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Para sacrificios estamos

Una vez más, ando sin nada de tiempo, pero la rabia me puede en muchos momentos, y hace huecos entre mis neuronas para recordarme tanto que no debo olvidar.
No olvidar, por ejemplo, que vuelven a pedirnos sacrificios a los de siempre –bueno, esta vez a algunos más, incluso– y que, lejos del victimismo que esgrimen, no hay un ápice de legitimidad, mientras sean los mismos que…
  • no se cuestionaron la desorbitada financiación de aquella estrella mediática, cual devastador grupo de rock y masas, conocida bajo el sobrenombre de Papa, y que distinguiremos por andar vestido con una sábana excesiva y con una pinta entre la última moda en coronas de la alta Edad Media y las más modernas antenas de telefonía móvil. Para más datos, si anda alguna fémina cerca, públicamente al menos, irá de negro y será quien se ocupe de limpiar a fondo cuanto haya de rodear al susodicho.

(voy a ser generosa y, por hoy, puesto que hablo de dinero, voy a obviar su protección durante años de los acusados de pederastia en el seno de su institución –¿desde cuándo eso no es delito ni complicidad ni nada de nada¿, cómo se nota que es más humano que divino, porque entre nosotros, los humanos vulgares, ya nos acusamos entre nosotros hasta de fumar cerca de un parque público–, no voy a referirme a sus desafortunadas declaraciones sobre sida y condones –en su caso, si moviera al asesinato, digamos, sería por designación divina incontestable–, ni a su cínica proclamación del voto de pobreza. Sólo me refiero por esta vez a su gira, y a su lamentable apunte en el “debe” de unas arcas públicas que amenazan telarañas.)


  • se llenan la boca con “esfuerzo de todos”, “sacrificio colectivo” y blablabla, y ni se plantean siquiera incluir en el todos o en el colectivo a esos sufridos e incansables trabajadores de la nación: curas y reyes. La iglesia y la realeza. Terribles lastres en nuestra caja. Y pareciera de nuevo perpetuarse la Edad Media. Y para los grandes sueldos medievales no hay jubilaciones que valgan ni control de la natalidad que se les resista. Qué sería de nosotros, con la población más envejecida de Europa y en camino de ser una de las más pobres, sin la arrolladora tendencia a proliferarse de los churumbeles de los unos y las riquezas de ambos…
Encontrar las 7 diferencias



  • no olvidar tampoco que hay que hacer enormes recortes en la sanidad pública –di que sí, conseller, vamos a hacer propaganda de la sanidad privada, que así tendremos medio trabajo hecho cuando toque su privatización–, pero invirtamos en las grandes necesidades sanitarias del país: vacunas del papiloma a 400 euros el pico, o la misma de la hepatitis B que se retiró de Francia por mostrar una relación con la esclerosis múltiple, la indiscriminada vacuna del tétanos (es bien sabido que nuestros adolescentes urbanos se hacen heridas profundas –el `bicho´ es anaerobio; es decir, el oxígeno se lo carga–, como las que haría una lanza –y seguimos con lo medieval–, en las que se cuelan con enorme facilidad las heces animales. Invirtamos en fármacos hasta convertirnos en la primera potencia mundial en gasto farmacéutico –bueno, ahí ahí con EE.UU.; pero ellos juegan con ventaja, que son muchos más¡– o hagámonos con un enorme alijo de vacunas de la gripe A o del Tamiflú de Mr. Ramsfeld (recordar que no necesita ningún desierto: le sobra con `zorro´).

  • No olvidar que hay que socializar las pérdidas, colaborar en las inversiones de las grandes empresas, fabricar las estructuras que habrán de rentabilizar las fortunas privadas, mientras se apoya su fraude impositivo. Y aquí ya no sé siquiera si en la Edad Media hubieran dejado pasar…

  • No olvidar que hay presupuesto para seguir construyendo kilómetros y kilómetros de AVE, aunque el tren de cercanías sea escaso y se caiga a pedacitos.

  • Presupuesto para pagar coches oficiales, dietas indecentes, primos y cuñados varios, trajes, bolsos, urbanizaciones e ilegalidades hasta la repugnancia.

  • No hay que olvidar, no. Nada. Porque seguiremos siendo los achantados de la otra mejilla, pero puede que cada vez esté más cerca nuestro “basta”, y entonces puede que pasemos la página que nos aleja de este mundo que huele a rancio y entremos en un futuro por construir.

Los yonkis de la Bayer, el Papa cocainómano y otras perlitas

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Parece una broma de mal gusto. Una manipulación extrema de alguien que le tuviera manía a algún laboratorio farmacéutico. Pero no es nada de eso: simplemente, así se consideraban las drogas hace un siglo. Puede que no tuvieran conciencia de que se trataba de drogas. O puede que sea el hombre actual el que recubre de prejuicios determinadas sustancias que, de no permanecer en la clandestinidad, no serían mucho más graves que, por decir algo, un vaso de coñac o un atracón de chocolate. No soy quién para determinar qué es bueno o deja de serlo; es más, no tengo el menor interés en determinar nada parecido. Pero hoy traigo algunas “perlas” que, cuanto menos, hacen que nos planteemos hasta qué punto la mayoría de las cosas son relativas.




En 1890, muy poco después de sacar al mercado la archifamosa Aspirina, la Bayer descubrió un jarabe de extraordinarias propiedades.




Administrado durante todo el invierno, el Jarabe Bayer de Heroína protegía de las enfermedades propias de la estación. Probablemente por este motivo, el jarabe se promocionaba especialmente para los más susceptibles de la casa: los niños.
 


 
Pero, claro, los niños desde siempre que se empeñan en coleccionar enfermedades varias, así que, además de la heroína había que inventar otra serie de medicamentos. Así, descubrieron que un poquito de cocaína iba de película para que se les pasara el dolor de los dientes. No hará falta recordar a qué edades tan tempranas les salen los dientes a los pequeños, ¿verdad? Ni a qué edad los cambian... Así de plácidos juegan los niños a los que no les molesta la dentadura:
 
 

 
Pero también hay que pensar en los sufridos padres de niños inquietos. Los hay moviditos desde el principio, por eso algún científico brillante ideó una medicación ideal para los niños desde recién nacidos: una estupenda mezcla a base de opio y alcohol de 46º. Y por si fuera poca la ventaja de 'tumbar' a cualquier pequeño, variando la posología podía aplacar a cualquier adulto nerviosillo.
 


Pronto salió la competencia: una composición prácticamente idéntica era el remedio perfecto para el asma, la bronquitis, la tos... Y si no curaba el mal, creo yo que ayudaría a pasar el mal trago más felizmente.




Las propiedades de esos productos casi mágicos eran inagotables. Aquí tenemos un maravilloso anuncio en que se anuncia la cocaína como anestésico, antiséptico, útil para las afecciones de garganta... Por ello, al pie, se dice que es imprescindible para cantantes, profesores, oradores y demás público con cuerdas vocales muy trabajadoras.



Probablemente, buena parte de los que usaran la cocaína para su garganta utilizaran también este delicado inhalador: nada menos que a base de anfetaminas. Me juego lo que sea a que los otorrinolaringólogos de la época eran los médicos más buscados...




Visto lo visto, no es de extrañar que en este fantástico regalo promocional, la gigante farmacéutica Boehringer presumiera de ser la mayor fabricante de quinina y cocaína del mundo.



Pero no todo eran aplicaciones farmacéuticas. Pronto le descubrieron también funciones más próximas al ocio. Un ejemplo de ello era el Elixir Buton de coca.




Cuando se les ocurrió unir una de esas sustancias de propiedades prodigiosas con vino, ya fue el rien ne va plus. Se tomaban su vinito, mientras que, como se lee en el siguiente anuncio, recuperaban fuerzas o curaban cualquier enfermedad nerviosa. No se podía pedir más.



De esta época, y de la combinación de vino y cocaína, salieron algunos anuncios increíbles y una multitud de aperitivos revitalizantes distintos:










Pero, sin ninguna duda, de entre todos los vinos de coca, el que era más famoso con diferencia era el Vin Mariani. Probablemente tenía una buena distribución, y también influían sus llamativos anuncios (probablemente, alguno de ellos radical y escandaloso en aquel momento).






Pero lo que hizo que el Vin Mariani cobrara tantísima fama fue la afición que le cogió enseguida el Papa León XIII.




El Papa le escribió una carta entusiasmado y agradecido al señor Mariani. Confesaba llevar siempre consigo un frasco con su vino de coca, y contaba hasta qué punto le había ayudado a recuperar fuerzas. Así las cosas, algo más tarde le concedió la medalla de oro.




Así pues, además de tratar de acercaros esta curiosidad, que a mí, desde luego, me impresionó bastante, creo que es bueno recordar que puede que las grandes verdades que esgrimimos hoy, la historia se ocupe de negarlas mañana o el siglo que viene. Y, obviamente, cabe también recordar que, porque un producto se venda en la farmacia o lo recete un médico, no es necesariamente inocuo.
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Derinkuyu -poder asomarse a la tierra-

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De Capadocia, la famosa región turca de Anatolia central, habría miles de lugares de los que hablar. Pero hoy, en este Escapadas, me voy a centrar en uno solo: Derinkuyu.


En 1963, un habitante de la ciudad, en una de esas casas parcialmente excavadas de la Capadocia, al hacer unas obras para ampliar una habitación se encontró una habitación contigua que desconocía. Y luego otra. Y otra más. Y así fue cómo se descubrió una gran, enorme, ciudad subterránea.


Los arqueólogos, que en esa zona tienen un tremendo faenón, se pusieron a cavar por aquellos entonces, y aún no han acabado. Llevan unos 40 metros excavados en lo que suponen unos 20 niveles de profundidad, y sospechan que la ciudad pudiera tener unos 85 metros; es decir, más del doble de lo descubierto.

Han encontrado toda suerte de estancias en la ciudad. Habitaciones, naturalmente, pero también establos, cocinas, comedores, prensas para el vino y bodegas para su almacenamiento, tiendas de víveres e incluso un bar. También en su interior hay una iglesia: espectacular, con más de tres metros de altura.






La ciudad contaba con un río subterráneo, y se han encontrado pozos de agua. Pero lo que más ha asombrado, sobre todo a los expertos en ingeniería, es el sofisticado sistema de ventilación, con hasta ahora unos 52 pozos descubiertos, que facilitan –doy fe que incluso en los pisos más profundos (de los accesibles por el público, al menos) el aire no se encuentra enrarecido.

Entre sus laberínticas galerías se pueden encontrar tres puntos estratégicos en los que se estrecha el paso y éste se puede barrar mediante unas enormes ruedas, de unos 500 kilos de peso, y que protegían a sus habitantes –por ahora, parece que más de 10.000 de los habituales intentos de invasión de la zona.




Imagen superior: el que fuera el "bar" de Derinkuyu. Imagen inferior:
una de las pesadas ruedas para impedir el paso a los atacantes.


Aunque se cree que el primer nivel de Derinkuyu pudo ser construido por los hititas, sobre el año 1400 a.C., también acabaron por utilizarlo otros pueblos, incluidos los primeros cristianos. Una antigua carretera de unos 8 km de largo, también subterránea, probablemente permitía a éstos alcanzar la ciudad de Kaymaklı, también bajo tierra. Como sendos hormigueros vecinos y bien avenidos.

Iglesia de Derinkuyu.

Pero lo que más me gusta de Derinkuyu es que es una de esas pocas ciudades en las que, en lugar de prepararse para la guerra, puesto que eran continuamente asediados, decidieron prepararse para poder ignorar a los atacantes y seguir viviendo tranquilos.

Para sacarse el sombrero, ¿no?

Pareciera que la tierra sólo quisiera en sus proximidades las almas más limpias.

Habitantes de Derinkuyu, limpios.

Hormigas.

Nuestros muertos.

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Avanzando sin ataduras: el 'grito' coral de los lobos

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A veces, qué lamentable, pienso que es injusto investigar nuevas voces blogosféricas. Por aquí se estila un maravilloso quid pro quo que admiro, pero que en justicia reconozco que a veces cuesta dioses y ayuda, horas de sueño y algunos otros sacrificios poder corresponder. Mis blogs amigos escriben mucho. Piensan muchísimo. Recomiendan vídeos, películas o autores que hay que rastrear para oír sus verdades. Y saben tanto y lo dicen tan bien, que es difícil resistirse a su entusiasmo, y explorar sus galerías, sus asombros, sus rabias o sus sonrisas. Mis amigos bloggers son grandes como grandes mundos.



Y el tiempo nos somete a un sacrificio inacabable también. Cosas de aquellas que garantizan una supervivencia amable. No impecable, sólo, apenas, vivible. Y llegar a todo y a todos. No descuidar a la Reina, protagonista absoluta del tiempo de ocio que permanezca… Pero tampoco a la madre de la madre de la Reina, de salud más endeble, y previsiblemente de extinción anterior a la propia. Y tampoco a esa segunda familia elegida, de entre todas las posibles, para permanecer en una, a través de los tiempos, que son los grandes amigos. Los amigos-hermanos. A los que quiero, necesito y me tienen, y sin los cuales tendría yo el mismo sentido que una cometa sin aire. Un molino de viento sin aire. Una veleta o un avión de papel. Sin aire no vivo. Son mis pulmones y su oxigenación llega precisa para renovarme la vida. Una y otra vez, pacientemente, obstinados en hacerse imprescindibles.

Luego hay una categoría de amistades ‘imposibles’, inverosímiles y casi impensables, pero que una siente con una fuerza nutricia similar a la de la electricidad, que no vemos pero nos ilumina. Encienden mis focos. Me arropan con su calor cuando hiere duro el invierno. Componen una hoguera que tiende manos y reconstruyen un hogar desde donde se hallen. En la otra punta de Barcelona, en Galicia o en Buenos Aires. Pero, hay que vivirlo para sentir algo así: una se cae, y no le sueltan la mano. Personas especiales que me presentó este mundo tan extrañamente próximo. Cierro los ojos, y son también hermanos. Y sé que sufren por mi sufrimiento, porque el suyo se convierte en uno mío de primer orden.


Y hay alianzas que se construyen por amores en común. Las parejas de mis amigos-hermanos son también mi familia, porque quieren y les facilitan la vida a los que quiero. Luego, puede ser que, felizmente, tenga afinidades de otros tipos. Pero juro que a priori los amo. Amo sus apoyos, amo la sonrisa que se dibuja en el rostro de mi hermano-amigo cuando se le nombra. Amo la felicidad que se intuye en sus miradas soñadoras. Amo que “se disculpen” por mail por no tener tiempo para un encuentro conmigo, porque un amor grande como una atmósfera les rodea y les secuestra de felicidad. Amo también, no podía ser de otra forma, lo que ellos aman.

Amo, y no sé explicarlo mejor, a cuantos les aman. De esos ‘otros’ amigos que cuesta explicar a quien no lo sienta que formen parte de una, me emocionan sus muestras de fidelidad, de seguimiento, de entrega. En multitud de ocasiones siento el instinto de entrar en casas ajenas para agradecer presencias en quien amas. Te sientes incondicional de aquella amistad que ha defendido a alguien que te importe ante un ataque injusto. Y te vuelves intolerante con quien ha funcionado moviéndose hacia el sol que más calienta. Con frecuencia descubro que yo tolero menos su ‘infidelidad’ hacia los afectos que la persona directamente afectada. Y es que ante los “míos” soy leona. Cuanto puedo tener de dulce –que es mucho− puede transmutarse en dureza feroz si hieren a miembros de mi clan afectivo.

Y veo a los amigos de los amigos que quiero en sus casas. Las de ‘verdad’ o las virtuales. Y siento el impulso de visitarlos, de agradecer, de comunicarles ésas y otras afinidades. Pero sale el cerebro que controla los minutos, las horas, los días y las semanas. Sale ese controlador cómplice y desagradable a un tiempo. Y me cuenta que no puedo subdividirme más. Que acabar cuesta arriba a las tantas, sin fuerzas, sin mente, sin haber aparcado los afectos de parte de la Reina o de la desconexión –que a veces es lo mismo que hacerlo de parte de una misma− es injusto para una y otros.


Todo esto viene a que crear un blog colectivo, en el que nuestro aullido, habitualmente de lobos solitarios, pueda ser coral, me parece un gesto importante. Lo he dicho hace poquito: el peor defecto de la izquierda es que hace una terrible oposición, y que tiende a dispersarse. Tener una iniciativa en sentido opuesto, apostando por lo que tenemos en común y no en lo que diferimos, poder hablar libremente, sin someternos a las amenazas de los anunciantes o a las subvenciones, me parece un proyecto importante y valioso, y juro que me gustaría tanto que saliera adelante, y que cada vez nos juntáramos más inconformes, y gritáramos más, e hiciéramos más ruido…


Pero por lo que he dicho antes, por esa otra forma de alcanzar amigos, y amigos de amigos, que exista un blog colectivo también tiene un algo egoísta, y que se parece a estar rodeado por lo más inteligente, amable y encantador del mundo mundial blogosférico. Aunque anda dando sus primeros pasos, aunque éstos son unos días peculiares en que la mayoría (yo incluida) tenemos compromisos familiares o ritmos distintos por lo menos, a pesar de todo, uno entra en Grito de Lobos y se siente rápidamente en casa. Y por eso, como hormiga anfitriona del blog, me permito invitaros a daros un paseo por allí y a participar cuanto queráis. Yo aprovecho para dar las gracias a todos los compañeros de lobo-fatigas por su coraje, y a los dioses por haberme situado entre tantos buenos amigos y adonde empiezan a llegar ya amigos de amigos. Sin ataduras, por fin.


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El regalo de Rosa

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Una noche, Rosa se cuela en una bandeja de entrada habitualmente abarrotada de mensajes colectivos o impersonales, para traer un regalo. En el envoltorio se avisa que es un cartel promocional (el de la Feria del Libro de Madrid), pero lo trae porque es así de bonito…

Es bonito porque hay letras. Porque hay amor. Porque en su abrazo hay una entrega de años de desenvolver al otro, de detectarlo de entre sí mismo, para elaborar el flechazo. Hay párrafos que se clavaron con habilidad de dardo. Hay la mirada risueña del descubrimiento. Hay la certeza de la irrevocable fusión, de lo que configura en la persona aquella transformación que la hace nueva, distinta y aprehendida ya para siempre. Y es bonito; más, porque es el regalo de Rosa.

Y Rosa reconoce en una ese amor compartido. Como un oscuro signo de pertenencia a una sociedad secreta; como el olor recóndito de los perros forman mapas indescifrables en que se reparten los territorios. Éste es el territorio-literatura, en el que habitamos y en el que nos hacemos compañía. Rosa llega y con su regalo dice
reconozco tu amor, te sé ser abrazante de letras, te dono el símbolo del que ha sido alcanzado y del que fue sacudido alguna vez por las palabras, y en alguna ocasión una frase o un poema se le ensambló en su sangre, como peculiar antígeno de grupo plasmático. Te regalo el abrazo del arte literario, y en él encuentra el terreno donde revolcarte, jugar con su tinta, brincar en sus espacios blancos o acariciar sus acentos.

Sospecho que, entre las letras ilegibles que rodean el abrazo, reposa Neruda. Y con el poeta, su orden estricta de no dejar jamás de buscar la felicidad, la rotunda prohibición de no hacer realidad los sueños. Neruda impone severamente la alegría.


Y así fue cómo, inesperadamente, una noche fui rebasada por el abrazo de las letras, por la disciplina poética que me ha de acercar a la felicidad. Fui bruscamente atravesada por el regalo de Rosa y, creedme, nunca supe de ninguna feria del libro mayor que la que ella trajo a mi bandeja.

(Gracias: por tu magnífico regalo, por querer compartir tu pasión por las letras y por pasearte por este Cajón).



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Breves: envenenada (o el mundo tras una manzana)

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Hay una persona muy especial. Anda siempre cerca desde que la conocí, aunque nos separen kilómetros, de tierras y de formas de vida. Cuida de todas sus plantas con el mismo cariño, al menos, que una le ha ido poniendo al crecimiento de su Reina. Persona admirable donde las haya, fuerte, atenta. Exquisita.

Llegó un cartero, de malas artes y odiador de animales, y trajo un paquete. Olía el perro como loco. El paquete eran unas manzanas desde pleno centro de su huerta. Pegué el primer mordisco y, como Blancanieves, quedé ya envenenada. Envenenada de olores grandes como océanos en este dedal de agua que es la ciudad. Envenenada de sabor de niñez, de tierra, de cariño; perdidamente envenenada de naturaleza. Los efectos han sido alucinógenos: ha desaparecido el cemento, y el pequeño fruto ha crecido hasta invadir casa, barrio y ciudad. Los problemas, como simples enanitos de cuento, han menguado hasta desaparecer. Casi literalmente, se los ha comido la tierra. Hoy, pues, escribo bajo los efectos del veneno de la amistad.

(Hay que dar gracias a los dioses por la existencia de personas así, por acercarlas a nosotros, por esos instantes mágicos… La vida se me hace cuesta arriba en muchas ocasiones, pero hay que decir que me ha premiado poniéndome cerca grandes personas).

Rarezas XIV: el ‘ahora’ de Salif Keita

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Salif nació en Mali, en el seno de una familia noble aunque de pobre economía. Su país estaba bajo el poder de Moussa Traoré, que lo había tomado mediante un cruento golpe de estado militar. Estaban prohibidas todas las actividades políticas, y en colegios y universidades había guardias que se ocupaban de evitar movimientos de oposición. Por otra parte, su cultura, mandinga, considera que los albinos tienen algún tipo de poder maligno y traen mala suerte, por lo que repudiaron al joven Keita, escupían a su paso y lo evitaban tenazmente. Tuvo suerte de salir con vida, porque en muchos de esos países se persiguen los órganos de los albinos porque tomarlos, junto a su sangre, favorece la fortuna.



Finalmente, con una vida complicada, pues, por varias causas y con graves problemas en su piel extremadamente delicada y de visión, hubo de soportar la oposición de su familia debido a su inclinación por la música, ya que sólo podían dedicarse a esas artes los miembros de la casta inferior.

Durante unos años fue músico en las calles o en algunos bares de la capital, hasta que en 1984 se trasladó a Francia. En su país, en 1992 tienen lugar las primeras elecciones democráticas y empieza a haber una verdadera democracia por primera vez. En 1995 Salif Keita presenta su disco Folon. La canción del mismo nombre alude a esos cambios (con las limitaciones la traducción de una lengua tan distinta):

Antes, en otros tiempos, éramos meros ejecutantes,
Antes, únicamente recibíamos órdenes;
En resumen: no decidíamos nada.

Incluso aunque pensaras para la felicidad,
Incluso aunque fueras inteligente,
No podías decir nada,
A quién le importaba…

Ahora nadie puede decidir por nosotros
Porque ahora sí importa.


‘Antes’ frente ‘ahora’, el ayer y la promesa del mañana. Folon es un canto de esperanza, pero hecho desde el dolor, desde el recuerdo de sus muertos, desde la obligación de silencio, desde la servidumbre de la violencia y el miedo. En Folon se adivinan los llantos y la impotencia de Salif y los suyos, porque eso ya es imposible borrarlo. Inscritos como un tatuaje, como una tormenta de arena inscribe la erosión en los montes de su paisaje, su mañana está inundado de las órdenes que impiden decidir, que niegan el habla y someten a todo un pueblo. Me estremece el Folon de Keita, y me hace pensar en cuántos no podrán hablar aún de su ‘antes’…

(Nota: Salif Keita fundó hace algunos años la ONG de apoyo S.O.S albino, para colaborar a que cesen los acosos y los asesinatos de las personas que nacen con ese defecto en la pigmentación).
(amb tot l'agraïment a la Mireia P. que, entre moltes altres coses, ha estat imprescindible per ubicar el tema)
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Color: su ausencia - Fotografías de Don Hong-Oai

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Color.
El color revela
nos enfoca
nos contagia
o nos traduce.
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Winter fog

To the market
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El color nos ilumina

nos apacigua

nos devuelve luz

o engulle nuestra oscuridad.

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Only me


Catching fish

A veces caemos en el gris
y entonces la ciudad
se introduce en las venas
y la niebla se cuela en los transmisores
y en nuestro mirar el horizonte.
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Y hay que salirse
fabricarnos un paso rotundo
avanzar hacia los colores nuevos
que nos concilian con la vida
y nos devuelven
como entes naturales.

Morning on Li river


Uno de los primeros pasos
(para la evolución)
puede ser
(es)
la ausencia de color.


Hoops

Don Hong-Oai es ausencia de color
es el rasgo puro
con el que empezar a mirar
desde otros planos.
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Sumergirse en él
para preparar nuestra alma.
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Si cada color tuviera una música
Don Hong-Oai sería el silencio.
Por eso hay que sentarse ante él,
callar
inundarse
no pensar.
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El resto vendrá después de haberlo
sosegado
pacificado
interiorizado.
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Don Hong-Oai es, pues,
silencio
y es bisagra.
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Llenarse de ausencia
para vaciar todo aquello
que no nos pertenezca.
Ése es para mí su gran mérito.
Mi mérito cuando estoy en él.

Prescripción de la semana: dosis de risa

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Necesito del humor en mi vida. Ya se sabe que a veces me cuento las cosas con algo de mofa para no acabar enfureciéndome, como tantas veces. Y creo que acostumbro a reírme de mí misma con éxito (no por la calidad pero sí por la cantidad), lo que me garantiza que no habrán de faltarme nunca los ingredientes. Lo que sí me falta de vez en cuando es la herramienta. Cada tanto me pregunto “¿dónde habré puesto el sentido del humor?”. Parece que a veces se perdiera tanto como el alambre del pan de molde. O como si uno se lo olvidara en los sitios tanto como un paraguas. ¿Por qué se inventarían el sentido del humor de quita y pon? Si es bien sabido que, si se pudiera, sería de prescripción facultativa. Si habría que llevarlo puesto como una segunda epidermis. Reír… debería ser uno de los grandes buenos propósitos de los nuevos años: un 20% más que el año anterior. Reír sana la mente, pero también activa cientos de músculos. Como deporte, lo declaro mi favorito (bueno, va, el segundo). Y no me refiero a la risa de los chistes zafios a lo ‘caca-pedo-culo-pus’, claro. Ni siquiera a la de los chistes, que a partir del tercero se me hacen indigestos.

Por eso he recibido con alegría suplementaria algunas de las últimas entradas de dos blogs muy queridos. Por un lado, María Jesús, en su encantadora
Paradela de coles, con su habitual generosidad, enlazaba a una entrada amiga con mucho humor. Por otro lado, mi querido Ramon, en su EastRiver de look renovado, me sorprendía con algunos vídeos de El Intermedio, protagonizados por el Gran(dísimo) Wyoming. ¡Qué bien sienta carcajearse en las casas amigas!

Así pues, hoy, que por haber dormido poco y mal me he levantado con síndrome de abstinencia, intento hacer lo propio, compensarlos como buenamente puedo si me leen, despertar una sonrisa en quien tenga ánimo bajo, una carcajada entre los más extrovertidos, y compartir con los habituales de El Cajón una de las piezas de humor fresco que más me han hecho reír en los últimos años. Así que, ¿echamos unas risas con Les Luthiers?



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La pintura de Anet Duncan

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Dona

Anet es dulce, bellísima, delicada. Anet, que ha vivido tanto, y desde tantos lugares, siempre trae una sonrisa. Su mirada es translúcida y, aunque parece de gesto reposado, jamás deja de buscar.

Pero uno descubre una fuerza arrolladora en su trazo. Un brío inusitado.

Una pintura de tono percusión.



Red and grey


Anet pinta lo que se ve y también lo que se intuye.


Spain in the distance

Plage


Pinta cosas imposibles. El aroma que tienen las nubes.
Puede que al anochecer.
Anet pinta el temblor que tienen los reflejos de las aguas de Venecia sin Venecia.
Pinta el alma del color ocre.
Pinta la humedad que alimenta a los árboles, a lo lejos.

Perfum dels núvols


Venecia


Ochre




Los árboles húmedos

Anet tiene la maravillosa habilidad de mostrarnos lo que está y los demás no alcanzamos a ver.
Anet encuentra la cara oscura de las cosas y nos la ofrece.
Se detiene en los oscuros mínimos y los hace grandes.

Shadow


Amo la pintura de Anet.

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