Revisión del mito: la Caperucita de los niños de hoy

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(Ilustración: MiPerro)

  • Caperucita Roja, hoy en día, no hubiera podido ir a llevarle el cestito a la abuelita porque, al salir del cole, va directamente al curso intensivo de inglés para menores de siete años tres veces por semana, otro día va a gimnasia deportiva y otro más a aprender solfeo siguiendo el método Eslava. Los domingos, para que no se aburra, la han apuntado a los boy scouts, que les organizan sesiones de supervivencia y de orientación con brújulas, dentro de un confortable salón, acondicionado, naturalmente, con bomba de calor y con humidificadores para mejorar la sequedad ambiental causada por la bomba de calor. Eso supone un aumento de las cuotas pero poco importa porque todo es poco para Caperucita. Además, desde hace dos meses, está en lista de espera para hacer sesiones de psicología conductista para superar su adicción a la gameboy.

  • La madre de Caperucita no está apenas en casa, porque cuando sale, ya tarde del trabajo, le queda el shopping unos días y el Pilates los otros. Después sí que ya va a buscar a su hija a las extraescolares correspondientes: desde su aparcamiento en triple fila, otea perfectamente el recorrido de la niña, y con sólo tocar repetidamente el claxon, Caperucita reconoce el suyo entre un mar de 4x4. En el camino de regreso a casa tampoco pueden perderse, que para eso llevan el gps. Aunque un día unas obras no estaban bien señalizadas y tuvieron que hacer un rodeo –que no un atajo−, pero con la congestión del tráfico les dio tiempo a descargarse la actualización desde el portátil, lo que, dicho sea de paso, les facilitó descubrir que, si hubiera unos 150 mil coches menos en esa calle, tampoco podrían circular a más de 30,5 km/h, ya que había un nuevo radar agazapado detrás de una señal.

  • La abuelita ha desistido de intentar llamar a su hija cuando se encuentra mal, porque nunca la encuentra en casa. Dos veces por semana le envía un sms para que se haga a la idea, y la avisa por ese mismo medio cuando necesita que le hagan un pedido a tele-cestito mediante www.cestitoacasa.com. Además, la madre de Caperucita no puede entretenerse cocinando, y a la abuelita se le ha metido en la cabeza que cuanto tienen ellas en el congelador, ya sean pizzas, rollitos de primavera o shawarmas, no le sienta bien. “¿Y para qué te sirve el Almax, mamá?”, dice ella una y otra vez, iniciando la misma discusión todos los días 15 del mes, que es cuando tienen programada su vídeo-conferencia habitual. Eso sí, cuando se encuentra realmente mal, la abuelita toca el botón de emergencias que le facilitó el asistente social, y que activa el dispositivo automático de contacto con el paciente.

  • En el bosque han construido un centenar de casitas pareadas. Las señales indican celosamente los caminos de la urbanización, incluidas las paradas para hacerse fotos junto a una reproducción de la casita del bosque, en la que antaño hubiera vivido la abuelita. En el camino “largo”, el que tomó la niña por consejo del lobo, hay una señal que prohíbe el paso a cualquier persona ajena a la organización. No es exactamente peligroso, pero como está dedicado al sector de los servicios, afea mucho el aspecto y podría rebajar el valor de las propiedades. Los constructores que planificaron con tanto esmero la zona residencial, respetaron un trocito de montículo relativamente verde. Allí sí hay animales silvestres. Bueno, más o menos: tienen jaulas con bonitos pajarillos, para que los niños puedan saber cómo eran; una pareja de gatos, esterilizados, higienizados y uperisados (como se hacía en los viejos tiempos con un líquido que llamaban leche – leche a secas, ¿alguien se acuerda? Sin calcio, vitaminas ni omegas extras, sólo leche−), a los que han quitado las uñas para evitar impactos visuales de tipo sanguinolento. Finalmente, hay un lobo, sí. Parecería que anda triste y con miedo, puede que porque hay una cerca eléctrica invisible con la que los niños le han hecho más de una trastada, pero dicen los etólogos del conjunto residencial que no, que los lobos siempre han sido animalejos cabizbajos y solitarios, y que si sus aullidos suenan cada vez más a llanto es porque lo están adiestrando para que haga ver que canta con la banda de música los domingos.

  • Por aquello del qué dirán, la madre de Caperucita donó su capa a los pobres, que de ellos ya se sabe que sí pueden ser rojos, y se hizo con una más acorde a su forma de vida, de un encantador tono rosa, del que ningún vecino puede sospechar.

  • A Caperucita no le dejan llevar la caperucita a la escuela, porque dicen que se parece mucho al velo islámico y no quieren incitar polémicas religiosas. Allí la religión es sólo una, dios sólo uno, y la espiritualidad universal de su mundo debe quedar preservada.

Así pues, sin ser roja y sin caperucita, sin tiempo de recoger las flores que ya no hay, sin bosque, con un espécimen de lobo espantado e inhibido, propongo reconocer a Perrault como el primer gran autor de ciencia ficción de la historia.



Epílogo - Sólo dos psicoanalistas de la Urbanización "El bosque" hubieran podido caer en la cuenta de que tanto Caperucita como el señor Feroz compartían un mismo sueño: huir de aquel mundo, más o menos de esta guisa:




(Ilustración: MiPerro)

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11 comentarios:

Kanela dijo...

Urbanizacion el bosque ja ja ja. Me encanta cuando haces critica del mundo que nos rodea con ese sentido del humor tan peculiar. Me he reido con todo incluyendo las fotos-dibujos. No lo dudes: a partir de ahora me mirare con otros ojos los cuentos inocentes de los niños. Abrazos

MARIEL dijo...

Maravilloso. Susanesco. El cazador ha desaparecido. No hay nadie que nos salve. Se me ocurre seriamente, Susana, ¿y si tomás todos los cuentos infantiles y los das vuelta, así? Hay un libro extraordinario de Bruno Bettelheim, "Psicología de los cuentos de hadas", al que se puede recurrir, pero el estilo-Susana lo supera ampliamente. No recuerdo haber leído ninguna inversión de la ciencia-ficción, como bien decís, con la que crecimos. ¿Y si lo hacés? Pensalo, pensalo. Una cesta llena de besos y una capa roja para volar a tu lado.

imaginari dijo...

a vegades ets molt tendra amb les teves ironies "demoledoras".
ets una cachonda.
boníssim.

Ramon dijo...

jeje, lo cierto es que da más miedo tu versión que la versión canónica. La realidad puede ser mucho más claustrofóbica, de hecho, lo es. ¿A quién le puede asustar, en realidad, un lobo, un bosque y una simpática ancianita? Pero convertir el bosque en una urbanización, glups, sólo eso ya requiere una parte de mala leche (con calcio y omega tres) que convierten tu cuentecillo en una pequeño sapo venenoso. Muy divertido, eso sí. Gracias por esa magia, ese sentido del humor, y ese mordiente tan acerado. Te nos estás haciendo imprescindible (bueno, el blog, que tú ya lo eres para tantos...)

Susana dijo...

Mariel, qué animos me das! Lo que no pasa de ser una "idea fatal", una ida de bola en toda regla, tras tu comentario parece que se abra una línea con grandes posibilidades. No creas tú que no tengo algo más en mente como "Revisión del mito" (de hecho, de una tirada escribí dos 'revisiones'). Son de estas formas que me sirven para quejarme (ya sabes cómo soy de quejica) de forma más o menos encubierta. Si te ha parecido interesante es que no es la peor de las formas... Lo pensaré ;o) Gracias por tu entusiasmo, por tu apoyo y por tu presencia. Me encanta que me leas con tan buenos ojos.

Un beso con aullido...

Susana dijo...

Imaginari, m'agrada tornar a veure't per aquí.

M'alegro que t'hagi agradat. Si l'has vist "demoledor" i cachondo, és que ha aconseguit la seva intenció. Gràcies per les coses que dius, gràcies també per voler-les compartir.

T'envio una abraçada demoledora...

Susana dijo...

Ramon, pobre de mí! Mala leche? Como mucho, te concedo un diminuto petit-suïsse.

Puede que haya intervenido en esa visión el hecho de haber asistido a la reconversión urbana de mucho bosque (sobre todo en el Maresme), a la ordenación metódica de cuanto quedaba "salvaje" en mi infancia. Para qué hablar de ese estilo de vida que ha convertido a los niños en víctimas del estrés y la desatención. La mala leche no es mía, que en todo caso he sido un pequeño espejo. De las cosas que me fastidian, eso sí, faltaría más, que con el Cajón le evito un montón de lectura al Defensor del Pueblo y de paso yo me evito una úlcera ;o)

Gracias por leerme con tanto cariño y decirme esas cosas tan bonitas. Vosotros sí sois imprescindibles! Besos cargados de inocencia de caperucita, fragilidad de abuelita, buenas intenciones de mamá y arrebato de lobo: besos como tienen que ser.

MARIEL dijo...

Susú (ya te lo dije en el Pájaro, si estás de acuerdo, te llamaré así de ahora en más): definitivamente sí, tenés que escribir el Lado B de los cuentos infantiles, en clave contemporánea. Te sobra la muñeca y la capacidad de observación de la realidad para hacerlo. En tu Caperucita reversionada está la semilla de un libro. De veras. No lo dudes. Yo no lo dudo. Podrías incluir imágenes y hasta un CD con temas sugeridos para escuchar cada historia vampirizada por la posmodernidad. Abriste una pista que tenés que seguir. Sí, sí. Besos entusiastas.

sin reglas dijo...

una verdadera gozada.

la mejor version de este cuento que he leido. de largo.

las multiactividades de los "enanos" y la falta de tiempo para jugar de forma natural es una de las contradicciones de la educacion "moderna".

alucinado estoy de haberte encontrado.

sigo aprendiendo.

¿pajaro?

Susana dijo...

Sin reglas, me he puesto más roja que la caperuza en su versión convencional. Te agradezco tu entusiasmo, no sabes cómo.

Me encanta que compartas conmigo esa protesta razonable por la falta de tiempo para ser niños de los niños. Esa sociedad que nos condena a todos a fabricar pequeños ejecutivos, enfermos de estrés y de adultez antes de haber jugado al pilla-pilla. Vamos mal...

No sé si acabo de entender ese interrogante pajaril... Por las dudas, te diré que soy una ferviente admiradora del blog "Pájaro de China", que escribe magistralmente la amiga Mariel, con la que comparto mil afinidades, excepto la de su magistral vuelo, para mi desgracia, que la dota para tener perspectivas únicas, en las que me revuelco feliz.

Un abrazo enorme, y gracias de nuevo!

sin reglas dijo...

partiendo de la base que creo que uno de los lujos es tener tiempo para dedicarlo a lo que te apetece (que incluye desde un buen libro, un paseo, un viaje, una conversacion de las que sabes cuando empieza pero no cuando acaba, o el tumbarte en un sillon a no hacer nada)el que tengan un horario extra escolar totalmente ocupado para los niños me sorprende.

Si era por el comentario de mariel de susu y pajaro (curioso genetico que es uno).

estoy seguro que el rojo avergonzada (color poco de moda) te sienta genial.
pero te reitero que lei el texto con una sonrisa (imborrable) en la cara.