antiguas torres que se promovieron para los asociados a la Cooperativa de los Periodistas a principios del siglo XX, y que siempre me recuerda cuánto hemos perdido por el camino.

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Mi perro y yo, que en nuestros paseos acostumbramos a huir del gentío, optamos casi siempre por la primera opción. Nos ventilamos a cuatro vientos a lomos de la montaña e iniciamos el descenso. Cerca de nuestra calle ya nos vamos encontrando con algunas personas: otros paseantes con perros, parejas mayores que parecen huir del cemento, o mi vecina, Franca, que siempre regresa con un cesto cargado de hierbas aromáticas. Ese espacio, más próximo a la urbe “normal”, también tiene su encanto: los perfectos desconocidos se desean las buenas tardes, dos personas con perro comentan las alegrías que les reportan sin más, y si encuentras un músico, no esperará de ti más propina que el respeto hacia su momento.

A mi perro lo encontré, con una tremenda tristeza en la mirada, abandonado por segunda vez, en una perrera de la ciudad. Pero hay mil veces que creo que fue él que me rescató a mí.


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10 comentarios:

rosa dijo...

jo volia una gossa i va apareixer la curri, era la més petita de la cadellada i la mes maca amb aquells ulls que em van mirar (o jo m´ho vaig pensar)i em miren.per ella ho sóc tot. El que no pot saber el que ella representa per mi. Jo li dono menjar, joc i ella em dona estima incondicional. Des de fa 7 anys les hem passat de tots els colors i aquí estem. com alguna vegada dic som un pack. M´encanta com escrius, el teu camp lèxic és tan ampli i els teus enfocaments tan originals

Susana dijo...

Rosa, sigues benvinguda al Cajón! Quin comentari tan maco! M'agrada molt la gent que s'estima els animals, i m'agrada que m'expliquin les seves històries de grans amors "bèsties". La Curri ha tingut molta sort de trobar tan bona companya per al pack.

Moltes gràcies per les coses maques que expliques d'ella (i de la meva escriptura, que m'ha fet pujar els colors!). Una abraçada

imaginari dijo...

Susana, ja saps que no sóc partidari de tenir animals a la ciutat. És un debat constant la relació humà-animal, des de l'us alimentari, a la utilització "festiva-cultural", també en l'esport, o com a recurs de treball i animal de companyia. Em molesta sentir bordar un gos a la nit, veure els excrements que no han recollit els seus cuidadors, les corretges que em limiten el pas pel carrer, les baralles entre gossos al meu voltant, la olor de pixats al terra. Em dol, també, veure com van lligats, com han de limitar els seus moviments en els espais domèstics i han de programar les seves sortides al carrer. Però, se conviure amb el que per a molta gent significa una relació d'afecte i estimació per l'animal.
El teu gos, Jos, te la sort de tenir un parc al costat de casa teva, de tenir la vostra companyia tan sentida, la vida li ha tornat la sort que per dues vegades havia perdut.
També es veritat que hi han situacions dels humans que m'emprenyen molt més que la domesticació dels animals urbans, així que no li dono més importància.
Gràcies per aquest passeig amb tu i Jos pel parc.

Gabi dijo...

Me sumo a los centenares de ciudadanos que conocemos este precioso pulmón de la ciudad condal y, como és en mi caso, además hemos tenido el privilegio de aprender a andar por sus numerosos caminos. Después de tan necesario aprendizaje, me viene a la memoria alguna fechoria própia de los años de adolescencia, cuando uno de mis numerosos primos, casi el más temerario, casi se dejó el dedo gordo del pié derecho al suministrarle una gran patada en plena carrera a un pedrusco semienterrado..., eso sí continuó corriendo como un jabato, porque de lo que se trataba era de llegar el primero, no recuerdo si lo consiguió o no, pero se lo merecia. También recuerdo mi primera gran borrachera que, lo fué tanto y tanto, que casi pierdo el conocimento; en esta ocasión se trataba de poner en práctica mi aprendizaje como maestro elaborador de sanguias el dia del 15 cumpleaños de una de mi numerosas primas, casi la mas estudiosa. Tampoco puedo dejar de lado, el recuerdo de las incontables cabañas que contruiamos en los árboles o entre los matorrales, en este caso era uno de mis numerosos primos, casi el más diestro, quien se llevaba la palma en el diseño, consistencia y construcción de nuestros bunkers. Sin esfuerzo alguno me vienen a la mente incontables batallitas que, solo recordarlas, me adornan la cara con una tierna sonrisa.

Susana dijo...

Imaginari, entenc el que dius. A mi, els inconvenients per als humans em seblen mínims, en compensació a viure amb un mínim de naturalesa a prop. Detesto aquella gent que es queixa perquè a la caseta dels afores fa olor a vaca. Però sí per a molts gossos, que necessiten molt d'exercici, no és el medi adequat, sembla evident.

I ja que hi som, aprofitaré per recordar que no s'han de regalar gossos perquè facin companyia ningú (que la fan), i que hi ha milers de gossos pendents de la seva adopció: no en compreu!

Bashevis dijo...

Es casi seguro que Barcelona me acogerá en cuestión de unos meses. Tendré en cuenta el Parc del Guinardó, aun no lo conozco…

Esa visión del hermano perro... genial susana. Seguro que Mariel vendra pronto por aqui con movidas de cola de sus angeles guardianes.

Salud.

Susana dijo...

Gabi, traes a colación aquellas épocas en que el parque era escenario de los juegos infantiles: pocos niños de Barcelona jugarían en un entorno más sano. Los niños no acostumbran ya a jugar en las calles, a sus anchas, como en otros tiempos; pero los adolescentes siguen enamorándose en sus bancos, los perros, ya sabes, trotando y revolcándose en la tierra, y los niños, aunque con sus progenitores, juegan con barquitos improvisados con hojas secas en el lavadero o en el torrente.

Ha sido una delicia leer tus aventuras en el parque. Apuesto a que eres casi el más sensible de tus primos... Gracias. Un beso

Susana dijo...

Bashevis, me alegro de tenerte de nuevo por aquí! Barcelona, por la que siento un amor-odio intenso, tiene mil cosas para ver/hacer, pero si un día quieres verla desde arriba, si sientes necesidad de placidez, si quieres huir por un rato de su tráfico y su gentío, estoy segura de que el parc del Guinardó te acogerá de mil amores. Es más: si necesitas anfitriones, no dudes en hacérnoslo saber ;o)

Como tú, estoy segura de que Mariel compartirá algo de sus "ángeles guardianes". Seguro que de forma intensa y enriquecedora. Yo hoy sólo me he paseado con él, sin detenerme en lo que yo veo desde su mirada. Pero aquellos a los que os importan nuestros hermanos-animales (fantástico) percibís el guiño que subyace. El compañero incondicional. La importancia de sentir próximo todo aquellos que nos acerca al origen y nos limpia.

Últimamente llevo una vida de locos (y lo que me queda!) y no he podido ver qué habéis hecho de bueno los que vivís en "mis favoritos". Espero ponerme muy pronto al día! Un abrazo y gracias!

MARIEL MANRIQUE dijo...

Susana, puedo decir que hoy me fui a pasear al Guinardó, aunque no lo conozca. Qué hermoso tu relato. Parece salido de otro tiempo, un tiempo lento, amable, tibio, en el que uno se quedaría a vivir. Tu escritura de hoy tiene ese flujo y la aparición de las fotos en el relato es perfecta, dan ganas de sentarse y aspirar el aire con los pulmones abiertos como velas. Te imaginé con tu perro, me imaginé la alegría de tu perro corriendo por el parque, me alegré de que tuvieras a tu perro porque eso signfica que jamás estarás sola. Si uno pudiera ser tan simple y sabio como ellos y ser, sencillamente, feliz recorriendo el Guinardó una mañana de verano. Me encantó tu crónica del regreso y el encuentro con tu vecina, me hizo sentir la vibración del tejido social. Es un detalle minúsculo y doméstico, pero a mí me encanta encontrarme a los vecinos y saludarlos y saber que están bien. Esos detalles nos rescatan del anonimato urbano y nos hacen el día más agradable. Y tu paseo por el Guinardó es altamente terapéutico. También lo ha sido para mí, no lo dudes. Muchos besos y a permitirse momentos así aun en los días de locos que se vengan.

Ramon dijo...

Joss estará contento de ese final que le dedicas... Y respecto al parque tienes razón, en todo. Yo descubrí el parque gracias a ti y me sorprendió que esa montaña de verdad estuviera en medio del asfalto. Ya se sabe, los urbanitas estamos acostumbrados a que todo sea un decorado.
Es una montaña fantástica. Lo peor que tiene es lo que tienen de por sí todas las montañas: que te cansas subiéndola. Pero luego bajarla... te sientes un ciclista del tour descendiendo el Tourmalet; pura gozada.