En compañía de Bartleby



Sólo un genio de la categoría de Enrique Vila-Matas puede permitirse escribir un libro entero a base de notas al pie y resultar apasionante.

Y sólo un escritor tan creativo, tan anómalo e irreverente como él es capaz de dedicarle un libro enterito al mérito de la no escritura. Al abandono premeditado del uso de la pluma. Así, durante las 218 páginas que tiene la edición de Anagrama (Quinteto) que me han prestado, el narrador va centrándose en cada uno de los ex escritores para referir ese momento lúcido de afiliación a lo que denomina la “secta involuntaria del No”. Desde Rimbaud a Rulfo. Desde Hölderlin a Salinger. Su alta conciencia artística parece que les conduce a la más elevada de las opciones literarias: su ausencia.

Exactamente 86 notas. Cada una cobra sentido en sí misma. Una micro-novela acerca de lo más representativo del “laberinto del NO” de cada uno de los autores y, como siempre, con esa prosa suya impecable, estimulante, extraordinaria. Se aborda la cuestión, no tanto del porqué dejan de escribir, sino de las excusas que aportan a los medios para hacerlo. En este sentido, es una verdadera delicia el “tío Celerino” de Rulfo que, al tener la poca delicadeza de morirse, lo deja a éste sin su única musa. Aparecen en el libro multitud de tíos Celerinos, algunos hilarantes, otros cercanos a la tragedia. Y es así como el narrador de Bartleby y compañía va construyendo un trabajo de coleccionista, de pseudo-ensayo de la negación.

La única causa de no-escritura que obvia en el libro es la de la muerte. Sólo hace una excepción con Jacques Vaché porque tuvo la inteligencia de escribir una frase genial antes de suicidarse (por otra parte, gesto indigno a los ojos del narrador): “El arte es una estupidez”.
Rulfo

Con total coherencia con su apuesta por la literatura del No, tiene palabras de elogio y admiración hacia el artista sin obra. Cita como caso paradigmático el de Pepín Bello, que tuvo el acierto de ser amigo de buena parte de los miembros de la generación del 27, rasgo que le permitió el lujo de ser considerado artista, y en cambio no crear. A esta altura cita a Vidal-Folch. Genial:

“Tener una mentalidad artística y negarse a darle vía libre conduce a dos caminos: uno, el sentimiento de frustración (…), otro, mucho menos extendido (…), es el que dirige los pasos de Pepín Bello: renunciar sin lamentaciones a la manifestación de los propios dones puede ser una virtud espiritualmente aristocrática (…) tiene algo ya de divino.”

El espíritu del No dignifica al hombre, lo aleja de la vulgaridad del criterio del público mayoritario, ése que consume literatura de la que podríamos llamar “de mentirijillas”, las últimas novedades, y demás. “Los libros malos son un veneno intelectual que destruye el espíritu” (cita a Schopenhauer). Es más: “Porque todos los hombres que dicen que , mienten” (cita a Melville, creador, por cierto, del personaje que da título a la novela).

Creo que casi todos los lectores se deben de haber preguntado a una u otra altura de este libro si los datos, las declaraciones que se citan son reales o ficción. Seguro que incluso hay quien los ha cotejado. No es mi caso, lo siento. No puedo aclarar si, por ejemplo, ese ya entrañable tío Celerino existió, si fue una ficción de Rulfo o una ficción de Vila-Matas sobre la ficción de Rulfo. El caso es que cuando se lea, se disfrute como si fueran las tres opciones a un tiempo, que para ello el autor nos da elementos de sobra. Mi intuición me dice que hay un poquito de cada, e incluso opciones que no son ni lo uno ni lo otro, que para eso el autor de El viaje vertical o de Extraña forma de vida es un gran mago. Un gazpacho de realidades. Pero no tengo claro que eso importe. En la otra dimensión digamos, en la de la “literatura superior”, la bartlebyana, todo lo que leemos es milimétricamente cierto, y le da un nuevo sentido a este lado de la verdad.


En esta obra, pues, se puede decir que habita y toma sentido la paradoja. Un libro escrito sobre la no escritura (el ‘síndrome Bartleby’), a base de notas al pie (¿al pie de qué, perdón?), sin un texto al que complementar, y donde defiende que esa actitud de la negación es la única forma atractiva y viable del futuro de la literatura. Un libro donde se literaturiza sobre los autores de ficción que no escriben. Casi nada. Paradoja pura, pero tan llena de sentido… Quizás ésta sea la muy particular forma de habitar en el laberinto del No de Vila-Matas. Lo que sí tengo ya claro, es que a mí, que no era ni del Sí ni del No ni del todo lo contrario, me ha convertido en una lectora con vocación del No.

Y para ya acabar, cito la última frase del libro, contundente y redonda, porque ahora mismo me hace muchísima ilusión contagiarme de vila-matismo.

“Muchos años después diría Beckett que hasta las palabras nos abandonan y con eso queda dicho todo”.


4 comentarios:

Ramon dijo...

Yo también estoy contagiado de vila-matismo. Tú empezaste con París no se acaba nunca y el elogio fue la espoleta que me llevó a algo que me apetecía desde tiempo: adentrarme en el mundo paradójico de EVM. Y desde luego fue un descubrimiento y en ello sigo, apasionado totalmente. Tanto que incluso pongo el freno para no ir encadenando vila-matas una detrás de otra, que me conozco y pienso que es sano alternar lecturas y no dejarse llevar sólo por la pasión bruta. Tengo por comentar en mi blog París, que me gustó muchísimo. Y así sigo, absorvido y con el freno puesto. Pero será por poco tiempo. Batleby me espera.
Gracias por esos apuntes motivantes, ya ves que antes eran verbales, ahora además en tu blog. Por cierto, le doy al Me gusta y no queda grabado... ¿Cómo hacer?

Susana dijo...

Pues nada, no te preocupes: el Me gusta (cómo me gusta que te guste!) me lo quedo yo grabado. Tengo yo un corazoncito muy confortable para esas cosas, y lo pienso guardar bien y cuidarlo a cuerpo de rey (porque a cuerpo de presidente de la república no se estila, verdad?).
Me alegro enormemente de haber sido un poco culpable de tu vila-matismo. Esperaré con muchas ganas tu aportación de "París no se acaba nunca", quizás el libro que más me ha gustado en los últimos años.
Así que en nuestra comunicación hemos ido más allá de la verbalidad y hemos acabado haciéndonos recomendaciones por escrito... Qué raro, ¿verdad? ;o))
Un beso enorme! Gracias por seguir ahí...

imaginàri dijo...

M'ha agradat tantíssim el teu escrit que penso que és una llàstima el NO d'alguns escriptors tan bons que hi han , i a tu t'incloeu-xo, espero que et mantinguis en un SI rotund.

Susana dijo...

Vaja, Imaginari, moltíssimes gràcies.
Tant de bo depengués de mi estar en fase de SÍ o NO. Un crea mentre li és possible, però també hi ha fases de sequera persistent.
Això sí, et garanteixo que li tindré les portes obertes al SÍ, perquè s'hi quedi tot el temps possible. Amb lectors tan agraïts com tu, encara donen més ganes de seguir en el si del SÍ.
Una abraçada i gràcies de nou.