Para sacrificios estamos

Una vez más, ando sin nada de tiempo, pero la rabia me puede en muchos momentos, y hace huecos entre mis neuronas para recordarme tanto que no debo olvidar.
No olvidar, por ejemplo, que vuelven a pedirnos sacrificios a los de siempre –bueno, esta vez a algunos más, incluso– y que, lejos del victimismo que esgrimen, no hay un ápice de legitimidad, mientras sean los mismos que…
  • no se cuestionaron la desorbitada financiación de aquella estrella mediática, cual devastador grupo de rock y masas, conocida bajo el sobrenombre de Papa, y que distinguiremos por andar vestido con una sábana excesiva y con una pinta entre la última moda en coronas de la alta Edad Media y las más modernas antenas de telefonía móvil. Para más datos, si anda alguna fémina cerca, públicamente al menos, irá de negro y será quien se ocupe de limpiar a fondo cuanto haya de rodear al susodicho.

(voy a ser generosa y, por hoy, puesto que hablo de dinero, voy a obviar su protección durante años de los acusados de pederastia en el seno de su institución –¿desde cuándo eso no es delito ni complicidad ni nada de nada¿, cómo se nota que es más humano que divino, porque entre nosotros, los humanos vulgares, ya nos acusamos entre nosotros hasta de fumar cerca de un parque público–, no voy a referirme a sus desafortunadas declaraciones sobre sida y condones –en su caso, si moviera al asesinato, digamos, sería por designación divina incontestable–, ni a su cínica proclamación del voto de pobreza. Sólo me refiero por esta vez a su gira, y a su lamentable apunte en el “debe” de unas arcas públicas que amenazan telarañas.)


  • se llenan la boca con “esfuerzo de todos”, “sacrificio colectivo” y blablabla, y ni se plantean siquiera incluir en el todos o en el colectivo a esos sufridos e incansables trabajadores de la nación: curas y reyes. La iglesia y la realeza. Terribles lastres en nuestra caja. Y pareciera de nuevo perpetuarse la Edad Media. Y para los grandes sueldos medievales no hay jubilaciones que valgan ni control de la natalidad que se les resista. Qué sería de nosotros, con la población más envejecida de Europa y en camino de ser una de las más pobres, sin la arrolladora tendencia a proliferarse de los churumbeles de los unos y las riquezas de ambos…
Encontrar las 7 diferencias



  • no olvidar tampoco que hay que hacer enormes recortes en la sanidad pública –di que sí, conseller, vamos a hacer propaganda de la sanidad privada, que así tendremos medio trabajo hecho cuando toque su privatización–, pero invirtamos en las grandes necesidades sanitarias del país: vacunas del papiloma a 400 euros el pico, o la misma de la hepatitis B que se retiró de Francia por mostrar una relación con la esclerosis múltiple, la indiscriminada vacuna del tétanos (es bien sabido que nuestros adolescentes urbanos se hacen heridas profundas –el `bicho´ es anaerobio; es decir, el oxígeno se lo carga–, como las que haría una lanza –y seguimos con lo medieval–, en las que se cuelan con enorme facilidad las heces animales. Invirtamos en fármacos hasta convertirnos en la primera potencia mundial en gasto farmacéutico –bueno, ahí ahí con EE.UU.; pero ellos juegan con ventaja, que son muchos más¡– o hagámonos con un enorme alijo de vacunas de la gripe A o del Tamiflú de Mr. Ramsfeld (recordar que no necesita ningún desierto: le sobra con `zorro´).

  • No olvidar que hay que socializar las pérdidas, colaborar en las inversiones de las grandes empresas, fabricar las estructuras que habrán de rentabilizar las fortunas privadas, mientras se apoya su fraude impositivo. Y aquí ya no sé siquiera si en la Edad Media hubieran dejado pasar…

  • No olvidar que hay presupuesto para seguir construyendo kilómetros y kilómetros de AVE, aunque el tren de cercanías sea escaso y se caiga a pedacitos.

  • Presupuesto para pagar coches oficiales, dietas indecentes, primos y cuñados varios, trajes, bolsos, urbanizaciones e ilegalidades hasta la repugnancia.

  • No hay que olvidar, no. Nada. Porque seguiremos siendo los achantados de la otra mejilla, pero puede que cada vez esté más cerca nuestro “basta”, y entonces puede que pasemos la página que nos aleja de este mundo que huele a rancio y entremos en un futuro por construir.

En espera del síndrome islandés

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Primero fueron los controladores: infames demonios que hicieron una demostración de verdadera maldad al plantarse ante su empresa y el gobierno de todos que, casualmente, quería imponerles cambios laborales coincidiendo con un puente.


Luego los conductores de trenes: su empresa les venía alterando horarios, turnos y obligatoriedad de pernoctar fuera de casa (olvidémonos por un momento de quién acaba realmente pagando todos esos hoteles) por ‘estrictas necesidades del servicio’. ¿A quién se le ocurre quejarse sino a satanás redivivo?! Esos demonios del volante ferroviario, que no dudan un segundo para perjudicar al público. Poco les ha faltado a los noticiarios para afirmar que se perjudicaban expresamente para fastidiarnos. Y para afirmar que viven mejor que los políticos o que los asesores de Endesa, si fueran cosas distintas. ¿Que por qué mienten? Los medios tienen miedo. Los amos de los medios, claro. Porque si nos llegáramos a poner de su lado, si llegáramos a descartar sus mentiras y a quedarnos con lo que en realidad está sucediendo, si apoyáramos a los que deciden plantarse y decir ‘hasta aquí hemos llegado y no nos achantamos más’, quién sabe dónde podríamos llegar juntos.

Ahora nos meten noticias de Egipto o Túnez hasta por la vena. De lo cual me alegro, naturalmente. Pero también por casualidad, se habla de una España modélica en su transición (si es que la hubo), pero se obvia la realidad que se ha producido en un país de nuestro medio, Europa, y en una realidad como la nuestra: un país en una grave crisis debido a la especulación financiera. Hablo de Islandia.



En los últimos tiempos, los islandeses, mediante manifestaciones masivas y pacíficas, tomando la calle, han conseguido derrocar su gobierno. Han nacionalizado los bancos. Se han negado a pagar la deuda externa –puesto que consideran que no son los habitantes los que deben cubrir los huecos que han dejado los especuladores–, han dictado nuevas leyes sobre la manipulación informativa (son grandes defensores de Wikileaks y se han declarado ‘paraíso de la (verdadera) libertad de expresión’, con la consiguiente defensa de los informadores y periodistas), investigan a los responsables, encausan a los banqueros, arrestan a algunos antiguos políticos, y están reescribiendo su constitución.

Pero todo eso, tan importante, una demostración flagrante de que es posible (yo diría que necesario), que hay una revolución pendiente y que ya está pasando, si todo eso se difundiera, bien cabe la posibilidad de que acabara por resultar contagioso. Y los grandes laboratorios no han inventado la vacuna que inocularnos para anular nuestra indignación, así que sólo les queda escondernos la verdad.

Yo, como dijera Pedro Guerra, sólo puedo decirle al pueblo islandés “Contamíname”. En efecto: ojalá se difunda toda la información sobre el proceso liberador de ese país, ojalá nos contagiemos todos y salgamos en todas partes a tomar las calles, a recuperar lo que nunca debió dejar de ser nuestro. Y no hablo sólo en términos económicos. A estas alturas, cuando se demoniza a cuanto bicho viviente decide plantarse ante el recorte de sus condiciones laborales, hay que referirse incluso a una cuestión de dignidad.
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Cuando las cosas SÍ cambian

(entrada escrita sin mente; sólo con ese entusiasmo tan largamente esperado)


Hoy, día grande: el Parlament català, por fin, ha prohibido las corridas de toros en su territorio. A pesar (muy a pesar) del PP. A pesar de la estremecedora industria taurina. A pesar, en buena parte, del PSOE. A pesar de una parte de la sociedad "bienpensante", incluyendo realezas, vips (curiosidad: si se juntan ambas palabras se consigue "real-vileza") y los que aspiran a ser lo uno y a codearse con lo otro.


Muy posiblemente al resto de la península le quede apenas media generación para que se propague esa misma sensibilidad a eso que algunos llaman espectáculo. Muy posiblemente, a esas alturas ya hayamos alcanzado en otras partes nuevos pasos hacia la consideración hacia esos iguales que son los animales. Puede que para entonces no encarcelemos a las bestias en zoos, ni admitamos ningún espectáculo ni de circo ni de magia con seres vivos como protagonistas. Pero cualquier anticipación, un año, un día... cualquier animal no muerto a base de tortura, es importante (de ahí que me sorprenda e indigne esa moratoria de... ¡¡¡año y medio!!! en su aplicación).



Hoy sí: me siento orgullosa de vivir en un rerritorio que se ha mostrado un poco más civilizado. Hay mil pasos por dar, pero éste era de los imprescindibles. Esta vez (a diferencia de otras, no hay que olvidarlo), ha triunfado la Iniciativa Legislativa Popular.


Esta vez el muerto no es el toro, sino la salvajada. El negocio. La crueldad. La bestialidad.


Esta vez, ganamos la esperanza para que Esperanza perdiera. Esta vez sí, estoy segura: las cosas SÍ pueden cambiar. Bonita lección la de hoy.



Hoy es un día grande, enorme. Un día para recordar. Un día para que no olvidemos que, a veces, las cosas pueden cambiar.

Sábado 'estelado'


Después de todo este tiempo de ver cómo guardamos la silla y callamos, cómo permitimos que jueguen con nuestras vidas sin que deban hacer apenas el esfuerzo de maquillar las excusas, después de que hayan conseguido hacernos creer que no vale la pena ninguno de nuestros lamentos y de que nos hayan debilitado a fuerza de convencernos de tener la vitalidad enferma, este sábado se abrieron las compuertas de entrada de las baterías de la esperanza.

Un sábado por la tarde, en un día de playa, a una hora de siesta, con una temperatura que invita a guarecerse, Barcelona se inunda de senyeras y esteladas. Millón y medio de personas que creen, no ya que pueden cambiar las cosas, sino que es imprescindible hacer llegar el mensaje al otro lado. Gente de todas las edades, todas las condiciones, catalanes de cuna y de adopción. Todas las vías de acceso al punto de encuentro colapsados de personas que se movilizan por un bien común, por una cuestión casi de dignidad. No éramos pocos los que veíamos el espectáculo con la mirada entelada y la piel de gallina.

Por si queda alguien que no haya entendido qué se está viviendo en este rincón del mundo, contaré que los catalanes asistimos atónitos a la amputación del texto que eligió libremente el pueblo en referéndum. Desde un despacho politizado, a 500 km de distancia geográfica y a años luz de distancia humana, se decide que varias de nuestras instituciones pierden legitimidad, poder de decisión y atribuciones. Se decide que el catalán no puede ser lengua preferente en la televisión autonómica. Que tampoco puede serlo en las administraciones catalanas. Se decide que, después de tres décadas de ejemplar convivencia lingüística, hay que cambiar el modelo de enseñanza para que el castellano pueda convertirse en lengua vehicular. Hay muchísimos otros cambios impuestos por la lucha intestina de los partidos del gobierno y su oposición, que así ganan terreno presuntamente electoral; pero los que afectan a la propia naturaleza de este trocito de mundo, los que alteran la esencia de un pueblo hasta el punto de determinar la importancia que debe tener la lengua materna en su normal funcionamiento, ésos prueban sin género de dudas que no se nos entiende ni hay ganas de llegar a hacerlo.

Un millón y medio de personas que ni tan sólo seguían las proclamas organizadas desde los partidos políticos. Un millar de autocares llegados desde todos los puntos del territorio. Una marea humana convencida de que se habían traspasado los límites y que espontáneamente encubrió la cabecera de los políticos, de forma que los protagonistas no eran las siglas sino las ideas. Los egocéntricos de siempre quedaron camuflados entre las personas. Así sí.

No sé qué van a hacer ahora desde las dependencias de la Generalitat, ni si va a cambiar en algo el recorrido político catalán; pero ahora todos sabemos que estamos unidos, tenemos conciencia de grupo convencido, de que podemos salir a la calle para inundarla de nuestra petición de justicia y que, si queremos, si de verdad nos lo proponemos, nada ni nadie va a poder frenarnos.

Si estirem tots, segur que tomba.

Las Cármenes de (y hacia) Ciberculturalia

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En Ciberculturalia habita una mujer. Como sucede en raras ocasiones, esa mujer, del todo desconocida biográficamente hablando, me es extrañamente próxima. Hablo de Carmen, la polifacética creadora de Ciberculturalia.

Carmen es aguda, tremendamente inteligente, escribe como los ángeles. Carmen descubre pequeñas maravillas ocultas, de las que no oiremos en las radio fórmulas, ni se contemplarán jamás en los museos, maravillas incluso que se esconden entre dibujos animados. Por eso Ciberculturalia es de mirada inagotable.

Pero es posible que nada de todo ello resultara en esa amalgama que la hace tan especial si no fuera tan claramente apasionada.

Quiero decir que ella, esa mujer lúcida, describe astutamente de dos brochazos las realidades. Tiene el dominio de la perspicacia y la profundidad, pero además escribe con puntadas de entraña. Defiende las causas, siempre justas, con razones, pero también con vehemencia y emoción. Ciberculturalia contagia. En estos momentos en que más que nunca parece que en el país se reparten entre dos los territorios y hasta los botines de guerra, en este momento en el que los medios sólo hablan de una cara y una cruz que son una misma moneda, Ciberculturalia es imprescindible. Precisa. Ética. Limpia. Noble.

Carmen, por obra y arte de doña Carmelita la Ramos, mi abuela, es asimismo mi segundo nombre. No se vea esto, por favor, como un dato ombliguero gratuito. Mi segundo, dije; y puede que ésta sea una de aquellas casualidades que tienen un efecto misterioso e insondable.

En la etiqueta de Ciberculturalia “Músicas del mundo” he encontrado un buen número de –pensaba– desconocidísimos músicos que conviven conmigo; algunos de ellos habitan también en la etiqueta “Música” de este Cajón; otros esperaban pacientemente su turno. Gente tan poco conocida (en mi medio por lo menos) como Aster Aweke, Angelique Kidjo o Khadja Nin. Y muchos otros nombres que adopté tras descubrirlos en su blog. Y hay que decir que pocas cosas me causan más placer que descubrir una nueva música maravillosa. Es ése un placer compartido con algunas personas tocadas por la varita mágica de la musicofilia. Por eso también Isabel (de El cobijo de una desalmada), con un precioso texto, dedica su entrada de La semana de a los momentos de placer musical disfrutados en Ciberculturalia.

En ese blog, además, he encontrado multitud de referencias a artículos del diario Público que me habían llamado la atención previamente. Carmen, la del primer nombre, recupera fragmentos de esos artículos, y después les pone parte de su alma, los completa con esa centrifugadora que lleva dentro y los ofrece con una enorme fuerza. Ésa ha sido otra grandísima sorpresa. No sólo estoy de acuerdo con ella en sus planteamientos socio-políticos –casi podría decir que al 100%-, sino que compartimos buena parte de las fuentes. Éste es un componente principal y con muchísima potencia de su blog. Por eso M. Jesús (de Paradela de coles), cuando presenta –magistralmente, claro- esta recomendación colectiva, dice de ella que es un “blog representativo de la implicación social y política de su autora”. Por eso también encontramos en esa casita de las sorpresas una defensa encendida de las ‘otras’ lenguas del país y, en concreto, su solidaridad con la plataforma ciudadana Queremos galego, entrada ésta que recupera con gran sensibilidad Dilaida (de Groucho) en su blog.

En Ciberculturalia, pues, se pueden leer entradas de tipos muy distintos. Desde política hasta viajes, desde música hasta curiosidades, desde arte y exposiciones hasta recomendaciones literarias. Como quisiera hacer Carmen, la del Segundo, la Ciber-Carmen es heterogénea, múltiple, de miras amplias. Por eso Ramon (de EastRiver) elige hablar (de forma desde luego tan recomendable como siempre) de dos extremos aparentemente tan opuestos como son su amor rotundo por Chopin y los hallazgos en forma de cortos de dibujos animados. Por eso Arobos, en su deliciosa entrada de la semana de, recoge las entrañas de esa diversidad aludiendo a su reivindicación de la vida –en primer lugar- pero también de la cultura haitiana, ambas dos sepultadas de una u otra forma, pero también recogiendo una entrada sobre sus viajes o sobre su sed de justicia social.

En Ciberculturalia encontramos también un cierto tono socarrón. Me la puedo imaginar haciendo guasa de casi todo; pero hay que reconocer que su cinismo se ceba sobre todo con quien más se lo merece: el que predica una cosa y luego, a la hora de actuar, parece que se le va el santo al cielo. Vamos, que en el Vaticano no deja títere con cabeza. Ni en la acera derecha y oscura de la vía diaria de nuestro país. De igual forma, a la carmen-cajonera le gusta meterse con los “intocables” con la ironía que buenamente le sale. Por eso la Carmen-dos intenta no alterar su tensión arterial –ni la de sus eventuales lectores- tratando de tomar los temas como lo que en el fondo serían si no afectaran a una sociedad por el camino: verdaderas caricaturas de la injusticia, de la incoherencia, del egoísmo. Verdaderas muestras andantes de que la realidad siempre supera la ficción. Por eso comparto risas cómplices con Carmen, la primera. Por eso tantas veces intento (he intentado) yo hacer lo propio.

En los textos de Carmen, para que se me vaya entendiendo, he encontrado en muchas ocasiones los textos que hubiera querido escribir yo. Con los mismos acentos y las mismas causas. Con el mismo arrebato, con el mismo espíritu. Es por ello que me sabe menos mal.

Así que esto, que es un homenaje realmente sentido, no es del todo una despedida: es probable que vuelva algunas veces, cuando las circunstancias personales sean algo más benignas o sienta unas irreprimibles ganas de decir. Pero es hora de verbalizar lo que hace tiempo que ocurre: no puedo estar gran cosa por el blog, y escribo básicamente cuando me comprometo a participar de esta iniciativa colectiva que es La semana de… Así que ésta me parece una buena ocasión para retirarme hasta otro momento. Porque es morir-matando, impecablemente rodeada de todos los componentes. Porque Arobos se acaba de incorporar al grupo. Porque si espero a que surjan las ideas de los compañeros para las recomendaciones me costará parar, lo sé. Y porque me medio-despido recomendando a Carmen, la primera, que bien pudiera ser mi otro yo si estuviera en mi mano. Por ahora, no puedo dejaros en mejores manos. Los chicos de La semana de… y la irreductible Ciberculturalia, la de feroces ideas justas. La de las músicas ocultas. La pasional Carmen de Ciberculturalia, con la que aprender, con la que avanzar, con la que reírse a ratos y protestar a gritos con cada injusticia. Gracias a los unos y a la otra, gracias también a los que me habéis acompañado durante este año de camino. Y, con el corazón en la mano, no hay ni uno solo de los blogs ‘favoritos’ (y de otros cuantos más que aún no se incorporaron por falta de tiempo) que no merezca una enorme Semana de. Aunque en el Cajón hayan ocupado durante tanto tiempo la columna lateral, en mi vida han constituido un capítulo central.


No quiero alargarme más con esta cuestión accesoria de mi marcha, pero no puedo semi-cerrar el Cajón sin darle las gracias a ese compañero del alma que ha sido siempre Ramon. Por meterme en esta aventura, por guiarme, enseñarme tantas cosas y por no haberme faltado ni un solo momento su amistad, de las de mayúsculas.

Y también quiero que dar las gracias a este mundo blog por haberme acercado tantísimas personas admirables. Empiezo por la última en llegarme muy hondo: la fundamental, mi queridísima M.Jesús Paradela. Pero también están ahí Mariel, el gran Stalker, ese entrañable Bashevis, la dulcísima Isabel. Y otras tantas personas maravillosas que se acercaron por aquí –algunas desde mi vida, como Jordi, Miguel Ángel, Xavi, Gabi, Gloria…– y otras desplegando sus alas desde la blogosfera (Rosa, Antonio, Felipe, Kanela, Tajalápiz, Mercedes, Dilaida…). No nombro a todos. Pero sabéis que os llevo conmigo. Y estaréis, todos, también conmigo en este periodo blogosabático.

Gracias a todos. Nos vemos pronto.

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Si el árbol no te deja ver el bosque... Jarabe de aroBos

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Cuando sonaban nombres para ‘La semana de…’ y se habló de Arobos, a quien medio conocía de algunos comentarios en casas queridas, acudí por vez primera a su blog y, sin esperarlo, fui zarandeada. Como si se me quisiera despertar bruscamente de un sueño pesado. La pesadilla de las cosas que tienen importancia frente al sueño de las importantes. Arobos cuenta con palabras pequeñas y cosas grandes.



Y contaba sobre sus quejigos. Árboles con nombre de haber sufrido. Árboles que, sin duda, fueron un día, y como a casi todo lo importante, se les empujó fuera del mapa urbano -mapa vital-, y la urbe creció y creció, y arrasó y se comió quejigos y recuerdos de haber querido quejigos, y tiñó tantas esperanzas de color gris-cemento.

Colecciono en número similar las ideas ingenuas sobre ‘lo posible’ y las bofetadas de escepticismo con que azota perseverante la realidad. Como si uno sabe que es posible hacer castillos de arena, pero apenas roza la mano constructora el material, se desmenuza en millones de direcciones distintas cualquier atisbo de unión. Creo, y me sorprende una y otra vez la dispersión de la arena. Creo, pero apenas he visto. Apenas oí hablar. Apenas me quedan ya sueños.

Pero Arobos conserva en su blog simientes de quejigo. No hace falta creer, ni imaginar, ni haber visto. Arobos hace un hueco y las raíces proliferan; hasta alcanzar los sueños. Me lanza su liana vehemente, se acerca armado para desarmar. Los quejigos no saldrán jamás en los diarios, pero nos hacen saber que existen, que si sus raíces se hincan con fuerza, pueden hacer que los sueños penetren en las tierras más baldías. También los míos, los viejos sueños nuestros que me resisto a olvidar.

Y es que Arobos, cuando mira lo que mira el niño que aprende que uniéndose puede formar un bosque; cuando se detiene en los caminos de su entorno para ver cómo se transforma el monte cuando ha llovido, o lo que uno puede encontrar en las flores del almendro a poco que busque; cuando Arobos cuenta de sus gentes, de los amigos que se fueron –habiendo dejado tanto–, de las muchachas que quieren perder la soltería por San Antonio, de los cantos que acompañan a esos pasos de santo –esos santos, que aguardan impacientes el día de salir a pasear–; cuando Arobos nos entrega su mundo a los que nos detenemos en su casa, no sólo nos trae unos instantes de sosiego, sino que nos recuerda con enorme potencia las cosas que son verdaderamente importantes.



Es por eso que desde aquí quiero recomendaros que visitéis su blog, que os inundéis de El Bosque y de su literario habitante, porque Arobos consigue regar lo escondido: las enormes cosas pequeñas. Para él, y para cuantos deseéis interrumpir la emisión, os dejo este tema de Krahe –para que llegue su canto adonde no llegan mis palabras– y, a continuación, una de sus hermosas entradas: la de la plantación colectiva de quejigos. Os la recomiendo especialmente para aquellos momentos en que se deja de creer en el bosque, en la creación de algo superior a la suma de individualidades, cuando no se cree en poder transformar el microclima del lugar. Para que nunca dejemos de creer en ello y para que nunca dejemos de regar lo importante.
















1 de febrero de 2010



 
Cuando un colectivo humano se une para sacar algo adelante, lo consigue. Aquel refrán que afirma que "la unión hace la fuerza" es una verdad como un templo. Una frase muy apropiada para lo ocurrido el pasado día 30 en El Bosque, día en que cientos de vecinos participaron en una plantación masiva de árboles: niños y niñas, padres, madres; jóvenes, mayores... Un río de gente se vio bajar y acercarse al lugar de la plantación. El día, propicio; soleado y limpio; alguna que otra nube se asomó a ver el espectáculo protagonizado por las más de quinientas personas que quisieron participar en la tarea. A mediodía, un sinfín de manos se pusieron a la obra, y en poco más de una hora, 200 quejigos hundieron su cepellón en la tierra. A la gente se la veía feliz; risueños y juguetones los niños, que ese día recibieron una de las más bonitas lecciones que dárseles pueda: una lección de solidaridad y cooperación, y de amor a la naturaleza. ¿Qué meta hay que un pueblo no pueda alcanzar si se lo propone? Solo hace falta la voluntad de alcanzarla y la unión de "todas las manos".

(para ver el vídeo que adjunta a la entrada, seguid el enlace)

Gracias, Arobos.
 

Ni de coña



Una vez más, no he llegado a buscar la información que quería. A poder justificar con datos. Por eso le pongo el alma y confío en que los interesados puedan buscar la información que les interese.

Debido a la propuesta de reforma laboral del gobierno (de izquierdas, manda...) que, entre otras muchas pérdidas de derechos laborales, quiere imponer el retraso de la edad de jubilación a los 67 años, se ha convocado para esta tarde, 23 de febrero, una manifestación. La convocan los principales sindicatos y algunas fuerzas de izquierda  (Izquierda Unida).

Pienso de verdad que desde el poder se aprovecha la circunstancia de la crisis para imponer pérdidas de derechos de los trabajadores. Como si no estuviéramos ya suficientemente perjudicados. Pienso que no hay nada menos justificable para disminuir las cifras del paro que prolongar la vida laboral de los que trabajen, dejando a los "jóvenes" durante más tiempo en la cola del Inem.

La medida, como siempre, perjudica más a las clases obreras, que tienen una menor esperanza de vida y que no cuentan con los acuerdos para prejubilaciones millonarias.

Por todo ello, esta tarde se sale a la calle. Fuerzas unidas. Disipemos diferencias accesorias y gritemos a una: Jubilación a los 67, ni de coña.

- Barcelona: 18h en plaza Urquinaona.
- Madrid: 19h en Neptuno.
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Homófonas

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                                             Kalahan - Kansas City

No tengo más bienes que mis sueños. Más horizonte que tu piel. Más pasado que lo que construí para recibirte. Y aun así, quiero que te quedes.



En las noches oscuras a veces tengo miedo. Sobre todo a mí, que me alzo como monstruo en cuanto me atenaza la soledad. También lloro fácilmente, incluso me retuerzo de dolor, por venenos que me alcanzaron ya de niña y a los que jamás me habitué. Una ala herida, por ejemplo. Y la mía sangra sin remedio. Así que ando sin anestesia desde siempre. Bruta, franca, animal. Y aun así, quiero que te quedes.


He avanzado poco y a trompicones. Nunca supe coser. Jamás entendí la importancia de wall street, no me aclaré con índices dow Jones, y cambiaré todo el oro del mundo por un minuto a tu lado. Invertí los tiempos en leer. Llené los espacios de pentagramas. Ni un solo gesto diestro. Todos los disparos se fueron al cielo. Jamás alcanzaron una sola nube. Rozaron la cara oculta de la luna tratando de que se despedazara y me permitiera, por fin, vivir del lado del sol. Y aun así…


Marília Viegas. Mapas II 

Colecciono ya las películas que quiero compartir. Me esperan mientras te espero. Atesoro segundos (incluso terceros, aunque jamás completos) de perspicacia. Siempre me llevé mal con los poderosos y los discursos se me atragantaron todos apenas salieron de mi entraña turbulenta. Ardí en fuego impenitente y mis cenizas se quebraron porque Phoenix quedaba siempre más lejos de lo que mis pasos podían alcanzar. Y aún. Aun así. Quiero. Aúname.
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De mayor quiero ser delincuente



No es mi intención hablar aquí –aunque podría hacerse durante horas– de esas cárceles que pueden llamarse VIP, y que ocupan espacios de las noticias cada tanto (el espacio que puede ocupar su descriptivo es inversamente proporcional a la riqueza del país; por ello en casa, de pasado grisáceo, no es tan rara la noticia de exageraciones en los espacios/tratos).



Pero en esta ocasión, y aunque no sea demasiado políticamente correcto, me quiero referir a las cárceles “normales”, a las que van a parar delincuentes comunes, violadores, asesinos y también rateros de pocos recursos con los que la vida ha sido especialmente injusta.

Había oído, con sorpresa, que una estancia en la cárcel salía bastante más cara que la de un hotel de cinco estrellas. Había oído, sin apenas poder dar crédito a mis interlocutores, que había aumentado el número de delincuentes de poca monta que “la liaban” para poder pasar una temporadita “en el talego”. Es así. Allí descansan, comen bien, ni pasan frío ni pagan alquiler, les arreglan la boca, hacen colegas, ven su pantalla plana que tienen todas las celdas, se apuntan a algún cursillo divertido y salen como nuevos.



Pero lo que me dejó petrificada fue una noticia, minúscula, alrededor de los días de Navidad. Los presos de una cárcel próxima a Manresa (provincia de Barcelona) se amotinaron… ¡¡por no recibir este año el lote de Navidad debido a la crisis!!



Para hacerse cargo de mi berrinche, hay que aclarar que el gobierno que les concede ese peculiar derecho a sus presos, no considera que sus trabajadores sean merecedores de ese mismo privilegio. Los funcionarios no han recibido nunca en la vida un lote. Tampoco nunca se les ha pagado una comida de celebración navideña, como se les hace a ellos. Me imagino con qué cara debía repartir los lotes el pobre celador mileurista de aquella institución, mientras él se iba con las manos vacías a su casa. ¿Soy yo o llega a ser de locos?



Por supuesto, a los trabajadores de ese estado tampoco se les rehace la dentadura, no se les pagan los estudios, ni sus instalaciones lúdicas (es sobradamente conocido que hay cárceles en nuestro bananero país con piscina, gimnasio… y en todas, desde luego, hay teatro, para que se entretengan mientras “pagan” su deuda con la sociedad). De ahí salen con piso protegido, con una prestación de desempleo y con un asistente social en los talones pendiente de sus necesidades.
Piscina de la prisión Els Lledoners (prov. Barcelona)

Aunque no me merecen el mismo respeto el que hurta carteras a los turistas que un violador, por poner un ejemplo, creo que uno y otro debieran trabajar, contribuir al pago de su estancia y al acceso a todos esos servicios. Lo mismo da que ensobraran recibos bancarios o que hicieran faenillas de carpintería. Pero dudo mucho que tal y como están las cosas, la cárcel sirva para rehabilitar ni para disuadir de llevar cierto tipo de vida.



Ahí no queda todo. Unos días después salía otra de esas mini-noticias sobre cárceles. Parece que tienen un economato/tienda donde disfrutan de precios excepcionalmente rebajados. En alguna ocasión ha habido pequeñas trifulcas porque les habían limitado el número de bebidas alcohólicas que podían consumir al día. Pero allí se les hacen además grandes ofertas. Una de las últimas en otra cárcel española era la de un paquete con dos fuets. Cuando llevaban repartidos unos cuantos de esos paquetes a cualquiera que se acogió a la oferta, un preso les avisa, algo traspuesto, de que en el paquete, como anunciaba su envoltorio, había de regalo un magnífico… cuchillo de cocina!! Con una afiladísima hoja de 11 cm para más señas. ¿Pasarán cosas así en algún otro lugar del mundo?



En fin, que yo quiero tener esos precios también. Quiero tener tiempo y dinero para hacer cursos que me ilustren, quiero no pagar alquiler y dedicarme a leer o escribir. Quiero que me hagan conciertos, que me den de comer gratis –con extras los días de fiesta–, quiero mantener el derecho a echar el polvo de la semana en la intimidad. Quiero que me den un lote de Navidad. Quiero aprender a tener pocos escrúpulos para, de mayor, ser delincuente.



P.D. Y cuando por fin vayan a la cárcel algunos de esos personajes de la trama Gurtel, o el mafioso Fabra si algún juez por fin se atreve a juzgarlo, o el ‘encantador’ Millet (como decía Ramon en Grito de lobos hace unos días), etc., espero que sufran tanto allí que queden rehabilitados para siempre.

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Nota: después de una temporada de castigar cuerpo y mente con una absoluta falta de tiempo, y para tomar aire para lo que me espera en breve, me marcho unos días fuera. Si todo va bien, voy a ver cómo anda el mundo por el sur, y a la vuelta os lo cuento. Guardar calentito el Cajón y sus links amigos.



La semana de Mariel Manrique: desvelando Andrómeda



Detesto los días de lluvia, porque los cristales entelados son prisión para que alcance el mundo calmo a través de las ventanas de mi autobús. Pudiera muy bien sentirme encerrada, condenada.


Pero desde su llegada a mi ciudad, atesoro a Andrómeda en mi bolso; reposa para ayudarme a andar, para ser apoyo de un eventual avance. Hacia adentro. Como todos los grandes. Hacia atrás, como los imprescindibles.

Andrómeda no es una galaxia ni una constelación. No es un personaje mitológico. Ni tan sólo un libro de poemas. O quizás sea todo eso. Una enorme constelación en la que habita la galaxia espiral Andrómeda, que se acerca a la Vía Láctea, y con la que acabará por fusionarse para formar una mucho mayor. El personaje que consiguió deshacerse de sus cadenas por amor. También el libro, los poemas, la vida que bulle, lo que nos cuenta al oído.



Abro la página que indica mi lápiz revelador, y el mundo se calla, como dormido. Respeta.

Parecen letras o palabras. Puede que los que me miran piensen que se trata únicamente de un libro de poesía. Pero Andrómeda es mucho más: sobre todo cuenta secretos.



Secretos incandescentes, como los de Luz, que descubre los diamantes que se esconden entre las piedras.

“Imagínate piedras rescatadas a los pies de un puente o de una fuente,/ donde la gente pasa sin mirarlas.” Salvo Luz, que las reconoce y las atesora, en el fondo secreto de un armario, en un bolsillo (derecho, de un disfraz de heroína de cuento). “Luz no necesita objetos psicodélicos/ sino pedestres objetos cotidianos. (…) Que convierte las piedras en diamantes / que solo ella puede ver. Los demás están ciegos. (…) Quién tuviera las nanas que se sanan / con las piedras de Luz. (…) Para acceder, sin contraseña ni permiso,/ al corazón elemental de las cosas,/ a lo que persiste, resiste y persevera/ en el costado real del paraíso.”
(de Los tesoros ocultos de Lucy in the Sky with Diamonds)

Secretos que enriquecen a quien los posea, como el cofre del infinito tesoro que esconde el taxista en su guantera. Secretos quizás mínimos, como las declaraciones en silencio de las jirafas (cuyo misterioso reloj no marca las horas si no son serenas).

Secretos que sólo pueden contarse muy a ras de suelo. Descalzo, para notar cuándo la tierra siente frío y los gusanos hambre. Secretos a voces, como las hierbas de los márgenes de todos los caminos, cuya elevada misión secreta bien pudiera ser conseguir vivir sin ser vistas.

“Nacen, crecen y se abren en los baldíos, donde nadie las ve./ Pero vendrán para existir al margen,/ sujetas al azar despiadado de la meteorología./ Pido viento a favor, agua cuando haya sed y piedad desde el cielo.”
(de Especies lúmpenes)

Secretos medulares, como el de la estructura elemental de un cuerpo, la recatada fortaleza ósea ante la prepotencia del acero. Secretos identitarios, como de hueso ante acero.

“Sobre mis huesos tallo la marca indeclinable de mis convicciones/ y dibujo el mapa indomable de mis deseos. (…) Son mi humilde y exquisita arquitectura,/ invisible inclusive a mí misma./ Huesos como flechas que fijan una inmodificable trayectoria,/ como una catedral reducida/ a su mínima e imprescindible identidad.”
(De El hueso es cinco veces más fuerte que el acero)

O, no podía ser de otra manera, secretos salvadores, como el de la sabiduría intemporal que esconde la mirada del amigo animal, que salva, que esclarece, en idiomas ocultos, cuando se la necesita.

“Me han ayudado a perder los hijos que no tuve/ y a aceptar los que nunca tendré.” Secretos, claro, de sabiduría intemporal: “Sus ojos trazan la curva/ desde el presente hasta el origen de los tiempos/ y responden los interrogantes bíblicos/ negando la traducción de esa respuesta.”
(De Estar a salvo)

Esos ojos amigos. Pudiera decirse de ellos que son “puros como lunas no contaminadas.” (de Las múltiples vidas de Kurt Cobain).

Los secretos, lo mínimo, lo apenas existente, se me cuelan entre los dedos que sostienen Andrómeda, y sospecho de ellos que quieren sacar a pasear las lunas de mis ojos. Quizás por eso se humedecen cada tanto. Quieren arrastrarme, animal como –también- soy, por elección y por condena, para que cuente en idiomas intraducibles. Por ello soy incapaz de no callar, mientras toco –acaricio- esas páginas.

Cuenta secretos Andrómeda, y provoca grandes torrentes de estrellas; brillan desde entonces los hematíes; habita una constelación en el reservorio hepático; y se cuela en el diminuto orificio lagrimal la gigante mirada ancestral de la infancia.

Si obedezco a mi lápiz y abro una página, se elevan mis pies por encima del suelo. El mundo, el desaparecido, puede verme flotar desde su debajo, desde su espacio de naturaleza claramente podal. Yo floto asida a las estrellas. Había de ser Pájaro.

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De esa forma de mirar y contagiar miradas surge todo lo aún posible –incluso lo increíble, lo inadmisible, lo irrealizable- . Las caras B de todos los discos, los otros lados, los reversos. El mundo sin héroes. Sin convencionalismos y sin la obstinación por lo conveniente. Surge la firmeza de la zarpa del B-side, el vigor sorprendente de las Rarities.


B-Side & Rarities (fragmento)



Esta es la hora de la madrugada insomne


en la que Caperucita se come al lobo a lentos mordiscones


y andan sueltas las bestias por el bosque arrasado.


La Bella Durmiente vacía los frascos de somníferos


y ninguno hace efecto.


Blancanieves no soporta más a los enanos.


Los insulta, los desprecia y los encierra a los siete en el mismo cuarto,


con candado y a oscuras.


Hansel y Gretel no encuentran el camino de regreso a casa.


Hansel desconfía de Gretel y Gretel le miente a Hansel.


Las paredes de pan y las ventanas de azúcar están envenenadas.


El zapato de cristal de Cenicienta es de segunda calidad


y se astilla y lastima y el pie sangra.


Esta es la hora del eclipse lunar. La hora de la sed.


Peter Pan se resiste a crecer y languidece en el País del Nunca Jamás.


La sirenita se muerde la cola y se ahoga en el mar.


Y no hay príncipes. Ni brujas.


Solo yo misma, pero del otro lado.


Es la hora del reverso ignorado y el castillo quemándose por dentro.


La hora de los puentes cortados y los dragones escupiendo fuego.


El patito feo nace y muere patito feo.


No hay hermosura oculta, diferida o ansiada.


Solo yo misma, desencadenada.


Ay, si alguien me enviara esas rosas, para no darles agua.


Si alguien me enviara esa carta, para romperla sin haberla leído.


Si alguien se entregara a mí, para traicionarlo.


Si alguien me hiciera una promesa, para no escucharla.


Es la hora en que asoma todo lo que hubiera elegido para ser castigada.


No es el mundo al revés. Es solo mi revés, descontrolado.


El inadvertido, el desapercibido, el subestimado.


Es la hora del suicidio implícito, obstinadamente ejecutado.




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Tras quedarse en harapos el alma, una sale de Andrómeda sabiendo que ha accedido, "sin contraseña ni permiso,/ al corazón elemental de las cosas,/ a lo que persiste, resiste y persevera/ en el costado real del paraíso.”


Gracias, claro, a Mariel, ese Pájaro de China que monta en sus alas a todo el que quiera acompañarla en el vuelo.

Y gracias, también, muchas, a M.Jesús, desde ese mágico Paradela, que hace los corazones grandes y las ideas amigas. Gracias por estar en el origen, por trabajar duramente para coordinar esta semana mágica, por hacernos llegar Andrómeda y –sospecho- por tener también esos ojos puros como lunas.




Gracias también a los compañeros de fatigas de esta semana, por su empeño, por su paciencia con mi falta de tiempo, por rescatar otras andrómedas de Andrómeda, y por ofrecer otras visiones desde sus casas:







Dilaida / Groucho




Se acaba la semana de Mariel, pero ella se queda. Sus poemas, releíbles para alcanzar nuevos secretos. Su blog, inagotable, potente e inspirador.

Y ahora me voy yo, con la semana, que me he acostumbrado demasiado a mirar estrellas...
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