De mayor quiero ser delincuente



No es mi intención hablar aquí –aunque podría hacerse durante horas– de esas cárceles que pueden llamarse VIP, y que ocupan espacios de las noticias cada tanto (el espacio que puede ocupar su descriptivo es inversamente proporcional a la riqueza del país; por ello en casa, de pasado grisáceo, no es tan rara la noticia de exageraciones en los espacios/tratos).



Pero en esta ocasión, y aunque no sea demasiado políticamente correcto, me quiero referir a las cárceles “normales”, a las que van a parar delincuentes comunes, violadores, asesinos y también rateros de pocos recursos con los que la vida ha sido especialmente injusta.

Había oído, con sorpresa, que una estancia en la cárcel salía bastante más cara que la de un hotel de cinco estrellas. Había oído, sin apenas poder dar crédito a mis interlocutores, que había aumentado el número de delincuentes de poca monta que “la liaban” para poder pasar una temporadita “en el talego”. Es así. Allí descansan, comen bien, ni pasan frío ni pagan alquiler, les arreglan la boca, hacen colegas, ven su pantalla plana que tienen todas las celdas, se apuntan a algún cursillo divertido y salen como nuevos.



Pero lo que me dejó petrificada fue una noticia, minúscula, alrededor de los días de Navidad. Los presos de una cárcel próxima a Manresa (provincia de Barcelona) se amotinaron… ¡¡por no recibir este año el lote de Navidad debido a la crisis!!



Para hacerse cargo de mi berrinche, hay que aclarar que el gobierno que les concede ese peculiar derecho a sus presos, no considera que sus trabajadores sean merecedores de ese mismo privilegio. Los funcionarios no han recibido nunca en la vida un lote. Tampoco nunca se les ha pagado una comida de celebración navideña, como se les hace a ellos. Me imagino con qué cara debía repartir los lotes el pobre celador mileurista de aquella institución, mientras él se iba con las manos vacías a su casa. ¿Soy yo o llega a ser de locos?



Por supuesto, a los trabajadores de ese estado tampoco se les rehace la dentadura, no se les pagan los estudios, ni sus instalaciones lúdicas (es sobradamente conocido que hay cárceles en nuestro bananero país con piscina, gimnasio… y en todas, desde luego, hay teatro, para que se entretengan mientras “pagan” su deuda con la sociedad). De ahí salen con piso protegido, con una prestación de desempleo y con un asistente social en los talones pendiente de sus necesidades.
Piscina de la prisión Els Lledoners (prov. Barcelona)

Aunque no me merecen el mismo respeto el que hurta carteras a los turistas que un violador, por poner un ejemplo, creo que uno y otro debieran trabajar, contribuir al pago de su estancia y al acceso a todos esos servicios. Lo mismo da que ensobraran recibos bancarios o que hicieran faenillas de carpintería. Pero dudo mucho que tal y como están las cosas, la cárcel sirva para rehabilitar ni para disuadir de llevar cierto tipo de vida.



Ahí no queda todo. Unos días después salía otra de esas mini-noticias sobre cárceles. Parece que tienen un economato/tienda donde disfrutan de precios excepcionalmente rebajados. En alguna ocasión ha habido pequeñas trifulcas porque les habían limitado el número de bebidas alcohólicas que podían consumir al día. Pero allí se les hacen además grandes ofertas. Una de las últimas en otra cárcel española era la de un paquete con dos fuets. Cuando llevaban repartidos unos cuantos de esos paquetes a cualquiera que se acogió a la oferta, un preso les avisa, algo traspuesto, de que en el paquete, como anunciaba su envoltorio, había de regalo un magnífico… cuchillo de cocina!! Con una afiladísima hoja de 11 cm para más señas. ¿Pasarán cosas así en algún otro lugar del mundo?



En fin, que yo quiero tener esos precios también. Quiero tener tiempo y dinero para hacer cursos que me ilustren, quiero no pagar alquiler y dedicarme a leer o escribir. Quiero que me hagan conciertos, que me den de comer gratis –con extras los días de fiesta–, quiero mantener el derecho a echar el polvo de la semana en la intimidad. Quiero que me den un lote de Navidad. Quiero aprender a tener pocos escrúpulos para, de mayor, ser delincuente.



P.D. Y cuando por fin vayan a la cárcel algunos de esos personajes de la trama Gurtel, o el mafioso Fabra si algún juez por fin se atreve a juzgarlo, o el ‘encantador’ Millet (como decía Ramon en Grito de lobos hace unos días), etc., espero que sufran tanto allí que queden rehabilitados para siempre.

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Nota: después de una temporada de castigar cuerpo y mente con una absoluta falta de tiempo, y para tomar aire para lo que me espera en breve, me marcho unos días fuera. Si todo va bien, voy a ver cómo anda el mundo por el sur, y a la vuelta os lo cuento. Guardar calentito el Cajón y sus links amigos.



11 comentarios:

m.eugènia creus-piqué dijo...

Sabía algo de eso y me quedé atónita, claro que si, yo tambien desearía pasar un tiempo en Els Lladoners, es una prisión de lujo para sinvergüenzas que no se merecen el trato que les dan allí, parece Susana que el mundo aquí está al revés, no pido una masificación como la de La Modelo, era hoorible, pero tampoco que sean tratados a cuerpo de rey, no se lo merecen.Que disfrutes estos días.

Mercedes dijo...

Es cierto que una se queda pasmada cuando escucha noticias de estas. No tengo ningún problema con el hecho de que los presos dentro de su limitado espacio vivan con dignidad. Imagino que el hecho de estar privado de la libertad y estar lejos de tus seres queridos es un castigo lo bastante duro. Ahora bien, la crisis para todos. Están encarcelados porque tienen una deuda con la sociedad, no creo que haya que compensarlos con lujos. Lo más triste es que incluso entre ellos hay clases; no es lo mismo la vida carcelaria de un pijo que la de un marginado social. Lo que está claro es que hay que reducir los gastos en las cárceles para poder meter a los delincuentes que están fuera por falta de medios económicos.
Este tema da para mucho.
Nos veremos a tu vuelta.
Un abrazo.

Juan Navarro dijo...

En La Ventana de la SER hay un programa semanal que se hace desde la cárcel de Valdemoro. No es eso lo que se cuenta. Y le doy crédito a esa versión. Supongo que no queremos regresar a las mazmorras de la Edad Media, que no concebimos la cárcel como una venganza, aunque, evidentemente, tampoco haya que concebirlas como un lugar de retiro marbellí. Por cierto, no me extraña que algunos desgraciados quieran regresar a la cárcel: en la calle viven la realidad del desprecio y la marginación de una sociedad que se llena la boca con la solidaridad con Haití, por ejemplo, y aleja de sí a los parados, a los enfermos,... a los diferentes.

mariajesusparadela dijo...

Aunque me coronaran de oro en la cárcel, a mi, que no me quiten poder entrar y salir a mi antojo: la libertad no tiene precio.

Vete tranquila, disfruta el sur. Te mantendremos calentito y cuidado el cajón.
Dale alguna alegría al cuerpo.

Dilaida dijo...

Así no me extraña que cueste tan poco delinquir a los que no sueltan antes de tiempo, les dan vida de reyes. En fin la vida al revés.
Felices vacaciones

Eastriver dijo...

Susana, totalmente de acuerdo contigo. Una cosa es que merezcan los presos un trato digno, es evidente, otra muy diferente lo que tú denuncias. Yo quiero ser delincuente, no pegar sello, que me den cursos gratis, apuntarme a hacer teatro, que venga una señorita a darme clases, no tener que madrugar tanto, que si llego tarde un día a mi "trabajo" no pase nada, que si llego cada día tarde tampoco pase nada, que los chorizos del economato traigan cuchillo, que los chorizos de la celda de al lado coleccionen los cuchillos... Dichosos los sin escrúpulos porque ellos tendrán lote. No eres tú: es el mundo que está loco. Ah, y no te quejes demasiado que van a decir que te has vuelto de derechas... Petons molt forts.

Jordi Pascual Morant dijo...

No se si tomármelo en serio o en broma. De entrada, ni por todas las comodidades y lujos del mundo aceptaría estar más de un segundo en una cárcel. Como me imagino pensarán la gran mayoría de presos por no decir casi todos, siempre hay excepciones.

Aunque estén privados de libertat, lo más preciado de este mundo, deben tener sus derechos equivalentes a la sociedad en la que viven.
Hay presos por equivocación, otros por malaventura de la vida, muchos por falta de luces intelectuales, semejante desgracia merece pequeñas beneveloncias.

El ejercicio físico es necesario, una piscina puede ser ideal para practicar la natación. Mientras que cualquiera de nosotros podemos elegir qué comer, ellos tienen un menú limitado que llegada la Navidad no será excesivo un pequeño lote para compensar.

En las cárceles hay seres humanos, las razones por las que allí están son muy variadas. Pienso que se merecen una oportunidad en las mejores condiciones posibles.

¿Será que son los funcionarios los verdaderos presos de nuestra sociedad?

Que el Sur te dé el sosiego que mereces.

Un petó.

Isabel Martínez dijo...

Me reí un buen rato con las comodidades carcelarias.
Algo extraño ocurre en una sociedad cuando uno de sus individuos prefiere delinquir para que lo pongan a cubierto, con todas sus necesidades (materiales y espirituales) satisfechas. Lo más noble es apetecer la libertad, pero una libertad que propicia un vivir previo digno y suficiente. Ahí fallamos.

Pásalo bien. Disfruta del sur, que en este tiempo se puede visitar sin calores.
Si pasas por aquí, por Murcia, no dejes de avisarme.

Besazos.

Leonardo dijo...

Pues te diré que me cuesta creerlo, porque en Francia las cárceles son el exacto contrario de lo que me dices. Aquí viven hacinados de a cuatro en celdas vetustas y condiciones inverosímiles, tanto que la CE lo ha denunciado al igual que varios diputados, y la violencia que reina es tal que los suicidios han aumentado en los últimos años de manera preocupante. Eso no impide, paradójicamente, que muchos jóvenes descarriados anhelen pasar una temporada en la cárcel porque al salir pueden jactarse de ello, como si fuera una medalla de guerra, un título de gloria en su CV. Incluso se es más cuanto más dura de reputación sea la cárcel.
Y ya que todos aquí hablan de lo que les produce la cárcel, pues yo confieso que es algo que me aterra, una experiencia de la que paso sin culpa alguna.
Y que descanses por el sur!

mariajesusparadela dijo...

Vengo de visita, solamente para cuidarte el cajón.
Seguro que lo estás pasando de maravilla con tu reina.
Y yome alegro.

Isabel Romana dijo...

Bueno, no conocía todas esas noticias de las que hablas. Quizá, sin dejar de ser ciertas, haya que encuadrarlas en otro contexto. Vivir privado de libertad - con todo lo que ello conlleva - no es plato de gusto. Sé, por personal de la cárcel de Picassent, que hay delincuentes que a poco de salir delinquen de nuevo para volver al "talego". Pero ello es porque se sienten incapaces de adaptarse a la vida del exterior, porque allí no tienen nada: ni familia que los acoja, ni empresarios que los contraten, ni esperanzas. Como recordaba una vieja canción: "aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión" y ello alude a lo angustioso y terrible que es la falta de libertad.
Disfruta de tu descanso, guapa.