La sociedad ha hablado y ha dicho ¡NO!

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No aguanto las corridas de toros. Me parecen intolerables a estas alturas. No me vale ninguna de las excusas habituales. Por mí, se pueden morir todas las tradiciones que incluyan formas de tortura. Por mí, se pueden extinguir todas las especies de animales que se mantienen para ser torturadas. Y los que dicen que los toros no sufren deberían ser obligados, como mínimo, a leer tratados de fisiología animal.

En Catalunya, para que se contemple una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) se necesitan 50.000 firmas. La plataforma Prou! ha recogido en pocos meses 180.000 para que haya una modificación de la Ley de Protección de Animales catalana, en la que se añada la prohibición de las corridas de toros y de “los espectáculos de toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las suertes de la pica, las banderillas y el estoque” en el territorio.

Ahora queda en manos de los parlamentarios, que con sus votos decidirán si prospera o no la ILP. De la derecha de pasado franquista ya se sabe que va a votar en contra. Los grupos de izquierda más avanzados se sabe que van a votar a favor. Todo queda en manos del resto de los partidos, que van a dar libertad de voto a sus parlamentarios. Falta por ver si deciden seguir la voluntad de la sociedad catalana.

La verdad, espero que sí y que, por fin, queden prohibidas las corridas de toros por aquí.

12 comentarios:

MARIEL MANRIQUE dijo...

Esa fascinación por la fiesta de la sangre que incluye la tortura de un ser vivo ... esa mística de la tortura procurada por el semi-dios que viste "traje de luces" y toda la literatura imantada por la sangre en la arena (para no ir más lejos, Hemingway). Alguna vez leí que la sensibilidad de una sociedad debe medirse por el trato dispensado a los animales que viven en ella. Me cuesta hablar de "animales", para mí son sujetos insondables y puros, que jamás se devoran entre sí gratuitamente. Los hemos torturado desde siempre, arando los campos, cargando peso, poblando los circos y los zoológicos. Una historia del tratamiento "animal" nos revolvería las tripas y nos revelaría nuestras patologías más oscuras. Ojalá el "no" sea, por una vez, mayoría. Besos muchos y buen viernes, Susana.

Kanela dijo...

La mayoria de gente que va a ver toros creo que no es catalana y es de una cierta edad. Ojala se prohiba y no solo en Cataluña sino en todas partes. Pero por algun lado se empieza y si sale la ley lo celebrare.

Bashevis dijo...

Los hemos torturado desde siempre, arando los campos, cargando peso, poblando los circos y los zoológicos… si, y los seguimos criando cruelmente para nuestro consumo, creyéndonos quien para confinar de por vida a una criatura, matándolos por billones anualmente para nuestro deleite culinario… ya basta de comerciar con ellos como si de objetos se tratara.

A ver en que queda todo...

Saludos Susana... me paseo por tu cajón.

Susana dijo...

Mariel, sabía que alguien que habla con esa sensibilidad de sus perros no podía tolerar la fiesta de la sangre.

Me ha sorprendido también gratamente tu mención a los zoológicos. Por aquí no ha calado tanto esa sensibilidad. Yo estoy contigo: nada de zoos, ni tampoco animales en ningún espectáculo, empezando por la magia.

Gracias por compartir esa historia tuya de tripas "animales". Un abrazo

Susana dijo...

Kanela, yo también creo que las generaciones más jóvenes le van perdiendo el gusto, por fortuna. Confiemos en que sí, que esto sea sólo un principio, y que si más adelante sube otro partido al poder no desande lo andado. Crucemos los dedos!!

Susana dijo...

Bashevis, es una grata sorpresa verte por aquí. Yo también me he paseado por tus "no hays" en varias ocasiones, aunque no me lancé a comentarte. Ahora ya...

Te digo lo mismo que a Mariel: no sabéis qué placer comprobar que la sensibilidad no sólo afecta al toreo, sino que seguimos pidiendo más. En definitiva, una vida digna para los animales. Sin torturas, sin espectáculos, sin hacinamientos... y, sobre todo, sin concesiones.

Gracias por haberte pasado y por dejar una huella de tanto peso. Un abrazo.

El estúpido indolente dijo...

De las corridas de toros lo que siempre me ha llamado más la atención es el interés que puedan tener aquellos que las "usan y disfrutan".
Ver bramar a un animal, verlo sangrar, verlo morir.
Y después, a aplaudir.
Creo que tenemos el mundo que merecemos.

Stalker dijo...

La tortura de animales es un reducto de barbarie que conviene extirpar a toda costa.

La intervención de Mariel me parece soberbia, como siempre: ¿cómo se puede hilar tan fino y no pincharse nunca?

Hoy leía este texto de Chantal Maillard sobre los animales:

"Hay en el animal una inocencia que se me antoja camino de vuelta al origen. Anterior al juicio que distingue y sopesa, le procura al gesto la precisión que la razón le niega cuando se activa en los territorios que no le pertenecen. Y cuánto esfuerzo le cuesta lograr un “acierto” donde, sin ella por guía, habría certeza. El ser humano “desarrollado” se enorgullece de los logros de su inteligencia, pero cuán torpe es, cuán pobre y desasistido cuando pretende comportarse de acuerdo con la naturaleza. Yo aprendo de un animal todo aquello que mi voluntad traba. Y aprendo, también, mi desgracia, mi inferioridad y mi condición de extraña en este mundo que no sabemos proteger lo suficiente. Contemplo, voy hacia ellas, hacia las bestias, me “abestio”, je m’abêtis, como sugería Montaigne, aunque para el hombre enaltecido s’abêtir (“idiotizarse” sería la traducción de la palabra en su uso común) es rebajarse, volver al estado de salvajismo en el que, según sus teorías, estábamos al principio y en el que la carencia de leyes nos llevarían a matarnos unos a otros “sin razón”. Olvidan que las reglas que acorde a razones han de darse los seres humanos para convivir sin daños no son en absoluto necesarias en el reino animal. La acción de un animal, que nunca opera contra el bien de todos, no se diferencia de la ley natural".

Y me doy cuenta de que queda tanto por hacer para abestiarse, para recuperar la condición primigenia y des-bautizarnos de los nombres y la onerosa condición humana...

abrazos

Ramon dijo...

Ya sabes de mi escepticismo... Espero equivocarme y que la cosa prospere. Lo necesitamos por dos motivos, como mínimo: para ser un pueblo más civilizado que no permite la tortura animal como espectáculo, y para creer de nuevo que si nos lo proponemos somos capaces de cambiar las cosas.

Susana dijo...

Indolente, la imagen del aplauso tras el sufrimiento sin nombre, sin fin, del animal... A qué clase de bestia se le ocurre, reniego de los genes que me unen a esos ancestros de tal regodeo brutal.

Gracias por tu contribución cirujana. Un abrazo

Susana dijo...

Stalker, tu generosidad al traer al Cajón las palabras de la impactante Maillard me llega al alma... Aprender del mundo animal cuán torpes somos, hasta qué punto nos ha alejado de la naturaleza ese creernos con quién sabe qué intelecto de qué clase de superioridad. Volver a los orígenes. Sin duda. Imprescindible. Aunque sólo sea para que los orígenes nos salden las cuentas...

Un abrazo

Susana dijo...

Ramon, cuánta rázón tienes. Ambas cosas son de una importancia colosal. Hay que creer de nuevo que podemos. Que tenemos muchas semanas de julio (como nos cuentas desde tu blog) por hacer, y que bastaría únicamente con saberlo...

Evolucionar como sociedad pasa necesariamente por cortar de cuajo esa relación enfermiza con los animales. Incluso con el medio. Es una prioridad 'juliana'. Ojalá ésta sea una de esas primeras ocasiones para crecer como colectivo.

Un abrazo