Chaïm Soutine o el mundo retorcido que habita la realidad

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Algo en Chaïm Soutine atrapa. Como si mostrara muchas perspectivas a un tiempo. La realidad que se retuerce bajo las cosas.
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Nacido en una aldea lituana (Smilovich, 1893), Chaïm debió enfrentarse a todo su mundo, ya que en el seno de la comunidad judía ortodoxa donde vivía estaba prohibida la realización de imágenes. Batalló con su pincel. Sus óleos pintaron los colores de la muerte en sus paisajes. Y abandonó Lituania, con el pincel bien alto.
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Soutine pertenece a un cajón, porque jamás se le acabó de encuadrar en ningún movimiento. Sólo algo muy vago, como "Escuela de París", o "Las Vanguardias".
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Se le recriminaba el uso de temas llegados de la tradición. Pero su pincelada, de gran vigor, trastocaba cuanto podía verse.
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Aun así, fue tremendamente pobre.
Aun así, ha sido siempre una figura menor.
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Chaïm Soutine retorció por última vez la realidad en 1943. Su última lucha fue ser judío en una ciudad ocupada por las tropas nazis. Pero no les dio el gusto. Murió, sí, pero de un ataque de úlcera.

Paysage


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Paysage de Cagnes



Maisons aux toits pointux



Les maisons rouges




Dice de él Wikipedia: "Pintaba de un modo frenético, como poseído por un ataque de fiebre, precipitando los colores sobre la tela. Recorría las carnicerías de París en busca de la gallina que tuviera la tonalidad y el aspecto adecuados a lo que él quería representar. En una ocasión adquirió y trasladó a su estudio un buey entero, muerto, dedicándose a pintarlo hasta que el hedor de la carne putrefacta alertó a los vecinos primero, y a las autoridades después."

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5 comentarios:

MARIEL MANRIQUE dijo...

Susana, ¡buen día en Buenos Aires, buenas tardes por allí! Esto es supongo de lo que habla Stalker cuando se refiere al autor que se vuelca y se derrama en su obra. Habla de tu Soutine. Da la sensación de que si Soutine no pintaba, se moría. A mí me recuerda y me anticipa a Bacon, pero en Soutine todo, todo, está distorsionado y en equilibrio inestable. Es como si la realidad lo tomaraba por los hombros y lo sacudiera y el mundo amenazara con caerse del cuadro. La primera vez que lo tuve delante (no hace mucho) sentí que me clavaba al piso para que pudiera ver cómo todo se movía. Gracias por sacarlo del cajón, Susana. Besos que intentan rodear a Soutine para que no caiga, otra vez.

Ramon dijo...

¡Qué sorpresa más extraordinaria! Sin palabras directamente. Me fascinan estos enriquecimientos que propone el blog, como las canciones de ayer que ahora entraba a comentar y sin embargo, la fuerza de Chaim Soutine me ha desarmado. Y tu texto tan bello y conciso, tan exacto, como un marco perfecto, ni historiado y barroco ni minimalista, para las pinturas del judío que murió de úlcera y que trasteaba con animales sanguinolientos para acercarse al color que había visto en sueños. Gracias una vez más por un blog tan rico, tan variado, tan intenso.

Susana dijo...

Mariel, qué fantástica explicación de lo que sientes ante los cuadros de Soutine. Como si el mundo amenazara con caerse del cuadro. Sentir que te clava al piso para ofrecerte esa perspectiva interna del mundo moviéndose. También, la frase que recuperas de Stalker (otro sastre de puntería agudísima) me llegan al alma. Me alegra que te hayas derramado (como autora que eres cuando miras) en Soutine. Sospecho que lo guardarás durante bastante tiempo en tu cajón.

Un beso.

Susana dijo...

Ramon, querido, qué generosidad la tuya. Por supuesto, el mérito es de Soutine. La excusa, que sea poco reconocido y, desde mi punto de vista, reivindicable. Me alegra mucho que te haya gustado. Y me encanta que lo veas como una forma de enriquecer el blog.

(Por cierto, aunque te haya pillado Soutine antes de llegar, espero que te gustaran las canciones de Rosa Passos!)

Un beso!

Stalker dijo...

Susana:

no conocía a este autor y me conmuevo y me retuerzo con él. Me parece que tuvo que tener una vida muy dura: se aprecia un temblor desbordado, un grito inconfesable en estos cuadros. Es tan singular que no me extraña que no ingresara en ningún canon ni escuela y que muchos lo desdeñen a la ligera: es la marca de la insularidad más desaforada, el estigma de ser fiel a uno mismo y uno con la obra. Eso no siempre se perdona.

Utilizaré cuadros de este hombre en futuras entradas. Sensacional descubrimiento.

gracias