Ese amor de madre o dónde escondo yo 'esto'



He tardado unos cuatro años en comprar un mueble para lo que fue mi flamante recibidor. Todos los muebles eran demasiado caros, o demasiado sofisticados, o demasiado feos, etc. Pero un día, hace poquito, adquirí finalmente el mueble, más dos espejos de la misma madera que, una vez en una armonía asimétrica de esas peculiares mías −que creo haber descubierto que se basa en el número phi, pero eso ya es arena de otro costal−, queda monísimo. La pared ya había quedado decorada previamente con tonos melocotón, en aguas, con trazos granates, lo que satisfacía completamente mi incapacidad para tomar decisiones del tipo “¿de qué color lo pongo?”.

Vista la facilidad que tiene mi casa para autorrellenarse, compré apenas tres complementos, muy sencillos, para decorar el mueble. Cuando la mesilla auxiliar del comedor se ha convertido inadvertidamente en una parada de mercadillo, y la estantería acumula toda clase de mini-cosas en los huecos que dejan los libros cortos, ver un mueble al que se le distingue la madera es un verdadero placer. Hay quien le llama minimalismo. Yo sólo le llamo sosiego. Podría pasar tantas horas observando mi despejadísimo recibidor como ante el mar solitario. Para que se me entienda.

Pues bien, mi madre vuelve de una escapada de unos días en Santa Susana (va mucho, pero yo hago como que no me doy por enterada de la indirecta), orgullosa porque por fin ha encontrado el regalo perfecto (parece que en Santa Susana no abundan los regalos perfectos, aunque yo estoy segura de que podría hacerle una lista mucho mejor que la suya). Le parecería muy desangelado mi recibidor y ha decidido, efectivamente, traer dos bonitos motivos para ayudar a decorarlo.

Desde que murió mi tía, la que no tuvo hijos y, para el caso, andaba como medio soltera, pensaba que podía dar por finalizada mi etapa de decoración kitsch. En esa etapa hubo objetos gloriosos, dignos de coleccionista. Por ejemplo, un delicioso perro pequinés de porcelana finísima y con pedrigrí (digo yo que debe de ser pedigrí haber comprado en los bazares de los chinos un pequinés como aquél), que respondía al nombre de “perrita Pepita”. O bien aquel delicioso cestito rosa con puntillas (también rosa, a lo helado de fresa) que albergaba dos tiernos patitos (sí, no hay espacio para la imaginación: también rosas). O qué decir de la figura estrella: una versión hawaiana de la flamenca de toda la vida, la que adorna las teles de medio país; mi hawaiana, personaje culto donde los haya, había aprendido música y lenguas, así que si le apretabas un recóndito botón bajo sus faldas caminaba moviendo la cadera al son de “I’m a Barbie girl” con voz de niña del Exorcista. Por si todo ello fuera poco, la muñequita era un canto toda ella a las minusvalías, puesto que con tanto trote se le debió saltar la pintura de uno de los ojos, así que verla bailar daba algo entre escalofríos y ataques de risa. Me parece recordar que la tuve hasta de cara a la pared durante un tiempo. Sólo durante un tiempo, porque todos esos objetos tenían como destino romperse unos tras otros, accidentalmente, camino al contenedor…

Pues bien, ha vuelto a mí la decoración de los horrores. Me salvé con cierta dignidad de colocar los recuerdos (¡vaya si los recordaré!) de Santa Susana en mi despejado recibidor. Una familia de simpáticos delfines verdosos, aunque con cara de gorriones. Una base de algo entre rocas y algas, con formas curvas e inverosímiles… Y también algo de un aspecto que hasta que no lo has mirado fijamente no sabes si es un monedero o un jarroncito pequeño. Abundan los dorados. Los brillantes. Pero todo ello se compensa con un trozo de esparto cosido en los bordes. Vale que no es la hawaiana. Pero hay que buscarle con urgencia algún rincón, muy alejado del recibidor, y poco ofensivo para mamá.

Así que lo mejor es tomárselo con humor y dedicarle una estantería. Donde esos objetos convivan entre sí hasta que les llegue el momento de accidentarse camino del contenedor.






P.D. ¿Cómo? ¿Que esto no iba a tener su parte buena? ¿En qué otro momento me iba a alegrar yo de no disponer de jardín, sino cuando me lo imagino bien poblado de enanitos? Qué bueno es a veces seguir siendo pobre...

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13 comentarios:

imaginari dijo...

Casual aparejamiento de imágenes?, la última de ésta entrada y la primera de la anterior, los bailadores flamencos y el toro ibérico, a cual más esperpéntica. Hiere la falta de estética, pero no hablaremos de gustos, los hay para todos. Belleza y violencia, arte y desastre. Cada cual con sus muletas para lo bonito. A mí me atrae lo sublime, no creo estar sólo, hay más, es un mundo aparte. Las torres gemelas, el torero embestido, 500 millones de internautas queriendo una entrada para el funeral de M. Jackson. Terror, cultura y obsesión . Lo mediocre y lo que hay por descubrir, una lucha sin prejuicios.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Empecé a reírme ya al leer el título. Prodigiosa versatilidad de la mano narrativa de Santa Susana, que debe de haber agradecido el regalo materno con una sonrisa congelada. Preciosa la descripción del minimalismo que es en realidad sosiego y el recibidor despejado como un mar solitario ... bueno, ahora tiene delfines y rocas y algas. ¿Y si los ponés adentro de un armario y los sacás cuando tu madre va de visita? El problema es si uno se olvida de traerlos del exilio cuando tocan el timbre ... Mejor imaginar el amor con el que fueron comprados y aprender a amarlos en su diversidad (aun en su diversidad kitsch). La "decoración de los horrores" (¡qué definición maravillosa, Susana!) puede volverse la decoración de los amores, quién sabe. Aunque a veces ni el amor más grande, ni el amor de madre, puede con los enanitos de los jardines. Así pasa en casa con una tremebunda vela multicolor con base ondulante de cristal regalada por mi cuñado y su esposa, que nunca pudo abandonar (y que Dios, que posiblemente no existe, nos perdone) el placard de los productos de limpieza. Qué dilema interior. Qué debate. Porque con alguien tan cercano como una madre, uno debería poder decir "gracias, pero no me gusta". Y a uno no le sale. No puede. Pero no mientras sea algo que no pueda despegarse del piso o la pared, estamos a salvo. Siempre hay un escondite cerca. Gracias por hacerme reír ya tan temprano (seis de la mañana en Buenos Aires, todavía no amaneció). Te siento muy, muy cercana. Besos de mar solitario (verdadero, no de cerámica).

Stalker dijo...

El jarrón con el logo de AC/DC me parece una cumbre del kitsch más deliciosamente rabioso.

Y tu crónica la saboreo como un caramelo. Gracias.

Ramon dijo...

Armada con una cámara ya puedes ir creando una entrada ilustrada para que nos riamos simpáticamente un rato. Yo me planteé, hace años, la creación de un museo del kitsch. Habida cuenta que me provocaba horrores llenar mi vida de objetos como los que defines opté luego por la más aséptica creación de un "museo virtual". Fíjate que se puede crear un blog colectivo que podríamos titular, tomando el título de la novela de Molina Foix, museoprovincialdeloshorrores. Ahí queda la propuesta. Si yo pudiese colgar en este espacio para comentarios una foto no dudaría en hacerte llegar alguna de mis adquisiciones. Pero como sé que no ibas a valorarla en su justa medida casi mejor así.
Ah, y felicito a Imaginari por su observación agudísima, el aparejamiento imposible de las fotos de las dos entradas. Se ve bien claro que, como en la buena literatura, las lecturas proponen siempre nuevas lecturas.

Bashevis dijo...

Aquí otro ferviente admirador de lo Kitsch! Lo Kitsch y los Kitsch… a mí la bizarría me llama a gritos. Yo entro a un chino y me lo llevaría todo… que jarroncitos mas majos.

Ramon Morros dijo...

Puedo contribuir al museo con figura de astronauta, de símil bronce dorado, mano en la frente saludando hierático al infinito, junto a bandera americana que ondea al vacío, proveniente de cuñada cachonda con mala leche. No sólo de madres vive el kitsch!

Susana dijo...

Imaginari, bien visto, dos estereotipos juntos. Mientras el último sólo le haga daño a la estética, pues mira... Sobre la cuestión de la estética, y los gustos, que cambian entre generaciones, siempre me acuerdo de lo que contaba el que hoy es un octogenario sobre su infancia y primera juventud, y cómo todo el mundo opinaba sobre lo horteras que eran aquellos edificios que proliferaban en el Eixample barcelonés, con sus portalones recargados y 'esnobs': se refería al modernismo, claro.

Gracias por tu contribución. Un abrazo

Susana dijo...

Mariel, querida, te leo y sé que me entiendes magníficamente bien: tu base ondeante para la vela multicolor suena casi tan impactante como mi delfinario, lo siento por tu cuñado y por ese dios tuyo que debe perdonarnos sin que exista (qué alivio para él!).

Tengo una objeción a tu propuesta: el primer regalito se esconde; el segundo cuesta más; cuando van cayendo navidades varias, reyes y demás oportunidades consumistas, eso ya no hay quien lo esconda! (Bueno, aquí quien más quien menos anda en mini-pisos, y lo de las buhardillas guarda-tesoros se queda para las ficciones yanquis). Pero me encanta tu propuesta creativa. Incorporo un armario para guardar souvenirs horrorosos en mi sueño de mega-casa con jardín: enorme, para que se acomoden bien los enanitos! ;o)

Gracias por tu sentido del humor, tan cómplice... Un abrazo

Susana dijo...

Stalker, has pensado lo mismo que yo. Mientras buscaba imágenes con que ilustrar lo que quería decir, me topé con esos jarros y... no sabes cómo le agradecí a los dioses no tener casa propia en mis épocas más rockeras! ;oD

Me alegro de que lo hayas saboreado, confiemos en que el caramelo fuera de tu gusto. Gracias por tu comentario! Un abrazo

Susana dijo...

Ramon, tu propuesta me pone los dientes largos. Sería genial hacer ese museo virtual de los horrores. Entre tanto, si me mandas (tú o quien quiera) una imagen de tus adquisiciones, me comprometo a valorarlo en su justa medida y palabrita del niño jesús que lo subo a esta entrada, para el "pasen y vean". Ahí queda el reto...

Gracias por tu comentario, tan agudo como siempre...

Susana dijo...

Bashevis, dame tu dirección urgentemente!: pienso enviarte unos cuantos objetos dignos de colección antes de que sucumban en el contenedor... ;o)

(De lo que no voy a reponerme es de la suerte que tienen tus seres queridos cuando llegue tu cumpleaños: un gatito plasticoso que mueve la patita y tú más contento que unas pascuas. Si es no es injusticia, que baje dios y lo vea!)

Gracias por tu contribución y por volver a pasearte por el Cajón!
Gracias

Susana dijo...

Ramon Morros, qué alegría encontrarte por aquí! (qué no harás tú por una cerveza de categoría! lo que no puedo garantizarte es que no haya caducado).

Tu astronauta merece una categoría aparte. Con banderita y todo! La verdad es que si no proviene de una cuñada cachonda no se explica que alguien invierta un solo céntimo en tal horror de artilugio. Necesitamos la foto!! Después de saber que existe, hay que verlo! ;o)

Gracias por pasarte por aquí! Un abrazo enorme

Anónimo dijo...

Pues a mi lo kisth me gusta, nolo puedo remediar!!!!
Jo queria un enanito para mi patio con molino incluido pero mi ex no me dejo, jo pensaba que seria gracioso!!!!, que le vamos hacer
Hago una defensa de las figuras kistch, bien puestas tienen su encanto....
jajaja
Petons per tothom