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De mayor quiero ser delincuente



No es mi intención hablar aquí –aunque podría hacerse durante horas– de esas cárceles que pueden llamarse VIP, y que ocupan espacios de las noticias cada tanto (el espacio que puede ocupar su descriptivo es inversamente proporcional a la riqueza del país; por ello en casa, de pasado grisáceo, no es tan rara la noticia de exageraciones en los espacios/tratos).



Pero en esta ocasión, y aunque no sea demasiado políticamente correcto, me quiero referir a las cárceles “normales”, a las que van a parar delincuentes comunes, violadores, asesinos y también rateros de pocos recursos con los que la vida ha sido especialmente injusta.

Había oído, con sorpresa, que una estancia en la cárcel salía bastante más cara que la de un hotel de cinco estrellas. Había oído, sin apenas poder dar crédito a mis interlocutores, que había aumentado el número de delincuentes de poca monta que “la liaban” para poder pasar una temporadita “en el talego”. Es así. Allí descansan, comen bien, ni pasan frío ni pagan alquiler, les arreglan la boca, hacen colegas, ven su pantalla plana que tienen todas las celdas, se apuntan a algún cursillo divertido y salen como nuevos.



Pero lo que me dejó petrificada fue una noticia, minúscula, alrededor de los días de Navidad. Los presos de una cárcel próxima a Manresa (provincia de Barcelona) se amotinaron… ¡¡por no recibir este año el lote de Navidad debido a la crisis!!



Para hacerse cargo de mi berrinche, hay que aclarar que el gobierno que les concede ese peculiar derecho a sus presos, no considera que sus trabajadores sean merecedores de ese mismo privilegio. Los funcionarios no han recibido nunca en la vida un lote. Tampoco nunca se les ha pagado una comida de celebración navideña, como se les hace a ellos. Me imagino con qué cara debía repartir los lotes el pobre celador mileurista de aquella institución, mientras él se iba con las manos vacías a su casa. ¿Soy yo o llega a ser de locos?



Por supuesto, a los trabajadores de ese estado tampoco se les rehace la dentadura, no se les pagan los estudios, ni sus instalaciones lúdicas (es sobradamente conocido que hay cárceles en nuestro bananero país con piscina, gimnasio… y en todas, desde luego, hay teatro, para que se entretengan mientras “pagan” su deuda con la sociedad). De ahí salen con piso protegido, con una prestación de desempleo y con un asistente social en los talones pendiente de sus necesidades.
Piscina de la prisión Els Lledoners (prov. Barcelona)

Aunque no me merecen el mismo respeto el que hurta carteras a los turistas que un violador, por poner un ejemplo, creo que uno y otro debieran trabajar, contribuir al pago de su estancia y al acceso a todos esos servicios. Lo mismo da que ensobraran recibos bancarios o que hicieran faenillas de carpintería. Pero dudo mucho que tal y como están las cosas, la cárcel sirva para rehabilitar ni para disuadir de llevar cierto tipo de vida.



Ahí no queda todo. Unos días después salía otra de esas mini-noticias sobre cárceles. Parece que tienen un economato/tienda donde disfrutan de precios excepcionalmente rebajados. En alguna ocasión ha habido pequeñas trifulcas porque les habían limitado el número de bebidas alcohólicas que podían consumir al día. Pero allí se les hacen además grandes ofertas. Una de las últimas en otra cárcel española era la de un paquete con dos fuets. Cuando llevaban repartidos unos cuantos de esos paquetes a cualquiera que se acogió a la oferta, un preso les avisa, algo traspuesto, de que en el paquete, como anunciaba su envoltorio, había de regalo un magnífico… cuchillo de cocina!! Con una afiladísima hoja de 11 cm para más señas. ¿Pasarán cosas así en algún otro lugar del mundo?



En fin, que yo quiero tener esos precios también. Quiero tener tiempo y dinero para hacer cursos que me ilustren, quiero no pagar alquiler y dedicarme a leer o escribir. Quiero que me hagan conciertos, que me den de comer gratis –con extras los días de fiesta–, quiero mantener el derecho a echar el polvo de la semana en la intimidad. Quiero que me den un lote de Navidad. Quiero aprender a tener pocos escrúpulos para, de mayor, ser delincuente.



P.D. Y cuando por fin vayan a la cárcel algunos de esos personajes de la trama Gurtel, o el mafioso Fabra si algún juez por fin se atreve a juzgarlo, o el ‘encantador’ Millet (como decía Ramon en Grito de lobos hace unos días), etc., espero que sufran tanto allí que queden rehabilitados para siempre.

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Nota: después de una temporada de castigar cuerpo y mente con una absoluta falta de tiempo, y para tomar aire para lo que me espera en breve, me marcho unos días fuera. Si todo va bien, voy a ver cómo anda el mundo por el sur, y a la vuelta os lo cuento. Guardar calentito el Cajón y sus links amigos.



Los yonkis de la Bayer, el Papa cocainómano y otras perlitas

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Parece una broma de mal gusto. Una manipulación extrema de alguien que le tuviera manía a algún laboratorio farmacéutico. Pero no es nada de eso: simplemente, así se consideraban las drogas hace un siglo. Puede que no tuvieran conciencia de que se trataba de drogas. O puede que sea el hombre actual el que recubre de prejuicios determinadas sustancias que, de no permanecer en la clandestinidad, no serían mucho más graves que, por decir algo, un vaso de coñac o un atracón de chocolate. No soy quién para determinar qué es bueno o deja de serlo; es más, no tengo el menor interés en determinar nada parecido. Pero hoy traigo algunas “perlas” que, cuanto menos, hacen que nos planteemos hasta qué punto la mayoría de las cosas son relativas.




En 1890, muy poco después de sacar al mercado la archifamosa Aspirina, la Bayer descubrió un jarabe de extraordinarias propiedades.




Administrado durante todo el invierno, el Jarabe Bayer de Heroína protegía de las enfermedades propias de la estación. Probablemente por este motivo, el jarabe se promocionaba especialmente para los más susceptibles de la casa: los niños.
 


 
Pero, claro, los niños desde siempre que se empeñan en coleccionar enfermedades varias, así que, además de la heroína había que inventar otra serie de medicamentos. Así, descubrieron que un poquito de cocaína iba de película para que se les pasara el dolor de los dientes. No hará falta recordar a qué edades tan tempranas les salen los dientes a los pequeños, ¿verdad? Ni a qué edad los cambian... Así de plácidos juegan los niños a los que no les molesta la dentadura:
 
 

 
Pero también hay que pensar en los sufridos padres de niños inquietos. Los hay moviditos desde el principio, por eso algún científico brillante ideó una medicación ideal para los niños desde recién nacidos: una estupenda mezcla a base de opio y alcohol de 46º. Y por si fuera poca la ventaja de 'tumbar' a cualquier pequeño, variando la posología podía aplacar a cualquier adulto nerviosillo.
 


Pronto salió la competencia: una composición prácticamente idéntica era el remedio perfecto para el asma, la bronquitis, la tos... Y si no curaba el mal, creo yo que ayudaría a pasar el mal trago más felizmente.




Las propiedades de esos productos casi mágicos eran inagotables. Aquí tenemos un maravilloso anuncio en que se anuncia la cocaína como anestésico, antiséptico, útil para las afecciones de garganta... Por ello, al pie, se dice que es imprescindible para cantantes, profesores, oradores y demás público con cuerdas vocales muy trabajadoras.



Probablemente, buena parte de los que usaran la cocaína para su garganta utilizaran también este delicado inhalador: nada menos que a base de anfetaminas. Me juego lo que sea a que los otorrinolaringólogos de la época eran los médicos más buscados...




Visto lo visto, no es de extrañar que en este fantástico regalo promocional, la gigante farmacéutica Boehringer presumiera de ser la mayor fabricante de quinina y cocaína del mundo.



Pero no todo eran aplicaciones farmacéuticas. Pronto le descubrieron también funciones más próximas al ocio. Un ejemplo de ello era el Elixir Buton de coca.




Cuando se les ocurrió unir una de esas sustancias de propiedades prodigiosas con vino, ya fue el rien ne va plus. Se tomaban su vinito, mientras que, como se lee en el siguiente anuncio, recuperaban fuerzas o curaban cualquier enfermedad nerviosa. No se podía pedir más.



De esta época, y de la combinación de vino y cocaína, salieron algunos anuncios increíbles y una multitud de aperitivos revitalizantes distintos:










Pero, sin ninguna duda, de entre todos los vinos de coca, el que era más famoso con diferencia era el Vin Mariani. Probablemente tenía una buena distribución, y también influían sus llamativos anuncios (probablemente, alguno de ellos radical y escandaloso en aquel momento).






Pero lo que hizo que el Vin Mariani cobrara tantísima fama fue la afición que le cogió enseguida el Papa León XIII.




El Papa le escribió una carta entusiasmado y agradecido al señor Mariani. Confesaba llevar siempre consigo un frasco con su vino de coca, y contaba hasta qué punto le había ayudado a recuperar fuerzas. Así las cosas, algo más tarde le concedió la medalla de oro.




Así pues, además de tratar de acercaros esta curiosidad, que a mí, desde luego, me impresionó bastante, creo que es bueno recordar que puede que las grandes verdades que esgrimimos hoy, la historia se ocupe de negarlas mañana o el siglo que viene. Y, obviamente, cabe también recordar que, porque un producto se venda en la farmacia o lo recete un médico, no es necesariamente inocuo.
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Avanzando sin ataduras: el 'grito' coral de los lobos

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A veces, qué lamentable, pienso que es injusto investigar nuevas voces blogosféricas. Por aquí se estila un maravilloso quid pro quo que admiro, pero que en justicia reconozco que a veces cuesta dioses y ayuda, horas de sueño y algunos otros sacrificios poder corresponder. Mis blogs amigos escriben mucho. Piensan muchísimo. Recomiendan vídeos, películas o autores que hay que rastrear para oír sus verdades. Y saben tanto y lo dicen tan bien, que es difícil resistirse a su entusiasmo, y explorar sus galerías, sus asombros, sus rabias o sus sonrisas. Mis amigos bloggers son grandes como grandes mundos.



Y el tiempo nos somete a un sacrificio inacabable también. Cosas de aquellas que garantizan una supervivencia amable. No impecable, sólo, apenas, vivible. Y llegar a todo y a todos. No descuidar a la Reina, protagonista absoluta del tiempo de ocio que permanezca… Pero tampoco a la madre de la madre de la Reina, de salud más endeble, y previsiblemente de extinción anterior a la propia. Y tampoco a esa segunda familia elegida, de entre todas las posibles, para permanecer en una, a través de los tiempos, que son los grandes amigos. Los amigos-hermanos. A los que quiero, necesito y me tienen, y sin los cuales tendría yo el mismo sentido que una cometa sin aire. Un molino de viento sin aire. Una veleta o un avión de papel. Sin aire no vivo. Son mis pulmones y su oxigenación llega precisa para renovarme la vida. Una y otra vez, pacientemente, obstinados en hacerse imprescindibles.

Luego hay una categoría de amistades ‘imposibles’, inverosímiles y casi impensables, pero que una siente con una fuerza nutricia similar a la de la electricidad, que no vemos pero nos ilumina. Encienden mis focos. Me arropan con su calor cuando hiere duro el invierno. Componen una hoguera que tiende manos y reconstruyen un hogar desde donde se hallen. En la otra punta de Barcelona, en Galicia o en Buenos Aires. Pero, hay que vivirlo para sentir algo así: una se cae, y no le sueltan la mano. Personas especiales que me presentó este mundo tan extrañamente próximo. Cierro los ojos, y son también hermanos. Y sé que sufren por mi sufrimiento, porque el suyo se convierte en uno mío de primer orden.


Y hay alianzas que se construyen por amores en común. Las parejas de mis amigos-hermanos son también mi familia, porque quieren y les facilitan la vida a los que quiero. Luego, puede ser que, felizmente, tenga afinidades de otros tipos. Pero juro que a priori los amo. Amo sus apoyos, amo la sonrisa que se dibuja en el rostro de mi hermano-amigo cuando se le nombra. Amo la felicidad que se intuye en sus miradas soñadoras. Amo que “se disculpen” por mail por no tener tiempo para un encuentro conmigo, porque un amor grande como una atmósfera les rodea y les secuestra de felicidad. Amo también, no podía ser de otra forma, lo que ellos aman.

Amo, y no sé explicarlo mejor, a cuantos les aman. De esos ‘otros’ amigos que cuesta explicar a quien no lo sienta que formen parte de una, me emocionan sus muestras de fidelidad, de seguimiento, de entrega. En multitud de ocasiones siento el instinto de entrar en casas ajenas para agradecer presencias en quien amas. Te sientes incondicional de aquella amistad que ha defendido a alguien que te importe ante un ataque injusto. Y te vuelves intolerante con quien ha funcionado moviéndose hacia el sol que más calienta. Con frecuencia descubro que yo tolero menos su ‘infidelidad’ hacia los afectos que la persona directamente afectada. Y es que ante los “míos” soy leona. Cuanto puedo tener de dulce –que es mucho− puede transmutarse en dureza feroz si hieren a miembros de mi clan afectivo.

Y veo a los amigos de los amigos que quiero en sus casas. Las de ‘verdad’ o las virtuales. Y siento el impulso de visitarlos, de agradecer, de comunicarles ésas y otras afinidades. Pero sale el cerebro que controla los minutos, las horas, los días y las semanas. Sale ese controlador cómplice y desagradable a un tiempo. Y me cuenta que no puedo subdividirme más. Que acabar cuesta arriba a las tantas, sin fuerzas, sin mente, sin haber aparcado los afectos de parte de la Reina o de la desconexión –que a veces es lo mismo que hacerlo de parte de una misma− es injusto para una y otros.


Todo esto viene a que crear un blog colectivo, en el que nuestro aullido, habitualmente de lobos solitarios, pueda ser coral, me parece un gesto importante. Lo he dicho hace poquito: el peor defecto de la izquierda es que hace una terrible oposición, y que tiende a dispersarse. Tener una iniciativa en sentido opuesto, apostando por lo que tenemos en común y no en lo que diferimos, poder hablar libremente, sin someternos a las amenazas de los anunciantes o a las subvenciones, me parece un proyecto importante y valioso, y juro que me gustaría tanto que saliera adelante, y que cada vez nos juntáramos más inconformes, y gritáramos más, e hiciéramos más ruido…


Pero por lo que he dicho antes, por esa otra forma de alcanzar amigos, y amigos de amigos, que exista un blog colectivo también tiene un algo egoísta, y que se parece a estar rodeado por lo más inteligente, amable y encantador del mundo mundial blogosférico. Aunque anda dando sus primeros pasos, aunque éstos son unos días peculiares en que la mayoría (yo incluida) tenemos compromisos familiares o ritmos distintos por lo menos, a pesar de todo, uno entra en Grito de Lobos y se siente rápidamente en casa. Y por eso, como hormiga anfitriona del blog, me permito invitaros a daros un paseo por allí y a participar cuanto queráis. Yo aprovecho para dar las gracias a todos los compañeros de lobo-fatigas por su coraje, y a los dioses por haberme situado entre tantos buenos amigos y adonde empiezan a llegar ya amigos de amigos. Sin ataduras, por fin.


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¿Me das la mano?

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En Paradela de coles he leído hoy una entrada muy sentida y emotiva, sobre el caso de Aminatou Haidar. La experiencia reciente con la figura de Machado, la convergencia de ideas y reivindicaciones en tantos casos, ha hecho que lo que empezaba siendo un comentario en su blog se haya convertido en una entrada con propuesta incluida. Aquí lo dejo, para quien quiera añadirse...
Debemos pedirle perdón a Aminatou, M. Jesús, y debemos pedirte perdón a ti, a todos los que sufrimos con ella su perseverancia, su valentía, su calvario, por permitir que ella, tú, nosotros, todos seamos simples piezas de un Monopoly gigante. Por permitir que estas pseudo-dictaduras occidentales actúen impunemente en nuestro nombre, cuando nosotros esperamos cosas distintas de lo que debería representar nuestra voz y nuestras manos. Por conformarnos con discursos llenos de buenas intenciones porque los hechos suelen esconderlos y nosotros, como un gigante mecanismo articulado, giramos la vista. Por tantas y terribles injusticias que permitimos o directamente cometemos como colectivo. Hay que pedirle perdón a ella, y también a ti, que has sufrido por ella, a cuantos nos sentimos impotentes desde nuestras confortables casas, cuando vemos los telediarios mientras hacemos la digestión de nuestra cena. Perdón por permitir que esas noticias, terribles o taimadas, se sigan produciendo día tras día, año tras año, mientras nos comportamos como disciplinadas piezas de su juego.

Su estrategia es hacernos creer que no está en nuestras manos. Nada. Que cuando protestemos, lo hagamos desde la resignación.

Pero tu grito, amiga M. Jesús, la protesta activa de Juan Navarro hace unos pocos días, la rabia de todos nosotros, que sabemos que el regreso de Aminatou es sólo una silla en un camino más que tortuoso, deberíamos hacer algo más grande.

Las ONG dependen en buena parte de las subvenciones gubernamentales, así que tienen una mordaza muy importante. Es un gesto quizás pequeño, pero hace tiempo que pienso en que, quizás, juntando nuestras voces, pudiéramos crear un altavoz de mayor tamaño. Sé que somos muchos los que protestamos de vez en cuando desde nuestros blogs (o desde comentarios en ellos, o incluso desde una cerveza con unos amigos). Así que esto es una propuesta en firme para crear un blog colectivo, aglutinador, desde donde podamos unir nuestras fuerzas y nuestros lectores. Donde, si gritamos a un mismo tiempo, seamos mucho más fuertes.

En otro orden de cosas, hace pocos días, desde el blog del amigo Ramon (de Eastriver), se demostró que éramos muchos los que podíamos convergir y reivindicar a un tiempo a Machado. Podemos hacerlo también con otras cuestiones que nos alcancen de distinta forma. Lo colectivo, de nuevo. El inconformismo. La unión. La patada en el trasero a su confianza en que seguiremos rabiando a solas, con estudiada resignación.

Ellos lo saben. Por eso unen los estados, de forma que puedan imponer las leyes que les interesan internacionalmente. Seamos al menos tan listos como ellos, y juntemos nuestras energías.

Me gustaría saber qué os parece la propuesta.
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La otra versión sobre los piratas

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Un amigo, Gabi, que sabe que me interesan las "otras" informaciones, me manda este vídeo. Aunque la violencia y las amenazas no pueden justificarse, esta otra versión sobre los piratas (en plena resaca del episodio del Alakrana) hace, cuanto menos, reflexionar. Esto, junto a la evidencia de que el armador hizo que el pesquero se adentrara en aguas reconocidas internacionalmente como de piratas, a pesar de que con ello ponía en peligro incluso la vida de su tripulación, hace que podamos incluso cuestionarnos quién es "el malo" de la película. El vídeo nos muestra cómo viven las gentes de las costas africanas la existencia de piratas. Las gentes con muchos menos medios, con muchísima menos voz (como pasaba aquí no hace tanto). No es la versión de los empresarios de pesca, ni la del gobierno, enfrentado a una gran presión social y mediática; es la versión de las gentes, de los grandes desfavorecidos de la legalidad de los fuertes. La de los pueblos enteros que sobreviven gracias al pescado de sus costas. La de los pobres..
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Soltería (y III): 'último' recurso y preguntas ante el espejo

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Seguimos con el ‘drama’ de la soltería involuntaria. En la primera parte ya me referí a la complicada vida social de los solteros (los que han superado las fases de acné juvenil, queda claro). En la segunda, conté mi perspectiva sobre ese extraño escaparate de solteros que son algunas páginas de Internet. Aquí me lanzo con el plan B, que no es que salga siempre mal, que unas risas entre amigos siempre están bien, pero que hay veces que…

Me refiero a las discos. Y, mira, confieso que no están hechas para mí. Lo primero, ya para empezar, es que el chumba-chumba me mata. Lo segundo, otra afrenta a la autoestima: mis amigas van peripuestísimas, con sus modelitos resultones, transparentes, marcones o alentejuelados, y yo me resisto a comprarme ropa ‘para salir’, así que o acabo formal como para ir al trabajo o hecha un trasto, como me manda el instinto en situaciones ‘normales’. Pero lo peor de lo peor es cuando te ‘arrastran’ a un local chumba-chumbero, miras alrededor y le preguntas al camarero: “perdona, ¿dónde está el sector ‘mayores de edad’?” y te mira con pinta de hasta hablar otro idioma. Tener que pasar un buen rato de la noche mirando barriguitas intactas con pearcings y pantalones de calzoncillos para abajo mientras oyes hablar de que “a ver si me saco la ESO” es demasiado para una, así que cuando me encuentro en esa tesitura empiezo a hacer un pressing lento entre los que no bailan: “¿y si nos vamos a tomar un mojito?”. Al salir, qué alivio, qué bien se respira el aire sin decibelios golpeando…

Aún hay otras cosas malas de las discos y similares: ser buena persona. Ejemplo: te ‘entra’ un chico pelma y ya no te lo despegas porque no quieres decirle “déjame en paz: no me voy a ir contigo a ningún lado, y además esta conversación sobre tu coche se me está haciendo insoportable”. A veces llegas al “¿seguro que no quieres probar suerte con aquélla de allí? ¡Mira qué mona es!”. Pero pasa lo de siempre: cuanto más difícil eres, más les molas (a no ser que tengas la capacidad de ser mala y envenenada y soltar improperios). Entonces entran a preguntar cosas ‘profundas’ a lo “¿qué te gusta de un hombre?”. En ese estado de la situación ya sí corres el riesgo de ponerte borde, incluso aunque seas buena persona y te sepa mal fastidiar al prójimo (aunque el prójimo sea pelma, de encefalograma plano y poco agraciado en los dos sentidos del término).

Así que llegas a casa a las tantas, un dineral más pobre, con los pies echando chispas por aguantar tacones tanto rato (¿por qué no pondrán más asientos en esos sitios?), con los oídos fabricando acúfenos a todo trapo y entonces, ya con el pijama y agradecida de haber regresado de ese sub-mundo en el que la gente paga por entrar, te preguntas: “¿qué diablos te gusta de un hombre?”. Y lo peor es que te acabas contestando algo parecido a lo que decían los ligones de Internet: que tenga una conversación agradable, que tenga sentido del humor y… (noooo, Diosssss, ¡se me está ocurriendo lo de “que sea amigo de sus amigos”!).

Y entonces me hice algunas preguntas:
  • llegados a este punto, ¿asumo sin más que el modelo ha cambiado?, ¿que probablemente ya no compartiré mi vida con nadie en el sentido convencional? De hecho, ¿es posible que sea lo deseable? ¿Estoy preparada para hacer el duelo de ese otro modelo de vida que culturalmente he heredado?
  • En los miedos relativos a esa 'soledad del camino', ¿influye el hecho de tener como cohabitantes una Reina y un desastrito-de-cuatro-patas (niño2)? ¿Influyen estos años de ser siempre una la que saca las castañas del fuego a ritmo de 24/7/365?
  • ¿podría llegar a querer a un hombre con quien no tuviera química sexual?

Por si acaso, yo ya tengo fecha para una sesión de tupper-sex…

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Propuesta poética - R. Solís Arechavaleta

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Reproduzco aquí parte de una polémica sobre qué debe ser la poesía, no porque reproduzca lo que pienso, sino porque me ha hecho pensar... mucho. Me parece, cuanto menos, interesante...

"Los poetas deberíamos volver al antiguo oficio de juglares, que ahora sólo defiende un puñado de músicos. La poesía también es musical, también es canción, palabra cantada. También pertenece a las artes escénicas, y tiene un valor de uso como cualquier otro arte, o como los zapatos y las cobijas. «Hace más llevadera la vida», dice Gabriel Zaid.

Pero en algún momento, los señores compraron a los poetas para que alegraran a la corte con sus cascabeles y sus ropas de colores brillantes. En algún momento abandonamos los senderos para echar raíces, y abandonamos nuestra labor social de cirqueros ambulantes, a cambio de un tazón de sopa en la mesa grande. Rompimos nuestro compromiso de entretener, criticar, informar, inspirar y conmover.

Renovemos esa antigua alianza con lo popular, con la gente. Empuñemos de nuevo esa poesía militante de hombres pobres que la arrebatan al autor y la vuelven propia. Así, aunque viviéramos mal, viviríamos de nuestro arte, y no de limosnas que arrojan los señores en forma de becas y concursos. Ese esquema vertical del poder es por definición antitético de la poesía, y sólo puede llevar al envilecimiento de ideales y banderas, y al final a la completa falta de fe.
La ley se fundamenta en usos y costumbres. El arte se alimenta de creatividad. Por lo tanto es lógico y natural que la ley (es decir, quienes la administran) se encuentre con frecuencia alejada de lo artístico, e incluso, en algunas ocasiones, en el bando opuesto.

El arte es un espejo, y por lo tanto es natural que a veces no nos guste lo que vemos en él, y tratemos de ignorarlo, e incluso lo ataquemos con la rabia del que se sabe, o se descubre, feo. En resumen, el arte, y en concreto, la poesía, bajo este punto de vista, está destinada a ser marginal.

Sin embargo, un tipo, o un grupo reducido de ellos, basándose en algo tan subjetivo como eso que llamamos buen gusto, decide que una obra es valiosa —es decir que la valida, le da un valor, fíjense qué cabrón—, no sólo en el sentido artístico sino también en el comercial. Entonces se echan a andar los mil trucos de la mercadotecnia para colocar este producto al alcance de todos aquellos que, desprovistos de la cualidad celestial que otorga un título de la Facultad de Filosofía y Letras, no pueden hacer otra cosa más que comprarlo o ignorarlo. A juzgar por la crisis de la industria editorial, pareciera que en general se prefiere esto último.

«Es que la gente no lee», es nuestra excusa favorita, sin embargo, según la Procuraduría Federal del Consumidor, una secretaria promedio gasta hasta la tercera parte de su sueldo en material publicado. Compra, por supuesto, revistas que desde nuestro impecable (¿implacable?) buen gusto consideramos menores. Revistas de belleza, consejos sexuales, guías televisivas, noveletas rosas con temas trillados y cursis, o franca pornografía.

Pero, ¿por qué la gente prefiere consumir algo menor? Muchas explicaciones son posibles. Tal vez una de las más sensatas sea que cuando se trata de elegir entre lo bueno y lo fácil, la mayoría de nosotros elegimos lo fácil. Otra explicación sensata es que nuestro pretencioso arte mayor no tiene ningún uso para la mayor parte de la comunidad.

¿Qué pasaría si fuera al revés? Si los poetas volviéramos al antiguo oficio, si en vez de recitales o presentaciones de libros, organizáramos conciertos igual que los músicos, o leyéramos en los camiones, en las plazas públicas, en mitad de la calle. Rolar nuestra poesía, volverla colectiva, obsequiarla a la gente que premiará a sus autores favoritos exigiendo su obra en las librerías.

De ningún modo propongo darle a la gente lo que pide, sino lo que necesita, que es muy distinto. La gente no quiere tener miedo, pero a veces necesita historias de terror. A la gente no le gusta estar triste, pero a veces necesita historias que hagan llorar, o reír, o conmoverse de cualquier manera.

¿Cómo volver a la juglaría? Juglar, en el sentido que aquí se utiliza, tiene un sinónimo más de acuerdo con la época en la palabra rolero o rolador (Consultar Manifiesto Rolerista).

Rola es un mexicanismo exquisito. Como sustantivo, una rola, es la expresión cariñosa de canción. «Escucha esta rola» es darle a cierta canción un lugar más alto dentro de nuestra valoración emotiva. Por otro lado, como verbo, rolar es un anglicismo que significa volver colectivo, girar, cotorrear, dar una vuelta. En cierto sentido se parece a la palabra inglesa play, que se aplica lo mismo para decir juego que para interpretar una canción, o para llamar una obra de teatro. Así propongo que los poetas nos volvamos al Rolerismo como a la juglaría.
Pero, para pertenecer a estos movimientos, desde mi punto de vista, debe haber un compromiso más profundo y sólido entre poetas y la tan famosa sociedad civil. Debemos participar activamente en la vida nacional, pero desde nuestro arte, no como directores de alguna institución, como diplomáticos, como senadores, o como representantes de ninguna otra cosa más que nuestra propia opinión.

Eso de ningún modo significa afiliarse a algún partido, o a alguna ONG en particular. De ningún modo pretendo que todos debamos ser de izquierda o de derecha. Sostengo que quien crea en las luchas obreras debe participar en ellas como poeta. Quien crea, por el contrario, en el neoliberalismo, también debe participar activamente en él.

Nuestro primer compromiso social debe ser la lucha contra la falta de ideales. Creo que, como todos, tenemos la obligación de proponer y difundir los nuevos ideales, las nuevas banderas, y por ello también, tenemos que volvernos roladores de nuestra obra y avalarla con nuestra vida.

Entretener, criticar, informar, conmover a mucha gente, al mayor número de personas posible. Demostrar que la poesía no está muerta, y no es un reflejo de lo que pasó, sino que puede cumplir con una labor social de suma importancia: provocar, confrontar, incidir y, de ese modo, detonar cambios, reformas, e incluso, revoluciones, ésa sería una noble misión para el arte en este oscuro final del siglo XX."
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Un lujo llamado 'bicing'

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Cómo me gustan esas estampas de ciudades tranquilas o pueblos amables en que la gente se desplaza a pie o en bicicleta. Qué agradable es que en una ciudad haya pocos coches, poca contaminación y zonas de paseo libres de circulación. Por desgracia, no es el caso de Barcelona. Entre otras cosas, porque la ciudad tiene un deficiente servicio de transporte público. Qué enorme fallo en una ciudad tan presumida como ésta.

Concretamente, las zonas más altas de la ciudad son las que tienen peor servicio de transportes. En Horta-Guinardó, un barrio de gente humilde y trabajadora (y el mejor, aunque sea ésta una afirmación sospechosamente parcial), la última encuesta municipal reveló que, por encima de la crisis, de la seguridad ciudadana, de la urbanidad o la limpieza, lo que más preocupa de la ciudad es el transporte público.

Sin ir más lejos, cuando espero el autobús de vuelta a casa desde el trabajo (ya que el metro deja a una distancia considerable y con una cuesta muy empinada), antes de que llegue el bus que esperamos montones de trabajadores, vemos pasar por la parada vecina de transporte turístico entre 3 y 5 autobuses que llevan a los muy preciados visitantes al Parc Güell. Claro, normalmente el primero va lleno en un 60% en épocas de mayor afluencia de turistas; el siguiente transporta quizás a un 10% de su capacidad. Los tres siguientes llevan prácticamente vacíos sus dos pisos. Por el contrario, cuando por fin llega el autobús urbano, de un solo piso, claro, nos metemos como sardinas enlatadas, nos apretamos, nos empujan, los hay que se marean, se caen unos encima de los otros los que no pueden llegar a un asidero, y los más mayores o los que andan con niños a cuestas son los más perjudicados. Es decir, una vez más los más débiles. Con cierta frecuencia el autobús no abre sus puertas porque literalmente no se cabe. Y toca esperar otra media horita con suerte…

Y entonces va y el ayuntamiento de Barcelona se aplica el invento del Bícing. Detrás de ese nombrecillo inglés se esconde lo que trata de ser un servicio público de alquiler de bicicletas. Este ayuntamiento nuestro tan socialista le da la concesión (de manera oscura, según algunas fuentes consultadas) a una empresa estadounidense. No a cualquiera, sino a una de publicidad, Clear Channel, que había subvencionado campañas de Bush y había apoyado económicamente la invasión de Irak.

Otro escollo es que Barcelona, como ya he comentado, tiene una orografía considerablemente accidentada. A los continuos fallos de las bicicletas o de los sistemas de recogida y entrega de éstas, hay que añadirle que los flujos de ciclistas son casi siempre de arriba abajo y nunca a la inversa, como es lógico. Por tanto, hay que ir paralelamente con furgonetas a recoger las bicis depositadas en las zonas bajas de la ciudad y subirlas a las zonas altas, para que haya vehículos en las paradas altas pero también huecos donde dejar las bicis en las bajas. Eso, sumado al mantenimiento, reparación, reposición de las que son robadas, etc. sube un montante completamente desproporcionado: de los 18 millones de euros que cuesta este tinglado, únicamente se recuperan 6 (bueno, no llega, pero redondeémoslo así). A los 12 del resto hay que sumarle los 16,7 millones que le cuesta la gestión del bícing a BSM según el último comunicado oficial. Y son esos, los 28,7 millones de euros, los que pagamos entre todos. Y cuando digo “todos” quiero decir los que seamos, por edad o situación, contribuyentes del millón y poco de personas que aún vivimos en esta ciudad. Sale a un pico por habitante, ¿no? Pero como las cosas no funcionaban demasiado bien, nuestro eficaz ayuntamiento opta por ampliar un 40% el presupuesto, por pedirle un estudio de movilidad de bicis a un tercero, IESE, que le cuesta otros 200.000 euros, y por renovarle el contrato a Clear Channel durante otros diez años.

Los que sí son usuarios del servicio pagan poquita cosa por su uso, eso es verdad. Vamos, al menos le pagan poco al consistorio, porque se ven obligados a tener una tarjeta de débito por la que, como nos cuenta Jordi Pascual mediante el correo de El Cajón, el banco de turno les va a cobrar una comisión de 15 euros. Se queja Jordi de que la administración local obligue a mantener una relación con una institución bancaria, cuyos objetivos y funcionamiento no se caracterizan por su altruismo. ¿Por qué no podría operar como hace con el resto de tributos?

Hay que recordar que el transporte público ‘normal’ es muy deficiente en grandes zonas de la ciudad. Es decir, el transporte colectivo, el que pueden utilizar personas mayores, padres con hijos, personas con algún problema físico, y que deberían poder acceder a todos los rincones de la ciudad. Hay que recordar que mientras un habitante del Eixample en media hora puede llegar a 30 kms de distancia, el habitante del Guinardó tarda algo más en alcanzar los cuatro kilómetros que le separan del centro. Hay que recordar que faltan muchos otros servicios municipales, como guarderías, residencias de ancianos, escaleras mecánicas que faciliten el acceso de todo el mundo a sus hogares o a llegar a las tiendas próximas o a los servicios sanitarios. Hay que recordar que los ciclistas (usuarios o no de este servicio) no pueden circular con seguridad por la ciudad porque no tienen suficientes carriles adecuados para ello. Y hay que recordar, finalmente, que a la ciudad le saldría muchísimo más barato regalarles bicicletas usadas a todos los barceloneses que lo solicitaran.

Y al final de todo, como cabía suponer, no han disminuido los coches: ha bajado ligeramente la gente que se movía en transporte colectivo y los que iban caminando. Los usuarios son personas jóvenes, de una cierta cultura y de un cierto nivel económico. Es decir: raro sería el caso en que no se pudiera permitir una bicicleta de segunda mano. Por otra parte, el día que el Bícing tiene más éxito es el domingo. Afortunadamente, porque lo que nuestro ayuntamiento no dice es que circular en bicicleta por una ciudad tan sumamente contaminada como la nuestra (en cuanto a partículas en suspensión es de las peores del mundo, y supera ampliamente los valores de México D.F., por ejemplo) es de lo más insalubre.

En definitiva, la idea no es mala, pero ¿había que llevarla a cabo tan rematadamente mal? ¿Era una prioridad, por encima de tantas otras necesidades de esta ciudad, que tanto recauda y tan pocos servicios ofrece? ¿O era, como siempre, otra maniobra de los mandatarios de la city para hacer ver que es una ciudad moderna, ecológica o vete tú a saber qué?
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Prostitución: cuando Google sabe lo que se hace

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Hacía días que me rondaba por la cabeza, pero hoy me he decidido. Cuando mis entradas abordan temas más o menos ideológicos, acabo hablando normalmente de aquellas cuestiones de las que tengo suficiente información y una opinión más o menos clara. Pero hay otros temas que tengo mucho menos resueltos y que me gustaría apuntar para que dejarais vuestra opinión. No se trata de montar un gran debate, pero sí de recoger distintos puntos de vista sobre un tema. Así pues, queda inaugurada la etiqueta “tema abierto”. Espero vuestra participación.

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Últimamente hay algo de revuelo sobre uno de los temas más recurrentes de la historia de las civilizaciones: el de la prostitución. No voy a abordar aquí un tema tan complejo, aunque lamento que haya quien por uno u otro motivo debe ganarse un sueldo con una actividad tan degradante, especialmente cuando esa persona depende de otro como una de las formas de esclavitud más lamentables que puedo imaginarme. Pero hace tiempo ya que nadie tiene ninguna duda de que en eso nuestra sociedad es de lo más hipócrita.


No hace mucho se destapó el ‘asuntillo’ en que se gastó 52.000 euros públicos el que fuera concejal de nuestra derechona nacional en Mallorca, homófobo público y de oratoria casta, católica, de defensa de la familia y blablabla: como es bien sabido, el firme defensor de la moral más puritana tiraba ampliamente de las arcas públicas en un club de alterne, homosexual, donde parece probado que había tenido relaciones con menores. Ése es sólo el último de los ejemplos que se han dado a conocer, y de no ser por esa afición suya además al robo jamás lo hubiéramos conocido, pero sí imaginado. No de él concretamente, sino de esa pandilla de meapilas de discursos retrógrados. Desde mi punto de vista, una manifestación más de esta doble moral es que cualquiera de los periódicos en que esta gentuza se explica a su forma su realidad publica diariamente anuncios de prostitución. Se llevarán las manos a la cabeza si una chica “de buena familia” tiene relaciones prematrimoniales, pero en cambio les parece natural lucrarse a manos llenas con los anuncios que publican las prostitutas dirigidos hacia sus lectores. Eso es así en casi todos los periódicos nacionales, pero me crispa especialmente cuando sucede en los diarios de moral intolerante.

Pues bien, el otro día estaba yo leyendo la versión digital del diario Público (el único, junto a 20 minutos, que decidió no publicar este tipo de anuncios, renunciando, por tanto, a esa ventajosa fuente de ingresos), que abordaba la cuestión, cuando caí en la cuenta de otro tipo de anuncios que se habían “filtrado”: los de Google. Las versiones digitales de los periódicos, como muchas otras webs, tienen anuncios del buscador que mantienen una cierta relación con el contenido de los textos. Pues bien, en este caso se anunciaban un fontanero (sonará a cachondeo, pero juro que no lo es), por aquello de los desatascos de cañerías, limpiezas de bajos y demás; una página de ligoteo (algo sospechoso, la verdad) de chicas; y, finalmente, había un anuncio en que “preciosas chicas rusas” buscaban maridos españoles.



Y es ahí donde voy a parar. De unos años para acá es de lo más habitual encontrar parejas desequilibradas: ella, una chica joven, mona y procedente de un país donde progresar económicamente es complicado; él, un tipo mayor, normalmente poco agraciado y con limitado potencial intelectual, espiritual y similares. Para mí (y para Google) es evidente que se trata de una forma de prostitución. Pero a él le pierde la vanidad, y no es raro que esté convencido de que ella ha perdido el norte por sus dotes o sus gracias. Que sea engreído y no quiera ver la realidad hace que normalmente estos personajillos lamentables no me caigan nada bien. Que a su manera se estén aprovechando de chicas de zonas menos favorecidas, tampoco. Pero que sean víctimas de redes de prostitución sin saberlo, también me parece francamente desagradable.




Me pregunto cómo deberían contemplarse estos casos, si deberían tener la misma consideración que cualquier otra forma de prostitución o bien debería acercarse a los antiguos (o no tanto) matrimonios de conveniencia. Y cuando la chica, una vez ya situada, abandona al señor de edad, como ocurre tantas veces, ¿pasaría a convertirse además en un timo?




He conocido directa o indirectamente algunos casos, y sé que no consiguen hacerse mínimamente felices. Los reproches, los gritos, los insultos, las muecas desagradables… son algunos de los tratos que reciben estos hombres que, a fuerza de no ser queridos, acaban por ser detestados, así que tampoco puede considerarse un intercambio interesado, como sí ocurre en el caso de la prostitución convencional. Aun así, ¿son aceptables estos casos? Si un ser querido estuviera en esa situación, ¿trataríais de hacerle 'recapacitar' o dejaríais que malviviera esa relación hasta que, en todo caso, se desengañara él o ella lo abandonara?
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